20 años del Festival Sónar de Barcelona

Mi Sónar (desde Barcelona)


Por Marcos Moreno Teruel

Cuentan, quienes tuvieron edad para disfrutarlos al máximo, que los Juegos Olímpicos de 1992 supusieron un antes y un después, una brusca ruptura en la ciudad de Barcelona y en sus alrededores. Que sus infraestructuras, su fisonomía, su apariencia actual y su posición en el mundo no serían tales sin ese evento que cambió la vida de una de las ciudades europeas más prestigiosas. Yo nací en 1987 y, aparte de la antorcha pasando de mano en mano y de la actuación de Los Manolos -con esos llamativos atuendos que lograron eternizarse en mis infantiles pensamientos-, pocos recuerdos guardo de aquel fantástico año que también acogió el mayor éxito del 'Dream Team' entrenado por Johan Cruyff.

Lo cierto es que un país, una nación o una ciudad, no son nada sin los recuerdos y sin esas cosas que hacen que el ciudadano se sienta afortunado de pertenecer a un colectivo. Existen hechos y acontecimientos que son para unos pocos privilegiados y la mera sazón de nacer en Barcelona te da derecho a tenerlos cerca de casa. Unos lo llaman 'pan y circo', pero otros se dejan llevar y disfrutan de los placeres como si no hubiera mañana. El otro día, entre un alud de entendibles críticas a las ayudas económicas que le concederá el Ayuntamiento de Barcelona, salía del Circuit de Catalunya pensando en lo difícil que era disfrutar del espectáculo de la Fórmula 1 si no se vive en uno de los lugares elegidos para la competición. “Con lo grande que es el mundo” -me decía-. Es la misma sensación que tengo cuando acabo de ver a un gigante de la música en el Palau Sant Jordi o cuando rodeo casualmente la Sagrada Familia, como quien pasa por un kiosko, para entrar en un bar irlandés que hay en la zona.

Desde el año 1994, dos años después de los JJOO y en un entorno optimista, otro evento que ha devenido en referente mundial de su ámbito, el Sónar, enorgullece a miles de seguidores de la música electrónica y experimental, deseosos de encontrar espacios que den cobertura a una vertiente artística tan respetable como otras. No quisiera compararlo con la magnitud de unos Juegos, la mayor celebración deportiva, pero es otro de esos acontecimientos que hace pensar: “Menos mal que soy de Barcelona”. Otro de esos eventos que proporcionan alicientes de lujo al público 'currante' para salir de la rutina.

Y si nos ponemos a buscar justificaciones para que los espectadores se den al epicureísmo y se dejen envolver sin remordimientos por la música de los míticos Pet Shop Boys o de Delorean -una banda que, como el Sónar, ha sabido evolucionar incrementando su importancia-, podemos hablar del gran beneficio que resulta de la celebración de festivales como este o el Primavera Sound: el flujo económico oxigena una ciudad acongojada por si las crisis, las actividades extraordinarias obtienen picos importantes para la producción y mantienen puestos de trabajo, la proyección internacional de la marca 'Barcelona' se acompaña de miles de fans venidos desde todos los puntos de la geografía y el intercambio cultural enriquece a músicos y aficionados.

Además, en un contexto político en el que se recorta en investigación y desarrollo, la vertiente tecnológica y cinematográfica del Sónar, así como las actividades del Sónar+D, enfocadas a la creatividad, la innovación y el emprendimiento, nos recuerdan que hoy en día es imprescindible estar a la cabeza de la tecnoevolución. Siempre lo ha sido y en este siglo todavía se acentúa más esa necesidad.

Por último, este festival gestado por Enric Palau, Ricard Robles y Sergi Caballero, exportado a las ciudades de Tokyo, Osaka y Reykjavik, es una demostración de que en casa también se pueden tener grandes ideas. Horadar el predominio de lo ajeno, sin llegar a un extremo proteccionista, puede ayudar a que otros crean que ellos también pueden tener éxito. Los mismos artistas podrían sentirse identificados con la palabra 'oportunidad', pues la producción apuesta sin reparos por infinidad de nuevos talentos.

A disfrutar del Sónar como si no hubiera mañana.

Fotos y vídeos: Gentileza SónarPress






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