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San Mamés y el último rugido


Lo bueno que tienen los blogs es que van creciendo como uno mismo, de abajo hacia arriba, a veces muy bien, otras mal o como se puede, e incluso podemos corregir cosas, darle otros matices, cambiar, rectificar... como la vida misma.

Este, es un post que publicamos en marzo del 2012 con el título de San Mamés volvió a rugir, de Marcos Moreno Teruel y curiosamente, aún se sigue leyendo. 

Cuando analizamos las estadísticas y las palabras clave o de búsqueda, nos encontramos con: San Mamés, El arco de San Mamés y otras más... Es el mítico arco que nos atrapa. El Athletic sí, tendrá un nuevo estadio, pero antes, no queremos olvidarnos de su historia. Y, en honor a ella, le agregamos este vídeo de la última vez que se cantó el himno en este mítico estadio y seguimos agregando el himno tocado por la orquesta sinfónica de Bilbao- Bilbao Orkestra Sinfonikoa. 

El resto lo dejamos así como estaba en 2012 y tratamos de seguir adelante, creciendo, bien, mal, como podemos o como nos lleva la vida. Pronto habrá novedades.





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El Athletic de Marcelo Bielsa ha dado un gran paso en la Europa League nada más y nada menos que ganando la serie de octavos al Manchester United de Ferguson. Con un fútbol exquisito en la ida, apabullando a un rival con intensidad y presionando desde arriba desde el minuto uno. Así lo hicieron sin ninguna verguenza en Old Trafford, y a la vuelta en su casa, con la misma idea y acompañados de 40.000 gritos rojiblancos que llenaron el San Mamés como nunca, cerraron la serie ante la admiración de todo el mundo.
Hacía mucho tiempo que Bilbao no ardía como lo hizo en el partido de vuelta. Las calles y los bares se detuvieron en el tiempo y festejaron como si fuera el último día del mundo. 
Tan así que faltataba que se colgaran las 40.000 almas arriba del famoso arco de San Mamés.
Y hablando de este mítico arco que es como un punto de referencia para los Bilbaínos,  les acerco este texto de Marcos Moreno que nos cuenta un poco la historia de la construcción y el mito de La Catedral.


Textos de Marcos Moreno T.

20 años del Festival Sónar de Barcelona

Mi Sónar (desde Barcelona)


Por Marcos Moreno Teruel

Cuentan, quienes tuvieron edad para disfrutarlos al máximo, que los Juegos Olímpicos de 1992 supusieron un antes y un después, una brusca ruptura en la ciudad de Barcelona y en sus alrededores. Que sus infraestructuras, su fisonomía, su apariencia actual y su posición en el mundo no serían tales sin ese evento que cambió la vida de una de las ciudades europeas más prestigiosas. Yo nací en 1987 y, aparte de la antorcha pasando de mano en mano y de la actuación de Los Manolos -con esos llamativos atuendos que lograron eternizarse en mis infantiles pensamientos-, pocos recuerdos guardo de aquel fantástico año que también acogió el mayor éxito del 'Dream Team' entrenado por Johan Cruyff.

Lo cierto es que un país, una nación o una ciudad, no son nada sin los recuerdos y sin esas cosas que hacen que el ciudadano se sienta afortunado de pertenecer a un colectivo. Existen hechos y acontecimientos que son para unos pocos privilegiados y la mera sazón de nacer en Barcelona te da derecho a tenerlos cerca de casa. Unos lo llaman 'pan y circo', pero otros se dejan llevar y disfrutan de los placeres como si no hubiera mañana. El otro día, entre un alud de entendibles críticas a las ayudas económicas que le concederá el Ayuntamiento de Barcelona, salía del Circuit de Catalunya pensando en lo difícil que era disfrutar del espectáculo de la Fórmula 1 si no se vive en uno de los lugares elegidos para la competición. “Con lo grande que es el mundo” -me decía-. Es la misma sensación que tengo cuando acabo de ver a un gigante de la música en el Palau Sant Jordi o cuando rodeo casualmente la Sagrada Familia, como quien pasa por un kiosko, para entrar en un bar irlandés que hay en la zona.

Desde el año 1994, dos años después de los JJOO y en un entorno optimista, otro evento que ha devenido en referente mundial de su ámbito, el Sónar, enorgullece a miles de seguidores de la música electrónica y experimental, deseosos de encontrar espacios que den cobertura a una vertiente artística tan respetable como otras. No quisiera compararlo con la magnitud de unos Juegos, la mayor celebración deportiva, pero es otro de esos acontecimientos que hace pensar: “Menos mal que soy de Barcelona”. Otro de esos eventos que proporcionan alicientes de lujo al público 'currante' para salir de la rutina.

Y si nos ponemos a buscar justificaciones para que los espectadores se den al epicureísmo y se dejen envolver sin remordimientos por la música de los míticos Pet Shop Boys o de Delorean -una banda que, como el Sónar, ha sabido evolucionar incrementando su importancia-, podemos hablar del gran beneficio que resulta de la celebración de festivales como este o el Primavera Sound: el flujo económico oxigena una ciudad acongojada por si las crisis, las actividades extraordinarias obtienen picos importantes para la producción y mantienen puestos de trabajo, la proyección internacional de la marca 'Barcelona' se acompaña de miles de fans venidos desde todos los puntos de la geografía y el intercambio cultural enriquece a músicos y aficionados.

Además, en un contexto político en el que se recorta en investigación y desarrollo, la vertiente tecnológica y cinematográfica del Sónar, así como las actividades del Sónar+D, enfocadas a la creatividad, la innovación y el emprendimiento, nos recuerdan que hoy en día es imprescindible estar a la cabeza de la tecnoevolución. Siempre lo ha sido y en este siglo todavía se acentúa más esa necesidad.

Por último, este festival gestado por Enric Palau, Ricard Robles y Sergi Caballero, exportado a las ciudades de Tokyo, Osaka y Reykjavik, es una demostración de que en casa también se pueden tener grandes ideas. Horadar el predominio de lo ajeno, sin llegar a un extremo proteccionista, puede ayudar a que otros crean que ellos también pueden tener éxito. Los mismos artistas podrían sentirse identificados con la palabra 'oportunidad', pues la producción apuesta sin reparos por infinidad de nuevos talentos.

A disfrutar del Sónar como si no hubiera mañana.

Fotos y vídeos: Gentileza SónarPress






Entrevista Rafa Pons (II Parte):


“Intenté cambiar un billete de AVE para ver un Barça-Chelsea”

–¿Cómo ve un culé como tú la Champions de este año?

–Lo que veo yo es que el Barça es imperfecto. Y eso, no me preguntes por qué, me da sensaciones positivas. Es la primera vez en seis años en que todo el mundo está diciendo que el Barça no es favorito y el equipo está como raro, porque han pasado muchas cosas, pero todo está adquiriendo la estructura de un guión de Hollywood: el equipo empieza bien, pasa una mala racha, parece que se va a perder todo y al final, ganan. Yo soy muy de cine y confío en eso. Lo veo complicado, pero creo que eso se convertirá en un punto a favor. Estamos acostumbrados a ser favoritos...

–… y luego te pasa como contra el Chelsea (2011-12) o el Inter (2009-10)...

–Yo el del Chelsea me lo perdí. Tenía un billete de AVE e intenté cambiarlo, pero me salía por 200 euros y no está el horno para hacer historias de rock'n'roll. Lo tuve que oir por la radio. Fue horroroso. Y llegaba el Madrid, además, lo que pasa es que al día siguiente perdió contra el Bayern y fue un alivio (risas). Tengo amigos del Madrid y a cualquier otro equipo español le deseo que avance pero... como los buenos del Barça, o los buenos madridistas en el caso contrario, quiero que el Madrid pierda hasta en los entrenos.

–¿Y qué te parece Tito Vilanova como entrenador?

A mí me gusta mucho. A título personal, evidentemente, es una putada lo del cáncer y tiene un gran mérito cómo lo ha gestionado. Pero en lo deportivo también ha sido una faena, porque le iba bien. Como aficionado, desde fuera, pienso que Guardiola es muy exigente, con un punto a lo Bielsa. Y mi sensación, de carajillo de bar ¿eh?, es que los jugadores estaban super agradecidos y era un líder brutal, pero que estaban un poquito hasta los cojones porque es un tío muy exigente. Entonces llegó Tito y... estaban muy relajados. Dentro de que la relajación lleva a otro tipo de cosas, el principio de temporada me pareció brutal. Lo único que no me gustaba era que no jugase Villa, pero ahora ya va jugando.

–Y ahora que dices lo de Villa... ¿eres de los anti-Alexis o de los pro-Alexis?

–A mí, lo que  me pasa, tengo que dejarlo claro, es que mi jugador favorito del mundo entero es Pedro. Pero desde siempre. Desde que estaba en el Barça 'B'. Lo digo de verdad, de corazón, y tuve el honor de conocerlo y se lo dije. De hecho, pasó que la temporada en la que Pedro dio el salto definitivo, cada vez que metía un gol, yo recibía como seis o siete mensajes. En la semifinal del Mundial 2010, cuando jugó como titular contra Alemania e hizo una primera parte de locos, recibí como diez mensajes de amigos de todas partes que decían: “Perdona por haber dudado de él”, etc.

–Al principio siempre se le atribuía todo a la suerte, como si marcase con el culo.

–Exacto, y me da rabia lo que suele hacer la prensa, tanto la de aquí como la de allí, con otros jugadores. Algunos son muy pajilleros. De Giovani dos Santos decían que era el nuevo Ronaldinho y en cuanto marcaba un gol con el filial, lo ensalzaban. Con Pedro, era todo lo contrario; de repente marcaba un gol en la Supercopa, otro en la Supercopa de Europa... Y todo el mundo decía: “Bueno, es un jugador de equipo, un perfil menor”. ¡Pero qué perfil menor, si es impresionante! Y a amigos míos también les pasaba: “No desborda”. “¿Que no desborda? ¡Toma desborde!” Y así, me fui creciendo mucho en bares, defendiéndolo...

–...y te salió bien.

–Lo estaban condenando a ser un jugador de perfil bajo sólo porque es un tío normal. Y no. Tenía y tiene una definición... De hecho –esto es una impresión muy personal–, diría que Guardiola pierde la liga el año pasado por no apostar por Pedro al final. Venía de una lesión, estaba más flojo, y en el famoso partido contra el Madrid, en el que perdimos, ya estaba Pedro y no jugó. Y tras la final de Copa del Rey contra el Athletic de Bilbao, donde empezó marcando él, Guardiola sale en la última rueda de prensa y comenta que le dijo: “No sé por qué no te he hecho jugar más”... ¡Y ahí lo dejo! (Risas). Por cierto, Alexis me gusta ¿eh? Tiene mucha presión porque quiere ser un crack y habrá que ver si la aguanta.

–Una persona a la que admiras bastante, Quique González, es un gran madridista.

–Sé que es futbolero y hemos coincidido alguna vez, pero la charla de fútbol no se ha dado. Él es un referente musical y en la manera de enfocar este asunto. Me encanta como artista, pero también el honor con el que ha peleado y con el que ha defendido una manera de hacer.

–Jugando a ser ojeador, recomiéndame a 'Pedros' de la música que no tengan el reconocimiento merecido.

–A mí me gusta mucho 'Proyecto Jass', un cantautor de Murcia con un estilo parecido al mío. Mujeres que entienden de aviones, producido por Lichis, que está en Spotify, es un discazo. Y otro discazo es el que sacó el año pasado Alejandro Martínez, “Orgullo”, y también está en la red.



–Se te ha ido a vivir lejos un buque insignia de la banda como el bajista Noriega.

–Sí, ya va a hacer dos o tres años que se me ha ido a Pamplona, pero sigue viniendo para los conciertos con banda. Está en el proyecto. Lo malo es que se me han acabado los carajillos entre semana.

–¿Qué jugador de fútbol sería?

(Delibera concentrado). –Sería Puyol. Sí, Puyol. Le pega mucho. Corazón y cojones. ¡Aunque es madridista, por cierto! Los clásicos comentados con él, vía chat, son una maravilla.

–Una de autocrítica. ¿Cuál crees que sería el defecto que quizás no se atrevería a decirte un fan?

–Es buena, esa pregunta... Imperfección hay mucha, pero quizás... Ni canto muy bien, ni toco muy bien. Soy muy desastre en el escenario, me equivoco en cosas y la gente es muy buena y muy tolerante con eso.

–Pero el compendio llega y resulta.

–Va colando, ja, ja. En general la gente tiene muchas ganas de que no sea tan difícil el darse a conocer. Les gustas, te apoyan y respiran aliviados cuando, por ejemplo, salimos en un periódico. Hay quien no, hay quien quiere ser el único que te conoce y a la que creces un poco, siempre hay alguien que se enfada cuando planteas un salto: de bares a salas, de salas al Palau...

¿Te tienen como un bonsai?

–Sí, ¡como un bonsai! (ríe). Pero en general es lo contrario, te dicen “Hostia, por qué no te ponen en tal radio” o “Vi en la tele a 'no sé quién' y me gustaría que te invitasen a ti”. La gente quiere que te vaya bien.

–Y ahora trabajas en el nuevo disco.

–Sí, yo decía que el concierto del Palau era de fin de gira o de fin de carrera, dependiendo de cómo fuera. Parece que no ha sido de fin de carrera y que va a haber vida y otro disco. Ahora toco en una gira tranquila, acústica, que se llama 'Preliminares'. Voy tocando alguna canción nueva y chequeándola, aunque le pido a la gente que no la suba a Youtube para que guardemos la sorpresa. Y ultimar el disco, escoger el título y esas cosas, nos llevará hasta el verano. A finales de verano lo grabaremos y la idea es que salga a finales de otoño.


 

–Supongo que ese disco ya tiene un camino hacia un estilo...

Sí, pero no tan claro... Yo pensaba que iba a ser un disco más tranquilo porque el anterior (Persona,  animal o cosa) era muy visceral, muy de dentro, con hiel, con una actitud eminentemente rockera. Pero revisando el global, no sé yo... Este también será contundente, en cuanto a letras... ¡Creo! Igual luego lo cambio todo en una semana.

–Elige uno de tus tres discos.

–Yo creo que el mejor es el último (PAOC). El primero (Mal te veo) es un grandes éxitos de bares, es el repertorio que me lleva a dedicarme a la música y la producción es una orgía: si había una rumba, había ochenta percusiones. El segundo (Insisto) es un disco más sobrio, con la responsabilidad de pensar si a la gente que le gustó el primero le gustaría también el siguiente. Estoy orgulloso de que sea más sencillo, pero son decisiones que obedecen más a etapas. El tercero, al ser ya un equipo formado, fue un “Nos gusta tocar en directo, pues vamos a grabar en directo”. Ya sabíamos un poco más cómo queríamos hacer las cosas y las canciones fluyeron más 'desprejuiciadas', sin pensar tanto.

–¿Escuchas tus maquetas?

–No. Aunque sí he rescatado alguna canción para los discos. Pero la gente las conoce ¡y te las coloca al mismo nivel que los discos! Es muy gracioso, porque la mayoría están grabadas en casa y muy mal, sobre todo las dos que circulan. Te gastas una pasta en hacer un disco y, de repente, gusta algo del Youtube con un audio horroroso. Al final, a la gente le gustan las canciones.

–Siempre me he preguntado si los músicos se escuchan a ellos mismos en casa.

Yo lo hago mucho en esta fase, cuando empiezo a grabarme canciones, y cuando sale el disco. Pero muy pesado, de psiquiatra. En algún momento soy mi primer fan y, si escuchándome me ha aburrido un tema y he hecho algún cambio, creo que he acertado. Primero me tiene que gustar a mí. Luego, ya no lo escucho. Si me subo en el coche de un amigo y el disco está en su primer año le digo: “Tío, cámbialo”. Aunque cuando han pasado ya dos o otres años, a veces lo escucho, porque el parto lo sufres tanto que luego te olvidas. Y como las cantas mucho, se te olvida incluso que hay un disco.

–¿Cuál sería tu canción más autobiográfica? No me dirás Rafita Perestroika...

–Por la cuenta que me trae, no, ja, ja. No suelo decir cuáles son más autobiográficas o menos. Pero quizás... (pausa) como me preguntas cuál es la “más”... Quizá, una canción que me ayudó, y además la canto con mi Viejo, es 'El gallito'. Es un tema para reflexionar y decir: “Cuidado”. Para que se te vaya la olla no necesitas llenar el Camp Nou ni llenar el Sant Jordi. Cuando tienes a diez personas, no te digo más, sino diez, cantando tus canciones, te puedes crees que lo que tú dices importa y... Para volverse un gilipollas, hay muchas maneras. No es tan complicado como la gente se piensa. No necesitas ser U2 para que se te vaya la olla. Sólo con diez personas que te hayan mandado un mail diciéndote “Me gusta”, si no tienes la cabeza en tu sitio, puedes creerte con licencia a... Te puedes chalar, directamente.



Por Marcos Moreno Teruel
Fotos: Cristina Perea

Entrevista Rafa Pons (I Parte):

“Reivindico el derecho a sentir la pasión por el fútbol”


“No soy ninguna autoridad para hablar del amor, pero he hecho una canción sobre el amor a la autoridad”, afirma siempre en referencia a su tema “La mosso”. El cantautor catalán Rafa Pons (a punto de cumplir los 35) nos habla sobre su amor al fútbol en una entrevista (en dos partes) que compagina el cuero del balón con la franqueza del rock. El autor de tres discos, con el cuarto en camino, reflexiona sobre su Barça, su Boca Juniors, su jugador favorito -Pedro Rodríguez- y sobre aspectos como el egocentrismo, tan presentes en el fútbol como en la música. “Soy hijo único y siempre me han hecho reflexionar sobre ello”. Para el artista -quien, por cierto, fue socio del Palamós-, “el proceso de grabación de un disco es casi neurótico, como un Gran Hermano”, así que le hemos pillado relajado, antes de que llegue esa época y se meta en un estudio con su banda, que ya hace muchas temporadas que juega como un bloque.


Por Marcos Moreno Teruel
Fotos: Cristina Perea

 

–Hace poco has conseguido llevar a muchísima gente al Palau de la Música. Eso para ti y para tu banda debe de ser como jugar en el Camp Nou... 

–Claro, piensa que para nosotros eso era el Madison Square Garden. Para otra gente, acostumbrada a estadios, tocar en el Palau es tocar en distancias cortas, pero para nosotros, por aforo y prestigio, es el sitio más grande. Había quien se confundía y me decía: “¡Hostia, de puta madre! ¡Tocas en el Palau Sant Jordi!”. Y yo tenía que decir: “¡No, no! En el Palau de la Música”... Era un enorme reto tanto por aforo como por el tipo de producción, que es muy cara y muy complicada de hacer. La mayor dificultad estaba en comunicar,  ya que si no hubiese venido la gente suficiente, hubiésemos tenido un problema.

–Arriesgasteis y habríais perdido de no haber llenado...

–Sí, era una producción que hacíamos nosotros solos y, por prestigio, el lugar tiene mucho más coste que cualquier otra sala. Estamos muy contentos.

–Un niño se monta su película de pequeño, escuchando a Bruce Springsteen, y dice: “Un día quiero tocar, delante de mucha gente y en un marco incomparable, Born in the USA”. Y con un par...

–Siempre ha habido un grupo de gente, fan de Springsteen, que también se ha acercado a mi música y me ha preguntado si iba a hacer alguna versión. A mí me daba mucho pudor, pero pensando en hacer algo diferente para el Palau me dije: “Coño, la de veces que en mi vida había escuchado Born in the USA imaginando que la tocaría en algún lugar brutal”. Y bueno... en principio esto sigue para adelante (ríe) pero, hasta el momento, puede ser que no haya nunca más un lugar así. Pensé que era la ocasión para hacerlo. Yo creo que la gente, cuando empezó a sonar, se quedó parada (ríe). Y encima, fue en los bises.

–Y con una presentación emotiva.

–Sí, se la dediqué a mi yo de 13 años.

–Quedó bien, ¿no crees?

–Sí, aunque creo que había quedado algo mejor en los ensayos. Pero es normal, con la tensión del momento... Si la hiciésemos alguna vez más, calculo que quedaría mejor. Además, es muy complicada y la voz de Springsteen en esa canción es muy particular y claro, no es lo mismo ¡por mucha intención que uno le ponga!

–Todo el mundo debería llevar a cabo este tipo de sueños, los que ha tenido su yo de 13 años...

–Hombre. Me quedaba eso y marcar un gol en una final, pero eso va a ser más complicado. Debe de ser una sensación incomparable. Que la gente cante tus canciones ya lo es, pero meter en una final tiene que ser impresionante, aunque eso ya no creo que me pase (bromea resignado).


–Podría decirse que ahora has celebrado el éxito del Palau en Buenos Aires, ciudad a la que le has dedicado una canción. ¿Cómo surge la posibilidad de ir?

–Fui hace tres años con Marwan, un cantautor y amigo de Madrid. Me ofreció la oportunidad de acompañarle en esa gira. A partir de ahí, conocí a muchísima gente e ir volviendo ha sido una constante. Pero es más complicado desarrollarse en Argentina como lo estamos haciendo en España, es decir de boca en boca e insistiendo y tocando en sitios poquito a poquito.



 


–Puedes estar un mes, como recientemente...

–Exacto, porque más no sería rentable... Cada vez se conoce a más gente allí y quiero intentar desarrollar el tema, pero hay que ver cómo se puede hacer. Allí parece algo muy difícil, pero aquí parecía imposible, así que hay que ver si existe la posibilidad. Lo ideal sería poder ir cuatro veces al año y hacer alguna gira. Igualmente, está pasando y cuando toco en Buenos Aires siempre viene gente, canta las canciones y mola mucho, pero vas una vez al año, o una vez cada año y medio, a causa de la distancia. Es más complicado.
 


–Entonces, este mayo también has tenido buena respuesta.

–Muy buena. Veo que en Argentina hay un gusto por la palabra que quizás es mayor que aquí. Aquí también hay gente aficionada y que valora los textos pero allí, en la primera escucha ya valoran mucho lo que explica el tema. Un argentino, para convencer a un amigo de que vaya a un primer concierto, le pondría su canción favorita. Creo que en general, nosotros pillamos a los amigos con una más graciosa o más fácil y luego, si se fanatizan, ya les van gustando las demás.

–Explica, a los lectores que no han tenido el gusto de ir a Argentina, cómo se vive allí el fútbol.

–Es acojonante. A ver, hay un tema serio con el que no se puede bromear, que es todo el tema de la violencia en el fútbol y la violencia casi organizada de las barras, etc. Dicho esto, como aficionado al fútbol, es acojonante ver como todo el estadio se pone a cantar y animar. Las aficiones rivales van a los campos y hay un intercambio entre cánticos de aficiones brutal. A nivel musical, lo que es impresionante es que aquí, en Europa, hay tres o cuatro canciones y la gente canta eso y ya está. Allí, cada equipo tiene sus propias canciones y sus propias adaptaciones de letras. Cantan temas de minuto y medio, de gente como por ejemplo Andrés Calamaro. El campo es una fiesta. Muchas veces me comentan, algunos que han venido al Camp Nou, que aquí la gente estaba como en la ópera. Tienen una pasión brutal que se nota incluso en que haya más niños jugando al fútbol en la calle, diría yo.

–Algunos de esos niños son después los grandes jugadores que conocemos.

–Sí. Otra cosa es la calidad de la liga argentina en este momento, que deja mucho que desear. El nivel futbolístico es muy bajo. El nivel competitivo no, y el nivel del futbolista argentino tampoco, porque sigue siendo buenísimo y Argentina sigue teniendo una de las mejores selecciones del mundo, pero el de la liga argentina, hoy, está muy justo.

–¿Tienes algún equipo predilecto en dicha liga?

–Sí. Soy bostero. De Boca Juniors. También tengo que decir que estuve en la cancha de River Plate disimulando y aplaudiendo a River, ¡no soy tan valiente (risas)! Tengo amigos de River, pero por una cuestión de mi familia política de allá, soy absolutamente bostero.

–¿Qué músicos españoles gustan allí, además de indiscutibles como Sabina?

–Lo primero es saber que Sabina, Serrat e Ismael Serrano son dioses. Más que en España, incluso. Sabina y Serrat se hacen la cancha de Boca. O tocan veinte días en Luna Park, donde entran unas 8.000 personas. Es devoción. Pero en general, gusta mucho lo español. Evidentemente no ha llegado todo, pero gustan muchos artistas además de ellos.

–¿Y tú a quién has descubierto que no conocieras antes de ir?

–Creo que lo español llega más a Argentina que a la inversa. Si aquí hemos conocido algo de su rock en los últimos años, es porque todos hemos hecho amigos argentinos que nos lo han enseñado y no tanto por lo que ha sonado. Pero hay un mundo de bandas, 'Divididos', Charly García, mil cosas que se conocen como referente pero que quizá en España no han sonado. Que yo haya descubierto allá... hay una banda que se llama 'Las pastillas del abuelo' y está pegándola mucho, y por ejemplo aquí no he oído que suene. Están muy bien. También el cantautor Lisandro Aristimuño, aunque este sí que ha saltado a España. Y me gusta mucho Kevin Johansen, que por cierto tocará en Barcelona (por el 20 de abril), pero a él sí que le conocí aquí.

–Volvamos a la pelota de cuero. ¿Qué te empuja a meter en una canción a un futolista brasileño que dice ser del Barça desde que era muy pequeño?

–¡Que rimaba, ja, ja! No... Esto es un estándar del fútbol. Todos los fichajes son del Barça o del Madrid desde que eran pequeños, o ficha un jugador el Atlético y lo mismo...

–O incluso con equipos más pequeños.

–¡Sí! Dicen: “Siempre he tenido simpatía por el Getafe”. Yo soy muy futbolero y eso es lo que me empuja a escribirlo. Me gustó una frase de Arrigo Sacchi que me dijo mi amigo Julián, de la sala 'Libertad 8': “El fútbol es la cosa más importante de las cosas no importantes de la vida”. Es una pasión. Tengo amigos en el mundo de la música y del arte en general que se quejan del daño o la competencia que nos hace el fútbol y es verdad. Al final, siempre intentas cuadrar bien tu calendario, pero es muy difícil porque la Liga no hace público con suficiente antelación el horario de las jornadas.

–¿Por eso, hace unos años, cuando tocabas los miércoles en el 'Bar Pastís' y el Barça jugaba la 'Champions', retrasabas la hora del concierto.

En los principios, cuando se tocaba mucho entre semana, te pasaba esto. Y hace muchos años nos coincidió un Barça-Madrid en la sala 'Zacarias'. Retrasamos el concierto hasta las 23:30h. y vino muchísima gente. Así encontramos que era mucho mejor hacer los conciertos sobre esa hora. Da tiempo a trabajar, cenar, ver el fútboly vas al concierto en el rato en que te tomarías una copa... Pero no es esa franja la que te suelen dejar. También es cierto que ganó el Barça. Si no, quizás no habría venido tanto público...

–Así que sientes debilidad por la competencia.

–Sé que la pasión en sí misma es algo muy absurdo, pero reivindico el derecho a sentirla. Para mí ha sido un gran elemento para sociabilizar. En todos los taxis de Argentina o de donde sea he hablado de fútbol, también en Chile. En cualquier lugar de España, en todos los bares, se habla de Barça, de Madrid... Me encanta. De una manera no racional, pero me ha venido muy bien.

–Hay quien lo considera frivolizar en una época dura. Aunque todo el mundo tiene sus aficiones...

–Claro. La verdad es que si no te gusta el fútbol es una putada. Los amigos a quienes no les gusta me dicen que una cosa es el fútbol en sí mismo, el partido, y otra cosa es todo lo que le rodea. Es verdad que cada día ves el telediario y hay media hora para hablar de lo que opinan Messi y Cristiano Ronaldo sobre lo que sea. Yo he de reconocer que me encanta el fútbol y me encanta el entorno. Me quedo distraído viendo jugar a diez o veinte chavalines en una plaza pero también me lo paso de puta madre leyendo el Sport o el Marca. Paro el cerebro, no pienso en nada más y me encanta.



////////// Si quieres saber lo que piensa Rafa Pons sobre la Champions League de este año o los detalles sobre los proyectos que tiene en mente, no te pierdas la segunda parte. //////////

La revolución escocesa

Foto archivo año 1955

Con frecuencia escuchamos ‘liga escocesa’ en tono peyorativo, casi como si fuera un adjetivo y con él se pudiera descalificar a otras ligas más prestigiosas. Con una ojeada a la estructura de la competición de Escocia, podemos ver sin mucha dificultad las lagunas que más acusa la competición de una nación tan volcada con otros deportes. Esta peculiar liga está viviendo ahora un proceso de estandarización. Los partidarios de tipificar defienden que adaptarse a modelos mayoritarios puede ser beneficioso a largo plazo, que algunas marcas pueden y deciden internacionalizarse. 

Por Marcos Moreno Teruel

La liga escocesa quiere dejar de ser una liga 'a la escocesa'. Para ello, hay que contraponer puntos de vista acerca del camino a seguir y no será fácil llegar a un acuerdo. Esta vez no se trata de una disputa entre católicos y protestantes, sino de las diferencias entre reformistas futbolísticos y conservadores o cautos. De hecho, uno de los abanderados del cambio, el cabeza visible de la Scottish Football League (SFL) David Longmuir, es a su vez el principal enemigo de la precipitación.


¿Por qué cambiar?

En Escocia saben muy bien que internacionalmente son conocidos por tener una liga poco competitiva. Trasciende a las islas británicas que son, tradicionalmente, un conjunto de equipos dominados por el binomio de las conocidas Old Firm, esto es Celtic y Rangers. Los dos grandes históricos se reparten la mayoría de las ligas disputadas. No en vano, cuando en España se critica que casi siempre sean Real Madrid y Barcelona los dominadores, se alude al caso escocés, algo que devalua la imagen del resto de rivales. Rangers encabeza la lista de ligas conquistadas con 54 títulos, Celtic le sigue con 43 y otros nueve equipos se reparten los sobrantes. Con la desaparición de los azules por problemas financieros -reemprendiendo su marcha en la Third Division bajo el nombre de The Rangers-, dicha competitividad ha derivado en la preponderancia de los verdiblancos y la resignación de los once equipos restantes que forman la Scottish Premier League (SPL). Se considera, pues, que con la reforma se conseguirían más alicientes y muchos clubes dejarían de pelear por no perder para comenzar a luchar por ganar. Se valoraría la desaparición parcial de esos partidos que los británicos denominan 'meaningless' ('sin significado'), que son aquellos sosos per se, en los que ninguno de los dos conjuntos se juega nada.

Luego está el tema económico... Los clubes de la SFL, las tres categorías que siguen a la SPL, se quejan de la distribución del dinero. Y para muestra un botón: tras la finalización de la pasada temporada, el Dunfermline cobró 750.000 libras por acabar en la última posición y descender, mientras que el Ross County, campeón de la First Division, solamente ganó 68.000 libras. Una mayor ecuanimidad contaría con la aprobación de los clubes modestos que se intentan abrir hueco peleando en el barro, aunque en el Ross County, paradójicamente, no se ve con buenos ojos la reestructuración por motivos que veremos más adelante.

Otro de los argumentos esgrimidos a favor del cambio es el de la evolución de las jóvenes promesas. La lógica dice que muchos equipos sofocan las posibilidades de los nuevos talentos por la presión de competir en su liga. ¿Solución? Crear filiales. O, como ellos dicen en inglés, 'equipos potro' ('colt teams'). De este modo, los futbolistas prometedores podrían desfogarse en las categorías más bajas y adquirir experiencia para poder competir en lo más alto cuando estén preparados. De hecho, Lionel Messi, ni más ni menos, es la bandera de este anteproyecto por su conocida participación en el Barcelona 'B'. El problema aflora cuando se conoce que sólo los Old Firm contarían con estos equipos reserva. ¿El motivo? David Longmuir se explica en el Daily Record alegando una dosis de realismo: la mayoría de los clubes ya tienen suficiente trabajo atrayendo espectadores a los partidos del primer equipo como para, además, crear una segunda plantilla. La alternativa que proponen los detractores de la reforma son las clásicas cesiones, que también sirven a los chavales para  tener minutos.

¿Cómo cambiar?

Con el último cambio de siglo, la liga escocesa pasó de tener diez equipos a estar constituída por doce. A falta de cinco encuentros para el final del campeonato, la tabla se divide por la mitad y los seis primeros equipos luchan entre ellos por la liga y por Europa, mientras que la media docena restante se enfrenta por la permanencia y los comprendidos no pueden adelantar a los de arriba, aunque cosechen más puntos totales. Es la fase del campeonato en la que más partidos meaningless se dan. Con el nuevo formato propuesto, habría dos SPL de doce equipos que a final de temporada, según las clasificaciones, se partirían en tres grupos de ocho ('the three eights'). Por eso, en el Ross County no están nada convencidos de este tipo de evolución. El conjunto de Ross-shire está capacitado para pelear por puestos de competiciones europeas pero, a su vez, tampoco está lejos de caer en la zona baja, por lo que podría verse relegado a entrar en el mismo saco que los clubes de una hipotética SPL2, aunque tuviese una gran ventaja respecto al farolillo rojo de la SPL1.

Por lo que a la SFL se refiere, dejaría de haber tres ligas de diez conjuntos (First, Second y Third Division) y, restando a los doce conjuntos que se verían beneficiados por la creación de una nueva Premier, quedaría una liga muy modesta con 18 equipos como el Elgin, el Stirling o el Annan, integrantes de la categoría más baja.


Los conjuntos dejarían de enfrentarse tres veces antes del corte de 'the three eights'. La primera mitad de la competición tendría ida y vuelta, y la segunda -conocida como el 'post-split'- también enfrentaría dos veces a los equipos de sus respectivos cortes, a diferencia del sistema actual. Con estos cambios, habría dos partidos menos (36) y "un merecido parón en invierno".

Viabilidad

Esta revolución no es la primera que defiende el controvertido David Longmuir -siempre “abierto a todas las opiniones por el bien del fútbol”-, quien ya defendía una Premier de 16 equipos que fue tomada por inviable debido al bajo nivel del fútbol patrio. En esta ocasión, sin embargo, tampoco parece tener mucho apoyo de los aficionados ni de algunos dirigentes de equipos, quienes básicamente muestran su conformidad o su oposición en función de si la entidad se vería beneficiada o perjudicada. Por ello, la First División es la más receptiva con la idea de una futura Premier 2.

Aunque se va avanzando poco a poco hacia el más que difícil entente, parece imposible que esto se lleve a cabo de una forma rápida, por más que algunos mandatarios, como Turnbull Hutton (Raith Rovers, SFL1) se muestren impacientes. Hampden Park (Glasgow) sigue siendo foco de reuniones y negociaciones en las que la Scottish Football Association, que cree que hace falta un cambio radical, está organizando el timing del proceso.

Sea como sea, si lo que se pretende es internacionalizar la liga para adaptarse a los modelos europeos, el extraño sistema propuesto no se acerca demasiado a ese objetivo salvo por lo de hacer dos vueltas. Tal vez sea mejor funcionar como una marca local que cubre unas necesidades pequeñas sin demasiada exigencia por parte del pueblo escocés, cuyos temas de conversación no giran en torno al fútbol.

El fútbol se rinde al díscolo Conte


Los méritos del actual entrenador de la Juventus de Turín, Antonio Conte, asoman la cabeza, cada vez con más descaro, por encima del montón de controversias que ha acumulado en su corta etapa como entrenador.


Por Marcos Moreno Teruel

 

El ex centrocampista, que tiene a la 'Juve' muy viva en la Champions League, ha compactado a un bloque que maravilla fuera de sus fronteras. La actual 'vecchia signora' es el ejemplo de “un equipo que golea sin grandes goleadores y que domina sin jugadores 'top'”. Son palabras del legendario Arrigo Sacchi, que salió haces unos días en defensa del técnico en La Gazzetta dello Sport, viniendo a decir que no hay que ponerse puritanos, por sus aspavientos, con un tipo que es “artífice” del gran juego 'bianconero'. Sacchi, en referencia al movimiento unísono de los jugadores sobre el terreno de juego, comentaba: “Son como una orquesta y pueden tocar desde rock hasta piezas de sinfónica, y suenan como un todo”. Es decir, tienen eso que en teatro se llama 'escucha' y en baloncesto 'visión periférica'. Y eso, según el de Fusignano, es gracias a la capacidad del entrenador para enseñar sus “grandes conocimientos”.

No es de extrañar, pues, que se haya relacionado a Conte con un futuro próximo en Real Madrid o Chelsea. Además, su perfil extradeportivo, polémico y protestón, es similar al de José Mourinho, que también ha dejado huella en sendos clubes. El de Lecce tiene, entre sus mayores logros, el ascenso con el Bari como campeón de la Serie B y la rápida recuperación de un Siena descendido. Pero sobre todo se convirtió en Conde de Turín cuando su conjunto obtuvo el histórico Scudetto 2011-12 con una Juventus invicta.

Como se ha explicado, el ex internacional con Italia ha destacado por su irreverencia tanto como por su talento: cuando entrenaba al Siena fue duramente castigado por un encubrimiento de amaños y no hace mucho fue sancionado por su insistente cruzada contra los árbitros, llegando a perseguir al colegiado Marco Guida y al juez de puerta Andrea Romeo, en un Juventus-Genoa, hasta el túnel de vestuarios para que reconocieran un supuesto error. Tanto ha llegado a alterar su vehemencia que el periodista televisivo Carlo Pellegatti le llamó “sinvergüenza” doce veces seguidas, entre otras lindezas, durante una retransmisión en directo.

Pero uno de los episodios más curiosos se ha vivido en los octavos de esta Champions 2012-13, cuando acusó al futbolista inglés del Celtic Gary Hooper de obstaculizar constantemente a Buffon en el área chica. Su homólogo Neil Lennon, el entrenador de los escoceces, entró al trapo en un cruce de opiniones donde el peor parado fue el árbitro español Alberto Undiano Mallenco, que no dejó contento a ninguno de los dos batalladores.

Conte, una suerte de entrenador para los albinegros, es siempre defendido por su director deportivo 'Beppe' Marotta, quien lo quiere en la Juventus por mucho tiempo. Ante los rumores de su marcha explicó lo siguiente a Radio Anch'io Lo Sport: “Sé que no todo el mundo es Ferguson, pero lo tendremos muchos años”. Del mismo modo ha reaccionado uno de los mejores porteros de la historia, el propio 'Gigi' Buffon, que manifestó a la CNN que se trata de “uno de los mejores entrenadores del mundo”. “No sé irá -añadió- hasta que sienta que ha cumplido en este club”. El guardameta piensa que su técnico tiene “unos conocimientos soberbios y además saca lo mejor de cada jugador”. Aunque puntualizó que el reto de la Champions es “muy difícil”, Buffon (35 años) expresó: “Veo entrenadores de otros grandes equipos en Europa y no siento para nada que el nuestro sea peor”. Para tranquilidad de los juventinos, el 'allenatore' sureño ha declarado recientemente que quiere permanecer en la 'Juve' durante 10 o 15 años.


Acerca de Antonio Conte
Antonio Conte (43 años), actual entrenador de la Juventus, comenzó a dedicarse profesionalmente al fútbol en el equipo de su ciudad natal, Lecce, situada justo en el tacón de Italia. Tenía casi 17 años cuando debutó en la máxima categoría italiana y apenas superaba la veintena cuando dejó a los gualdirrojos para iniciar, con la 'vecchia signora', lo que supondría una relación de largo recorrido. Fueron trece años en los que llegó también a la Nazionale, la selección italiana. Precisamente participó en la que perdió en los penalties frente a Brasil la final de EEUU 1994.
Su estrecho vínculo con el equipo juventino no acabó como jugador y, ya de técnico, recaló allí de nuevo tras ascender con el Siena (2010-11). Antes había hecho lo propio con el Bari (2007-09). Tanto en su primera toma de contacto como protagonista principal de un banquillo, en el Arezzo (2006-2007), como en su corta etapa en el Atalanta (2009-10), donde dimitió, firmó unos números discretos.

Entrevista a Jacinto Elá (II Parte)

Quise llegar a lo más alto para luchar contra el racismo.



Por Marcos Moreno Teruel


–Eres muy activo en las redes sociales. ¿Qué uso haces y qué provecho sacas de ellas?

Es sencillo. No es para influir a nadie, no es para nada en especial. Quizá hay una parte que es para dar a conocer la ropa que diseñamos mi novia y yo. Pero lo que escribo yo como Jacinto es para que otras personas vean que no están solas. Para que los que piensan como yo, los que no piensan igual que el mundo, vean que no están locos, que somos muchos. Todo lo que me pasa por la cabeza lo reflejo ahí y creo que eso es más interesante que fotos mías haciendo cosas.

–Ahora que hablas de vuestra ropa. Leído el manifiesto Malabona se extrae que las camisetas que diseñáis las hacéis por placer.

–Sí, por placer y por negocio. Es una de esas profesiones que sientes que podrías hacer incluso gratis. En Malabona hemos conseguido esa sensación aunque no sea una profesión a tiempo completo. Esa es la gracia de Malabona, que además es una terapia. Las cosas las tienes que hacer en primer lugar para ti mismo. Después, si la gente te empieza a pedir diseños dices: “Bueno, no está mal cobrar por algo que te gusta”. Se tendría que vivir de lo que te apasiona, eso no tiene precio.

–¿Y eso está cerca o lejos?

–Es difícil porque ropa puede hacerla cualquiera. No sé si está lejos o cerca pero vamos haciendo y vamos dando una parte de nosotros. A la larga, si te apasiona y te va yendo bien, puedes llegar a encontrarte viviendo de eso. Pero tienes que dar el salto, tomártelo más en serio, reducir tu trabajo de día y meterte de lleno en lo otro, y por tanto asumir riesgos. Ahora estamos en una postura muy cómoda: no arriesgamos mucho, ganamos algo y no le cogemos asco. Porque a veces, cuando algo se convierte en tu sustento, puede pasar de pasión a obligación. Pero creo que no se daría el caso.


–¿Cómo describirías las prendas?

–Empezamos haciendo lo que la gente nos pedía, dándole nuestro toque, y ahora estamos empezando a tirar por el estilo de los estampados africanos. Malabona viene de Malabo (capital de Guinea Ecuatorial) y Barcelona. Este estilo étnico se lleva mucho en otras partes de Europa, incluso en grandes firmas, pero en España todavía no está muy popularizado. Creo que pega mucho con nuestras señas de identidad, aunque seguiremos haciendo otras cosas que nos pide la gente. Pero aunque a lo demás le damos nuestro toque, lo que apetece cada vez más es hacer cosas que salen de uno mismo. Por eso los mejores son quienes hacen lo que quieren y encima lo venden.

–Hablemos de libros. Eres un devorador de ellos. ¿Por cuáles optas?

–Va por épocas. Ensayos. Filosofía. Novelas cada vez menos, porque te meten pájaros en la cabeza y para la ficción, veo películas. Los libros que se leen tan rápido son entretenidos para algunas épocas del año. Murakami me gusta mucho, porque por la forma que tiene de escribir, relata algo más que historias. Ahora estoy con filósofos africanos... Y tirando de clásicos también. Me gustan esos libros en los que lees tres o cuatro páginas y tienes que parar para digerir un montón de cosas.




–Se conoce que estudias y combates el racismo con dilección.

La única cosa que quería hacer en el fútbol era llegar a los más alto para utilizarlo como plataforma. No quería ni la Copa del Mundo ni nada. Yo quería tener una voz, que me escuchara más gente. Siempre he tenido como ejemplo a George Weah, un ejemplo en su país durante toda su carrera. La mitad de su sueldo o más lo destinaba a causas benéficas en Liberia. Eso, para mí, no tiene precio.

–Arda Turan paga la luz, el agua y el gas de su barrio.

–¿Sí? Esas cosas hay que publicitarlas más... Eso pasa en el fútbol. Muchos jugadores hacen cosas de estas pero no se publicita, no se dice. Son capaces de anunciar sus botas Nike y no son capaces de decir que colaboran con esto. Dicen: “Es que si participas en beneficiencia no tienes por qué decirlo”. Hay que decirlo porque tú puedes ayudar a que tu causa la siga más gente. A lo mejor otro jugador piensa en hacer lo mismo en su barrio. Las cosas buenas no hay que esconderlas.

–¿Como negro de clase trabajadora has notado con los años una evolución positiva respecto al racismo?

–Sí, ha cambiado mucho. En lo que concierne a España, yo recuerdo, siendo niño, entrar en el metro y que me mirara todo el mundo. Y tener problemas para entrar en las discotecas. Ahora los problemas los tienen todos, blancos o negros. Antes no había tanta gente negra en la educación. Ahora sí, mi hermana es profesora, tengo amigos profesores, yo estoy en un colegio. Mi hermano es policía... Eso ha cambiado mucho. Yo he trabajado en una tienda y he trabajado de tripulante de trenes. Eso era impensable hace quince años. Recuerdo que en mi primer año en Inglaterra entré en una tienda y una señora me dijo: “Perdone, ¿cuánto vale esto?”. Digo: “¿Qué? Me ha confundido con un vendedor? ¡No me lo creo!” Eso en España no pasaba. Yo dejé de ir a El Corte Inglés por experiencias que he tenido de niño, porque entraba y me perseguían. No sé si eso ha cambiado porque yo no entraría ahora ni harto de vino. Ahí, por ejemplo, no trabajará un negro nunca.

–Pero si entras vestido como un negro de alto estatus social...

–Entonces te persiguen para ver si compras.

–Te gusta escribir en tu blog, en diversos medios... ¿Estas cosas dan para un libro? ¿Te lo planteas?

–Estoy escribiendo uno. Se llama “Cómo ser negro en España”. Me centro básicamente en los guineanos. Somos gente que está integrada y tenemos la misma cultura porque España fue la metrópolis. Compartimos idioma, muchas costumbres... Sin embargo, no tenemos el estatus que pueden tener otras comunidades como la pakistaní, la marroquí, la china... Tienen sus negocios, sus asociaciones. Quizás no lo necesitamos porque estamos integrados, pero el negro nunca es el dueño de la empresa de chapuzas, sino que es el que acompaña al dueño, aunque sabe hacer lo mismo. El negro no tiene carnicería, panadería o pescadería, y como mucho hay cuatro restaurantes senegaleses en Barcelona, con todos los países que hay en África. No pregunto el porqué a los blancos, se lo pregunto a los propios negros. Deberíamos estar más presentes. Somos muy respetados, pero porque no somos una amenaza en el tema económico.

–La palabra 'emprendedor' está de moda. ¿Qué es ser ambicioso y hasta qué nivel es sano?

–Leí en un libro que probablemente el negro africano bantú, el mayoritario, sólo busque un empleo digno, una educación y una familia. En cambio, no el reconocimiento económico como prioridad. Esa es una parte buena de nosotros, pero son trabas para crecer en un contexto capitalista. En cuanto a ser ambicioso, es exigirse a uno mismo ser la mejor persona posible. Ganar dinero está muy, muy bien, pero no debe ser a toda costa. Hay formas éticas de hacerlo, aunque ganes diez en lugar de once. Es un tópico, pero el dinero te hace prisionero. Cuando he tenido más dinero no he sido tan feliz. En Southampton me compraba ropa cada sábado, pero creo que intentaba tapar otras carencias.

–He leído en tu blog: “Al no conseguir deshacerse de la mayoría de sus zapatos, optó por echar a su hijo de casa para así tener un cuarto donde guardarlos”.

–Exacto. No es cuestión de convertirse en un ermitaño, pero las cosas que tengas, que sea porque te facilitan la vida. Te lo dice alguien que se dedica a hacer ropa.

–Obama es con frecuencia objetivo de tu ironía.

–Es una persona muy buena, pero por mucho que quiera, está dentro de una gran maquinaría que funcionaba mucho antes de su entrada, y no tiene todo el poder. Y él debe mucho a personas que le han permitido llegar ahí, a las que no puede traicionar. Me alegro de que esté allí un negro, pero tampoco es el negro que podía ser Malcolm X.

–Un referente...

–Es un referente, a pesar de que parezca más violento de lo que es. Él habló en su etapa final de la unidad de las razas, pero en EEUU cada vez que alguien habla de la unidad se le mete un tiro. Unos dicen que le mataron por violento, pero Luther King no lo era y le mataron también. Me gusta más el estilo de Malcolm X. Luther King está bien pero antes está Marcus Garvey, otro gran hombre negro, jamaicano, que luchó mucho por los negros. También se acabó con él. Fundó periódicos, compañías de transportes... Hay muchos hombres que han luchado mucho, pero la cultura negra no se conoce. Yo la estoy empezando a conocer ahora gracias al libro de Liliam Thuram “Mis estrellas negras”. Es algo que tendría que conocer todo el mundo y el negro necesita leerlo para sentir que no es simplemente un segundón. Es uno más.

–No has dejado de ir 'al cole'. Eres velador en un colegio del Raval. ¿Sigues aprendiendo?

–Repaso cosas de primaria y a la vez aprendo a entender diferentes culturas y a ser paciente. A comprender por qué algunos niños son como son, según las circunstancias que le rodean, que son de lo más diversas. Aprendo a dejar de prejuzgar.

–¿Qué te preocupa de la educación?

–Nosotros mismos. Los padres que quieren al niño perfecto pero no le dan ejemplo en casa. Si no hablas con los hijos o delante de ellos, si no te fijas en qué cosas ves en televisión, si no lees un poquito más, etc., el niño no puede ser un hacha. Es trabajo no sólo de profesores y padres, sino también de los tíos y de cada uno que pasa por la calle, porque los niños somos nosotros.


Fotos: Marcos Moreno Teruel y Jacinto Elá

Entrevista Jacinto Elá (I Parte)

“¿Si los jugadores cambian de equipo,
  cómo no vas a cambiar tú?”




Jacinto Elá (30 años) es conocido mediáticamente como un chico cuya carrera se frustró cuando mejor aspecto tenía.

En Elevenfoot, además de su particular visión de un fútbol que considera sobredimensionado, hemos conocido las inquietudes de un exfutbolista que habla sin tapujos ni restricciones.

Desde la relajación moral que le da ser velador en un colegio del barrio del Raval y ayudar a chavales de toda condición, Jacinto se permite llevar a cabo una pasión: diseñar ropa en Malabona (faceta en la cual ha sido autodidacta).

Además, en esta entrevista en dos partes, hemos charlado sobre el fair play, las malas artes en el fútbol, sus gustos literarios y sus estrellas negras. Se considera un utópico que apuesta por una sociedad menos separada, que no sólo se una ante las cosas grandes, sino también para prestarse la sal. En la vida como en el fútbol, opina que “tan importante es ayudar como no molestar” e intenta que todo aquel que se encuentre con él “no se vaya peor de lo que vino”.

Una entrevista con el mensaje del hip-hop que tanto le gusta. Como él mismo dice: “Prueba no pensar. A ver si puedes. Si lo consigues, eres un fenómeno”.



 
Por Marcos Moreno Teruel 
@MorenoTeruel


–Persona, monitor, diseñador y futbolista. ¿En este orden?

–Bueno, yo ya no soy futbolista. Yo creo que dejé de ser futbolista cuando me empecé a aburrir con 24 años más o menos. Me refiero a cuando veía que no iba a conseguir ser profesional o llegar al nivel que esperaba. Se convirtió en un trabajo normal y yo tengo mucha pasión por el fútbol como para tenerlo como un trabajo normal.

–¿Sigues jugando o practicando deporte?

–Sí, los sábados sigo jugando en ligas de empresa porque al que le gusta jugar, tiene que hacerlo.

–Si son de un nivel medio bajo deben quedarse asombrados contigo.

–No, nos equiparamos. Esto funciona así. Cuando mejor juegas es cuando juegas en equipos buenos. Si estás en equipo de un nivel más bajo cuesta mucho más ser mejor jugador.

–¿Y no te luces de vez en cuándo?

–No. Siempre he jugado para divertirme y no me gusta humillar al contrario, juego con respeto y mi idea ha sido siempre ganar con elegancia. No siempre tengo la ocasión, pero a veces noto que hay cierta diferencia a mi favor y no lo hago.

–¿Es posible que te vea más risueño ahora que cuando te dedicabas al fútbol?

–He sido risueño siempre, pero dentro del campo he tenido esa especie de mala leche que realmente no iba con mi carácter. Era como jugar con una bipolaridad que a mí no me llenaba.

–Por eso escribiste en un artículo que los valores que tienes fuera del campo te resultan “imposibles de mantener” dentro de él.

–Claro. Hemos aprendido a jugar creando un personaje dentro del campo y otro fuera. Yo siempre he sido una persona tranquila y dentro del campo me transformo, aunque no del rollo 'mala fe', pero llega un punto en que te sientes agredido y tienes que ponerte fuerte ante insultos y patadas fuera de la relación con el balón, y de alguna manera lo sacas. Cuando me cansé de ese personaje dije que no quería jugar más. Me retiré antes de acabar dándole un puñetazo a alguno, porque no quería, por ejemplo, que mi hermana pequeña me viera haciendo eso y me daría vergüenza que mi novia pensase que yo soy así.

–También te recuerdo llegando al campo con los cascos puestos y cara de pocos amigos.

–Siempre me ha gustado escuchar música antes del partido para concentrarme. Es básica. Y en los desplazamientos me pasaba todo el camino leyendo en el autocar hasta la media hora antes de llegar, cuando me ponía música. Es fundamental para entrar y cuando hacía un buen calentamiento sabía que acabaría satisfecho con mi partido, aunque lo empezase mal. Cuando en la previa no me enchufaba decía: “Vaya calentamiento... Hoy me va a costar”.

–En categorias inferiores jugabas con la selección española. ¿La ecuatoguineana absoluta fue una cuestión de pragmatismo o sentimiento?

–Estaba claro que yo ya no iba a volver a la española y quería aportar algo al fútbol guineano. No aporté ni mucho menos tanto como yo quería, pero las condiciones de la selección me parecieron raras cuando vi a tantos jugadores brasileños, nigerianos, etc., nacionalizados para obtener una selección competitiva. A mí eso me parecía un club y me desencanté. Me encontré muy bien pero no era el romanticismo que esperaba.

–Has tenido una carrera atípica: Inglaterra, Escocia, una lesión grave, una retirada pronta..

–La gente me dice que he tenido mala suerte pero yo creo que pocos futbolistas han tenido tanta suerte. He conocido países, he aprendido idiomas, en algunas fases he ganado dinero (sin llegar a ser millonario) y lo normal en el fútbol es no llegar. Lo practican miles para 500 que jueguen en Primera. No todos los buenos llegan arriba, ni los vemos en la tele. Cuando empiezas, el 'no llegar' ya lo tienes, sólo queda cambiar a mejor, aunque cuando has estado tan cerca, duele. Pero te vas mentalizando y a mí en casa me han mantenido con los pies en el suelo.
 

–Así cuesta menos adaptarse...
 

–…a la vida normal. En casa no me han tratado nunca como una estrella. Me han preguntado qué tal pero nunca me han dicho “Qué buen partido has hecho” ni “Tienes que mejorar esto”. En mi casa no se me exigía nada y todos son trabajadores, igual que mis amigos, por eso yo sabía lo difícil que es ganar dinero, sea cuanto sea.
Elá con 19 años. Presentación Southampton.

–¿Qué tipo de jugador eras?

–Rápido, habilidoso y agresivo. En banda derecha, pero mis características físicas me permitían recorrer todo el campo. Bastante buen centro y sobre todo muy incisivo, como omnipresente. Siempre he tenido mucho empuje y he querido contagiar a los compañeros. No sé jugar en silencio sin animar a los demás. Nunca he sido el mejor en un equipo en el que haya estado, aunque tuviera cosas muy buenas, pero lo parecía porque contagiaba mucho.

–La experiencia de Inglaterra es agridulce para ti.

–¿Sabes cuando tiras una bola de papel a la papelera desde seis metros y nadie te está mirando? Así me sentía yo en aquellos entrenos. Llegó un entrenador, Gordon Strachan (seleccionador actual de Escocia), que me ninguneó porque en su día me quiso para el Coventry y yo renové con el Espanyol. Yo estaba a un nivel increíble, de verdad, increíble, pero nadie lo veía. Había aprendido a tirar desde fuera del área, había mejorado una barbaridad el centro, también el regate, la potencía física, la técnica y el control... Él, que incluso me había regalado la camiseta del Coventry, hizo como si no me conociera.

–Y quisiste irte.

En el mercado de invierno del primer año escribí una carta al presidente diciéndole que me quería ir cedido sí o sí, que me daba igual el dinero. No se la llegué a entregar porque todavía no tenía un buen inglés. En el segundo año me fui cedido al Hércules porque no quería estar un año con ese hombre. También fui impaciente, porque me veía desperdiciado jugando cada martes o miércoles con el 'reserve team', donde me enfrentaba con buenos equipos reserva pero no figuraba en ninguna parte y fuera de Inglaterra era como si no existiera. Creo que fue una decisión malísima por la situación del Hércules y que tenía que haberme quedado el segundo año en Southampton para demostrarle que podía. Que podía aguantar ese menosprecio y que a la fuerza me tendría que poner porque la gente me pedía. Pero necesitaba demostrar mi nivel en alguna parte.



Foto del último día en el Southapmton

–Esta me gusta... Dijiste en una entrevista que Piterman, con quien coincidiste en el Alavés, es un genio. ¿Por qué?

–Porque hace lo que le da la gana y consigue que sientas una especie de síndrome de Estocolmo con él. Tiene un talento especial. Te tiene ahí, como secuestrado, y hace que le cojas cierto cariño. Hay cosas que no me gustan de él, como que en el Alavés nos tuvo cuatro meses sin cobrar, pero ya estaba acostumbrado a que en España se cobra mal y tarde. Lo que pasa es que cuando se ensañan tanto con alguien, aunque haya motivos, tiendo a pensar... ¿Por qué? ¿Por qué tantísimo? Y la prensa de Vitoria lo hacía por cualquier cosa. Me alineo con el que está avasallado. El linchamiento general era muy sospechoso. Además subió el equipo a Primera.

–Eres muy crítico con todo y el fútbol, como hemos visto, no se escapa de eso. ¿Reniegas de la maquinaria?

–Más que renegar, me parece una pantomima. Cuando se le da tal importancia a algo que no tiene tanta y el aficionado, lo siento por todos, se siente tan importante... Aunque dentro del fútbol lo es, pero no se le tiene en cuenta para nada y en España menos. Como se ha establecido esto de que un aficionado tenga que servir a un equipo a vida o muerte, sí o sí, el fútbol se sostiene sobre eso.

–Por eso, de broma, te llaman chaquetero.

–Eso es. Y soy, entre comillas y modestia aparte, el más inteligente de los aficionados. Aplaudo al que me gusta. ¿Por qué aplaudir a un equipo que no me gusta? Si Denzel Washington hace una película mala diré: “¡Vaya truño de película!”. Estos es un espectáculo y, a muerte, si tienes que elegir, sólo puedes ir con tu familia, tus amigos... y aún así tampoco. Hay gente más fiel a su equipo que a su novia y no se lo replantean. “Es que hay que estar a las buenas y a las malas”. ¿Pero qué me estás contando? ¿Si los jugadores cambian de equipo, cómo no vas a cambiar tú? Si a ti ni te pagan. Dicen: “No, es que hay que apoyar e ir a los campos, porque están vacíos”. Y los jugadores dicen: “No, no, el que venga a silbar que no venga”. ¿Sólo hay que aplaudirte? Pues vaya fenómeno que estás hecho. ¡Ni que fuera tu abuela, yo! Ja, ja. Y la gente se lo cree.

–Pero en general eres 'perico'...

–No. Soy simpatizante del Espanyol pero no te podría decir ni su once titular. Y cada vez veo menos partidos de fútbol. Veo el Barça porque juega increíble. Además, no tengo tele. Pero con el Barça... a veces les exijo tanto a esos jugadorazos que me quedo insatisfecho. Pero otras veces (dice entre risas) piensas... “Estos juegan a otro deporte, mejor no jugar a fútbol porque para acercarte a lo que hacen estos...” Pero baso mi opinión en lo poquito que veo, porque de repente veo al Rayo Vallecano y pienso: “Madre mía, cómo juegan”. Que les salga o no es una cosa, pero todo lo que son movimientos, circulación del balón y conceptos, son buenísimos. Se ve un equipo trabajado, porque tampoco tienen jugadores increíbles.

–Y si los tienen, se los llevarán.

–Exacto. Y también veo el Madrid para ver si pierde. Como no soy del Madrid y veo que juegan a machacar y no me... Ellos ganan, pero ¿qué gana el que está mirando?

–Hay un tópico: “Todas las opciones son igual de válidas”.

–Sí, totalmente. Porque todos no pueden jugar como el Barça. Pero a mí lo que no me gusta es que intenten estafar. Explicaré qué quiero decir con estafar: limitarse a empezar a jugar en la línea de tres cuartos, tirar un balonazo y a partir de ahí, el rechace. Para eso, ves la Segunda B. Son formas de entender el fútbol, pero lo que a mí me molesta es que se justifiquen diciendo que han ganado. Al menos que intenten mostrar algo más, para que la gente vaya al campo. Hace tiempo fui a ver un partido del Mallorca contra otro equipo de media tabla y pensé: “¡Vaya ruina! ¡Y esto es Primera División!”. Normal que la gente no vaya cada sábado, porque el fútbol es un espectáculo.





–¿Por qué están mal vistos los deportistas que tienen ideales para mejorar el país o la sociedad, y tan bien vistos los que se llevan el dinero fuera de España?

–Porque a la gente no le gusta pensar o preguntarse cosas. Entonces simpatizan más con el que no opina que con el que opina. Pensamos que cuando alguien tiene una opinión diferente a la nuestra es diferente a nosotros, o un enemigo. Y no. A mí me encanta que me lleven la contraria y hablar con quien piensa de otra manera, si me respeta. Luego se quejarán de que los futbolistas siempre dicen lo mismo. Caparrós decía en Panenka que los futbolistas se tienen que preparar la rueda de prensa. Y en cierto modo, sí. Si no vas a decir nada, no hables.

–Puyol comentó que dice cosas típicas para que no se hable de sus ruedas de prensa.

–Para no crear polémica está bien, pero hablar por uno mismo no significa crear polémica. Es una paradoja hablar para que nadie comente lo que has dicho.
Hay algunos futbolistas como Kanouté o George Weah que son diferentes. Los africanos suelen hablar de otra manera, quizás porque han crecido en un entorno donde las cosas no son tan fáciles y sienten la necesidad de hablar en nombre de la gente que les sigue. Pau Casals, de quien habría que hablar más, aparte de ponerle calles, decía que se debía al mundo como artista y un artista no puede pasar por el mundo sólo haciendo su arte. Uno tiene que expresar su opinión en nombre de lo que él considere el bien, en favor de la gente que no tiene voz. Porque si las personas no tuvieran detrás a sus seguidores, no serían ricas ni tendrían tantos privilegios. Así funciona la publicidad y todo en general. Si no, mira el Pistorius este... 'el Pistolas'. Este para mí era una leyenda y ahora...

–¿Cómo está el precio del humo, “en alza”?

–Gusta mucho esa maldita frase de “Enciendo la tele y veo esto para no pensar”. ¿Qué problema hay con pensar? ¿Quién te ha dicho que pensar sea malo? Las portadas de la prensa deportiva te permiten pensar en tonterías. Y Deportes Cuatro también, con sus vídeos editados con Windows Movie Maker.  Prefieres alterarte con cosas intranscendentes. Y los que hemos estado en el fútbol o lo vemos de otra manera sabemos que todo eso son minucias. Que si las botas nuevas, que si se reúnen los capitanes para comer...

–Sólo faltaba que ayunaran.

–¡Claro! “Comida de hermandad”... ¡Tío, si en tu empresa también hay de eso! En España se llena un diario entero. En Inglaterra no puedes meter tanto sólo de fútbol. No hay tantas noticias. Yo espero que el futuro sean estas revistas semanales o mensuales. Lo que me dice un periódico ya lo sé por la radio, la tele o internet.


Acerca de Jacinto Elá
Jacinto Elá (30 años) es un ex futbolista nacido en Añisok, Guinea Ecuatorial. De muy pequeño, sus padres se trasladaron a Fuerteventura (Canarias) y antes de los 10 años llegó a Sants (Barcelona), donde ha vivido siempre, exceptuando el tiempo de su periplo por el Reino Unido. Su gran proyección cuando estaba en las categorías inferiores del Espanyol (1996-2001) le permitió fichar por un equipo de la Premier League inglesa (Southampton, 2001-2002 y 2003-2004), donde cayó en manos de un entrenador un tanto rencoroso, de ahí que quisiera marchar cedido a toda costa, renunciando a la mitad de su sueldo. Su andadura por los clubes españoles tampoco fue satisfactoria ni como cedido, ni después de abandonar su último club en las islas británicas, el Dundee United (2005-2006). Llegó una grave lesión (rotura de ligamentos cruzados) y los problemas económicos casi inherentes al fútbol español le impedían cobrar con normalidad en casi cualquier club. Elá siguió jugando en algunos clubs modestos hasta que se cansó de “la bipolaridad del fútbol”.


Fotos: Marcos Moreno Teruel y Archivo de Jacinto Elá 

Cuentos de fútbol modesto (I)

La palmadita
de Marcos Moreno Teruel

Hoy han hospitalizado a un directivo de mi club. Su estado es grave. No es quien se fijó en mí cuando era un chaval, pero sí una pieza importante en la maquinaria de la entidad.
Me presentaré. Soy ese tipo de defensa que empieza desde el banquillo todas las temporadas, que se gana su puesto con sudor en los entrenamientos y con buenos resultados en los cuatro ratos que disputa. ¿Sin alzar la voz? No me confundáis con los que no alzan la voz, nunca entendí que lo de no alzar la voz fuese una virtud. Pero tampoco he faltado el respeto a nadie. Más bien soy de esos que, cuando están más en forma y le han quitado el puesto a los favoritos del míster, tienen una sanción o una lesión que les obliga a desescalar.
 

Algunos viejos compañeros dicen que tengo fama de lento, aunque nunca me lo han explicado a mí directamente. Mi club se ha aprovechado de mi poco cartel y las pocas ofertas que he recibido; cobro tan poco que a veces me pregunto si no habré estado cerca de pagar por estar en el equipo.
 

Un domingo de verano jugábamos un partido decisivo. Es sabido que los partidos más inolvidables se disputan cuando ha llegado el calor. Al menos en mi liga. Ese día subí a rematar un saque de esquina y mi gol dio la permanencia al equipo. Fotos épicas, piñas cerradas, jugadores a hombros de aficionados, invasión de campo, lágrimas para destensar... Fue la sensación más intensa que he tenido en mi vida. Y me podéis llamar animal, si queréis, pero siento que desde entonces logré más respeto de mi novia y de mi afición. Mi novia ya me respetaba, pero desde entonces me admiró. Tampoco nos engañemos porque, aunque quede mal decirlo, todos jugábamos mejor en el parque cuando venían a vernos las chicas. La exhibición con una pelota delante de las chicas es una forma moderna de hacer el animal. Son esos instintos que queremos erradicar a base de razón y lógica, de haber aprendido corrección política.
 

Estuve un año jugando a gran nivel, mi autoestima me catapultaba cada vez que debía llegar a un corte, saltar a despejar, meter el hombro para hacer una carga o aguantar la pelota hasta ver a mi ayuda por el rabillo del ojo. La dirección que tomaba la pelota era la que yo quería darle, el efecto me salía preciso y el míster había dejado de darme palmadas en la espalda como si fuera un crío.
El mes pasado fichamos a un jugador de ese equipo al que vencimos con mi gol. Es un tipo prudente cuando habla de fútbol pero le encanta alardear de su estilo y su manera de vestir.

−    Joder Carlos, vaya reloj, yo no lo dejaría en el vestuario durante el entreno. Esto no es el Chelsea.
−    ¿Te gusta? Te lo debo a ti, crack.
−    ¿A mí?
−    Sí, bueno, a vosotros. Hombre, no es que nos fuéramos de vacaciones después de vuestra salvación, pero algún detalle sí que tuvieron. Iba detrás de este desde la primera vez que pasé por el escaparate.

Mi silencio le obligó a continuar hablando:

−    Ya podríais haber metido antes ¿eh? Vaya sufrimiento.Yo pensaba: “estos tíos al final nos empatan”.

Ahora mis piernas están agarrotadas. Llego tarde a todos los balones divididos. El mismo cuerpo que me impulsaba al aire con ligereza es el que ahora me pesa sobre las rodillas. Rompo todos los fueras de juego y el míster ya me ha mandado al banquillo tres veces, dándome una palmada en la espalda cada vez que paso por su lado. Creo que el próximo partido lo veré desde el banco. Si decido presentarme a la convocatoria. De repente siento que he timado a Alba. Sé que me quiere y que me querría igual si ella supiera todo sobre aquel día, pero también creo que no me hubiera ganado su admiración del mismo modo. No he cumplido los 24 y siento que estoy acabado. No sé si me gusta lo que hago. Siento que mi carrera habría terminado aquí aunque siguiera jugando durante años. Ha tenido que ocurrir esto para que me dé cuenta de que la gente ni siquiera ha mencionado alguna vez lo bien que defiendo cuando hago un gran partido atrás. Me querían por una labor que le corresponde a los delanteros, no a mí. Nadie valoró los días que salvé el culo a mis compañeros. Ayer se lo conté a Alba. Me dio una palmada en la espalda.

El desamor de Llorente


Es lo que tienen los amores verdaderos, los amores con raíces. Cuando un amor verdadero fracasa, la ruptura es traumática y el conflicto se convierte en un 'conmigo o contra mí'. Los partidarios de una y otra versión tienen argumentos de sobra para excusar y para culpar, no precisamente en ese orden. Y los aficionados del Athletic son sabios pero muy cabezones. Nada importa si el muchacho ha estado mamando del Athletic desde los 11 años o si Fernando e Isabel tuvieron que renunciar pronto a ver a su niño corretear por los rincones del pueblo. Tampoco es momento de deshacerse en alabanzas hacia sus 'padres' bilbaínos, Maite (quien falleció a causa de un cáncer) y Benito. No, porque ahora él es el adulto y sus decisiones conllevan una responsabilidad de la que se impregna todo lo que podamos imaginar, lo que está bajo control y lo que no.

Los que ven crecer una estrella en Lezama saben que con muchas dificultades volverán a ver algo parecido. Las particularidades de la filosofía de los leones limitan el figureo y el estrellato. Los jugadores, los domingos (si no les colocan el partido un lunes) no salen de San Mamés en gafas de sol, ni en un deportivo tintado, ni con la ayuda de los cuerpos de seguridad. Salen por la puerta a pecho descubierto, a pie y con una sonrisa de agradecimiento a todos los respetuosos hinchas. Sí, bueno, es posible que alguno, alguna vez, se ponga un poco pesado porque le ha caído mal el txacolí. Y de acuerdo, a otro puede que le sobrara un pacharán. Pero, entre decenas y decenas, ¿con alguno habrá que tener paciencia, no? ¡Podría ser un primo lejano! O el hijo de una vecina de toda la vida. Al fin y al cabo, son admiradores y paisanos. Pues bien, esa cercanía, esa humanidad de la villa, es la que ven peligrar ahora los más críticos con el chico. A aquellos que le han puesto la mano sobre el hombro antes de que la altura del rubiales lo hiciese imposible, a aquellos que le han pagado la gasolina para que vuelva el fin de semana a Rincón de Soto, es a quienes más les cuesta asumir que la proximidad se va a convertir en frialdad, en distanciamiento y en un cambio de estatus.



Una de las cosas que no ha podido gestionar bien Fernando Llorente es su relación con la prensa. Quizás todo habría sido distinto si... Pero ¿dónde ha estado el error? ¿Por qué los periodistas que más le defendían, los que más creían en él, dicen estar decepcionados? ¿Por qué dicen que no ha sabido dar el paso de muchacho a adulto? Y que está mal aconsejado... De repente oímos como Santi Segurola, con aparente dolor, prologa sus frases con un “Me sabe mal decirlo porque es buen chico y me duele, pero...” Y, cuando menos lo esperamos, Rafa Beato, otro periodista especializado en leones, hace lo propio con una Captatio benevolentiae tal que así: “Sí, es cierto que he tenido buena relación con él, pero...”

Mientras que Segurola se suele limitar a defender su suplencia en pro de quien sí permanecerá en el futuro (Aduriz), Beato va más allá y, sin decir nada, lo dice todo: “No es momento de decir lo que hace en los entrenamientos. Ni es momento de pedirle explicaciones por el hecho de que haya ido pidiendo dinero y dinero y, una vez concedido, haya preguntado por la comisión de su hermano”.

Tal vez si Llorente no hubiese acusado a la prensa de polemizar, si no le hubiese dado plantón sin que el club justificase ese hecho y si no hubiese señalado a los medios como artífices del rencor de algunos aficionados, aún hoy algunos periodistas le defenderían, con o sin motivos. Pero hacerse adulto también es estrategia, cálculo y frialdad. No es así como Llorente se abrió paso en la cantera, sino que lo hizo destrozando defensas con pasión. Si no hubiese sido así, no habría llegado tan alto. Y si no hubiese estado en el Athletic, quizás tampoco.

Visto que ya no puede salir peor parado, lo mejor que puede hacer Llorente es disfrutar lejos de Bilbao y, una vez retirado, esperar a ese olvido que rápido le llega a todo ex futbolista, ese punto en el que los viejos te recuerdan en las tertulias de bar, los maduros ya no te echan en cara que buscaras una vida mejor y los chicos no te reconocen. Es entonces cuando podrá comerse unos pintxos a pecho descubierto y sentirse lo que es: ante todo, una persona, con sus errores. Ahora también puede hacerlo, si no le importa escuchar, casi siempre de buen rollo, la cruda sinceridad -pero campechana e inofensiva- de los aficionados rojiblancos.


Por Marcos Moreno Teruel
Fotos: Archivo