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20 años del Festival Sónar de Barcelona (II)

Mi Sónar (recuerdos de Buenos Aires)



Por Gabriel Podestá



En el año ’92 trabajaba en una editorial tipo-multimedio-onda-cutre que, para uno que venía de trabajar en un banco, con dueños franceses y olor a huevo machista, era la fantasía de cualquier hombre: estaba plagado de mujeres. En la parte de diseño y producción éramos dos hombres solamente sin contar la plantilla de jefes.

Buenos Aires como siempre, el mismo quilombo de ruidos y furia, y yo ahí, en el medio de ese harem editorial recortando fotos pajeras para una revista erótica cuyo título tenía sus marcas de guerra en la historia de las revistas argentinas, marcas provocadas por las prohibiciones que tuvo con la dictadura militar.

Ese laburo me permitía ganarme los mangos suficientes para acabar la carrera de diseño de la UBA en la ciudad Universitaria, muy cerca del Monumental de River Plate y del contaminado Río de la Plata. Tres terribles moles grises de hormigón armado donde nuestros cerebros volaban en la nueva carrera de diseño que se había creado hacía muy pocos años antes.

Para la misma época más o menos tenía un amigo del barrio que según el día o, novia o estado de ánimo, amalgamaba su personalidad a determinadas circunstancias. Funcionaba como si de golpe tocara algo y se transformaba en eso mismo. Como un camaleón. Como las etapas de Picasso.

Un día tenía la etapa revolucionaria y me cantaba la canción del Che Guevara a morir vestido con boina, barba, mate y todo. Todo era folklore. Nacionalismo y campo.

Otro día venía la onda Artaud y pasábamos algunas tardes en su cuarto, el recitándome sus poemas estilo Artaud. Su día Artaud era Artaud para mí.

Otro se me venía la onda Sumo (grupo de rock argentino) y como admiraba a Petinatto, que fue  saxofonista del grupo a tal punto que hasta imitaba su barba que consistía en dos matas de pelo al costado de sus mandíbulas con un hueco en la pera.

Pero lo curioso de todo y el perfil que más me ha gustado y disfrutado -entre sus diferentes personalidades- fue cuando venía con la onda Kraftwerk. Gracias a mi amigo supe todo de este grupo, que usaban robots, que grabaron arriba de un tren.
Cantaba con su guitarra mirándome a los ojos imitando su inglés con acento alemán. Y me ponía en su tocadiscos Winco sus longplays. Uno detras de otro.
Recuerdo uno de ellos con una tapa que nunca voy a olvidar donde estaban los cuatro vestidos de camisa roja con corbata negra, mirando hacia el infinito estilo afiche ruso. Por supuesto, mi amigo era el quinto Kraftwerk que vivía en Buenos Aires.

Así que, en esa época entre mi harem editorial, mi amigo camaleónico que metía música electrónica, (que en ese momento no se llamaba así y no tengo idea de como se le llamaba) conocí en una de las materias de Diseño Gráfico, a una profesora holandesa que hacía prácticas con nosotros. Todos soñábamos con Europa. Con ir a Europa. Estudiamos las vanguardias y nos enterábamos que hacía el diseñador Ricardo Rousselot en España. La holandesa me contó de un festival que se llamaba Sónar y que se había hecho en Barcelona. Yo ni puta idea de que era eso. Le dije haciéndome el interesante: –Claro el Sónar...
Yo el único sónar que tenía presente era un jueguito de las maquinitas que era como un submarino que volteaba barquitos que aparecían en el horizonte. El sónar era su sonido de fondo.

Así que la holandesa me hablaba del Sónar y yo imaginaba que eso era algo parecido a como eran los festivales de Rock BA o los gratuitos de verano que organizaba el partido radical de Alfonsín en Barrancas de Belgrano cuando volvió la democracia, con Luis Alberto Spinetta o León Gieco cantando como Dioses.

Años más tarde, sale la versión Argentina de la revista Rolling Stone donde no la leía, la devoraba leyendo hasta los números de los folios. Ahí me hicieron conocer de lejos la dimensión de este festival. Pero las cosas de lejos siempre se ven diferente. Muy lejos.

En esa época era como Bob Esponja, literalmente absorvía todo a nivel gráfico, cualquier movida que venía del otro lado del charco, entre ellos la tan extrañada revista AjoBlanco española. Todavia no había ni internet ni nada, así que nuestra conexión con el mundo eran las librerías especializadas donde vendían revistas importadas y por supuesto nuestra profesora holandesa que le gustaba mucho la música electrónica.

Pasó mucha agua bajo el puente.
Mi amigo camaleónico desapareció, mi profesora holandesa se fue a Holanda, la editorial multimedio trucha quebró, del harem me quedaron grandes amigas del alma... me gradué como diseñador gráfico, me casé, me hipotequé, tuve hijos y seguí laburando en iguales laburos de mierda, transitando por diferentes períodos económicos: inflación, uno a uno, convertivilidad, Brasil, Punta del Este, FMI, caídas de gobiernos, corralitos, bombos y escraches, cracks económicos y la nada total. Ese sabor tan argentino que nos mantinene a 220 voltios.

Cuando pude, crucé el charco y me fui a vivir a Barcelona, justamente la ciudad donde se gestó la idea de este festival que como dice mi amigo Marcos Moreno en el primer capítulo Sónar, forma parte de la marca Barcelona como muchas cosas más. Marcos nació acá y tiene su mirada del festival.

Yo vengo con otra imagen del festival. Tengo otra mirada. La mirada argenta. Esa que fui forjando desde mis tiempos de estudiante, basada en la necesidad de conocer, de irse a la mierda, de que había que mover algo -no sé que- pero mover algo. Y que revivo en este post.

Ya que a casi un mes de empezar el festival, ahora leyendo la página oficial, veo que sigue con el mismo espíritu rompedor, y lo mejor es que incorpora Sónar+D donde reunirá a más de 2.500 profesionales de las industrias creativas y de los sectores de las tecnologías aplicadas a la creación.

Para nosotros que estamos tratando de aprender cómo funciona hacer contenidos en plataformas digitales móviles esto nos chifla. Porque mi gen Bob Esponja+D sigue activo. Y porque pienso que podremos aprender y conocer nuevas cosas.

Y aparte de eso... Están los Kraftwerk en vivo y en directo o los robots... en 3D. Me hace acordar a la época de mi amigo camaleónico.


‘Cons Space 001’ transforma el puerto de Barcelona en un espacio creativo


‘Cons Space 001’ es la primera instalación de un nuevo proyecto organizado por Converse que transformará espacios urbanos degradados de ciudades de todo el mundo uniendo las disciplinas del skate, el arte y la música

CONS Space 001// Sábado 18 de mayo // Puerto de Barcelona ‐ Dique 00A
Passeig de L'Escullera s/n. 


La ciudad Condal fue la primera ciudad elegida entre muchas de todo el mundo para este proyecto mundial que ha organizado Converse transformando un espacio urbano degradado en un playground creativo donde el skate, el arte y la música se fusionan en un todo.

Los embajadores de Converse Skateboarding, Kenny Anderson (USA), Pontus Alv (Suecia) y Javier Mendizábal (España) han trabajado juntos para ayudar a revitalizar una parte dilapidada de unos diques industriales en la base de Montjuïc y convertirla en un playground creativo. A ellos se le han sumado el sábado los riders internacionales Tom Remillard, Jerome Campbell, Harry Lintell, Ben Reamers, Remy Taviera y Danny Sommerferld.
Unidos por su amor al skate y sus subculturas, su visión colectiva se ha hecho realidad con la ayuda de artistas locales e internacionales como Fernando Elvira, Rubén Sánchez, Txemi Basualto y Adrián Blanca. Desde la semana pasada y hasta este sábado 18, todos estos artistas han estado trabajando en un "work in progress" para transformar este páramo industrial en un playground creativo que actúa como encrucijada para la cultura joven y moderna.
 

A este elenco de artistas se le han sumado el colectivo de artes visuales Juntos otra vez, que
han realizdo un live collage de cuatro metros de altura proyectado sobre contenedores del puerto.
Con las actuaciones en directo de Crocodiles, una de las bandas de rock más prometedoras del momento; el grupo The Bots, formado por dos hermanos de 18 y 14 años que hacen un rock muy fresco y podrán escucharse este año en el Primavera Sound; Black Lips, el grupo de garage rock norteamericano de referencia de la última década; y Spank Rock, grupo en el que se esconde el atípico rapero Naeem Juwan, que viene a presentar uno de los debuts más sonados del hip hop reciente y que viene a Barcelona a presentar uno de los debuts más sonados del hip hop reciente, el explosivo "YoYoYoYoYo“
A estos grupos se les sumó también los Dj sets de DJ Pegatas.
En este espacio, situado en el Dique 00A, cerca de la Terminal Port Nou en el Passeig de l'Escullera, el público se han sumado también los riders nacionales Christian Sánchez Barragán, José Luís
Negrín
(Pali), David Ramos, Carlos Neira, Daniel López, Carlos Cardeñosa, Felipe Bartolomé y Bruno Miguel.
Después del 18 de Mayo, los elementos y las obras de arte se colocarán de forma permanente por algunos espacios de Barcelona, animando a los barceloneses a dar rienda suelta a sus espíritus creativos.


Fotos y vídeos: La costa comunicació / prensa Converse





Black Lips

20 años del Festival Sónar de Barcelona

Mi Sónar (desde Barcelona)


Por Marcos Moreno Teruel

Cuentan, quienes tuvieron edad para disfrutarlos al máximo, que los Juegos Olímpicos de 1992 supusieron un antes y un después, una brusca ruptura en la ciudad de Barcelona y en sus alrededores. Que sus infraestructuras, su fisonomía, su apariencia actual y su posición en el mundo no serían tales sin ese evento que cambió la vida de una de las ciudades europeas más prestigiosas. Yo nací en 1987 y, aparte de la antorcha pasando de mano en mano y de la actuación de Los Manolos -con esos llamativos atuendos que lograron eternizarse en mis infantiles pensamientos-, pocos recuerdos guardo de aquel fantástico año que también acogió el mayor éxito del 'Dream Team' entrenado por Johan Cruyff.

Lo cierto es que un país, una nación o una ciudad, no son nada sin los recuerdos y sin esas cosas que hacen que el ciudadano se sienta afortunado de pertenecer a un colectivo. Existen hechos y acontecimientos que son para unos pocos privilegiados y la mera sazón de nacer en Barcelona te da derecho a tenerlos cerca de casa. Unos lo llaman 'pan y circo', pero otros se dejan llevar y disfrutan de los placeres como si no hubiera mañana. El otro día, entre un alud de entendibles críticas a las ayudas económicas que le concederá el Ayuntamiento de Barcelona, salía del Circuit de Catalunya pensando en lo difícil que era disfrutar del espectáculo de la Fórmula 1 si no se vive en uno de los lugares elegidos para la competición. “Con lo grande que es el mundo” -me decía-. Es la misma sensación que tengo cuando acabo de ver a un gigante de la música en el Palau Sant Jordi o cuando rodeo casualmente la Sagrada Familia, como quien pasa por un kiosko, para entrar en un bar irlandés que hay en la zona.

Desde el año 1994, dos años después de los JJOO y en un entorno optimista, otro evento que ha devenido en referente mundial de su ámbito, el Sónar, enorgullece a miles de seguidores de la música electrónica y experimental, deseosos de encontrar espacios que den cobertura a una vertiente artística tan respetable como otras. No quisiera compararlo con la magnitud de unos Juegos, la mayor celebración deportiva, pero es otro de esos acontecimientos que hace pensar: “Menos mal que soy de Barcelona”. Otro de esos eventos que proporcionan alicientes de lujo al público 'currante' para salir de la rutina.

Y si nos ponemos a buscar justificaciones para que los espectadores se den al epicureísmo y se dejen envolver sin remordimientos por la música de los míticos Pet Shop Boys o de Delorean -una banda que, como el Sónar, ha sabido evolucionar incrementando su importancia-, podemos hablar del gran beneficio que resulta de la celebración de festivales como este o el Primavera Sound: el flujo económico oxigena una ciudad acongojada por si las crisis, las actividades extraordinarias obtienen picos importantes para la producción y mantienen puestos de trabajo, la proyección internacional de la marca 'Barcelona' se acompaña de miles de fans venidos desde todos los puntos de la geografía y el intercambio cultural enriquece a músicos y aficionados.

Además, en un contexto político en el que se recorta en investigación y desarrollo, la vertiente tecnológica y cinematográfica del Sónar, así como las actividades del Sónar+D, enfocadas a la creatividad, la innovación y el emprendimiento, nos recuerdan que hoy en día es imprescindible estar a la cabeza de la tecnoevolución. Siempre lo ha sido y en este siglo todavía se acentúa más esa necesidad.

Por último, este festival gestado por Enric Palau, Ricard Robles y Sergi Caballero, exportado a las ciudades de Tokyo, Osaka y Reykjavik, es una demostración de que en casa también se pueden tener grandes ideas. Horadar el predominio de lo ajeno, sin llegar a un extremo proteccionista, puede ayudar a que otros crean que ellos también pueden tener éxito. Los mismos artistas podrían sentirse identificados con la palabra 'oportunidad', pues la producción apuesta sin reparos por infinidad de nuevos talentos.

A disfrutar del Sónar como si no hubiera mañana.

Fotos y vídeos: Gentileza SónarPress






Boca-River: tan lejos, tan cerca

Un Superclásico especial que se salda con un nuevo empate y que no deja conforme a nadie

 
Ni Boca ni River pudieron llevarse los tres puntos en uno de los mayores duelos deportivos que existen en el mundo. En ElevenFoot quisimos vivir el partido como si estuviésemos en la cancha y para ello nos desplazamos a la ciudad condal para verlo con la Filial River Plate Barcelona



Por Eloy Valentinis Ramos

Volvía el Superclásico y volvía el enfrentamiento entre dos de los técnicos más exitosos del fútbol argentino: Carlos Bianchi y Ramón Díaz. Si bien ya se habían visto las caras en los torneos de verano, ésta era la primera vez que lo hacían en el campeonato local y la expectación era máxima. 

Ninguno de los dos equipos llegaba en su mejor momento al partido: en las once fechas jugadas, Boca solo había conseguido ganar un partido, el primero, contra Quilmes, por 3 a 2, y se hallaba en la parte baja de la tabla, sufriendo además duros correctivos como el 6-1 frente a San Martín de San Juan -una de las derrotas más abultadas de su historia; River, por el contrario, se situaba tercero, aunque sus últimos resultados le habían alejado un poco de la punta y llegaba golpeado por la eliminación de la Copa Argentina frente a Estudiantes de Caseros, un equipo de la tercera división. 
Por si fuera poco, los capitanes de sendos equipos tendrían que ver el partido desde afuera: Román Riquelme por un desgarro en el isquiotibial izquierdo y David Trezeguet por su operación de la lesión crónica en su rodilla izquierda.
 


Pero todos estos percances no suelen influir en un duelo de tales características, los Boca-River son especiales, independientemente de la situación en la que lleguen los dos clubes. De hecho, hace poco más de nueve años ‘The Observer’ publicó una lista con cincuenta cosas relacionadas con el mundo del deporte que hay que hacer antes de morir, y ver un Boca-River en La Bombonera ocupaba el primer lugar en dicha lista. A pesar de que a nosotros nos queda un poco lejos, desde ElevenFoot quisimos vivir el partido de una forma especial, por lo que nos desplazamos hasta la taberna L’Ovella Negra (La Oveja Negra) en Poble Nou para presenciarlo junto con la Filial River Plate Barcelona, un grupo de aficionados ‘gallinas’ que residen en la ciudad condal y se juntan para ver cada partido de ‘La Banda’. El ambiente era espectacular. Antes de que empezara el partido uno ya se sentía como si estuviese en El Monumental… Un gran grupo de gente no paraba de saltar, alentar y cantar al ritmo de los bombos. Todos con sus camisetas de River y acompañados de paraguas y banderas blancas y rojas. Otros, en cambio, lo presenciaban desde sus aposentos, aunque acompañaban en los cánticos.
 

Comenzaba el partido, y no podía hacerlo de mejor manera para los ‘Millonarios’, ya que a los 43 segundos Manuel Lanzini establecía el 0-1 con un cabezazo y escribía su nombre en la historia de los River-Boca al conseguir el gol más rápido de los Superclásicos, destronando a Pablo Ledesma que en 2007, y también en La Bombonera había marcado a los 49 segundos. La euforia se desataba entre los aficionados presentes, una euforia que duró prácticamente cuarenta minutos, cuando el uruguayo Santiago Silva empataba el partido en la única chance de Boca clara hasta entonces. En ese momento se produjo un silencio atroz. Un silencio que a los pocos segundos fue interrumpido por el “¡Soooy de River…! ¡Soooy de River…!” que levantaba el ánimo de los allí presentes. Entretanto, el conjunto visitante había gozado de las mejores ocasiones y habría podido aumentar la ventaja, principalmente en una ocasión de Carlos Sánchez, en donde se pudo oír el “¡Uuuy…!” de la gente. Ya en el entretiempo, la gente aprovechó para descansar y por qué no, comer un choripán con chimichurri. Mientras nos recordaban que allí mismo había un trozo de la bandera más larga del mundo enviado expresamente desde Argentina, y que al finalizar el encuentro se produciría un sorteo de una camiseta firmada por el ‘Chori’ Domínguez


Ya en el segundo tiempo, poco se vio del apartado futbolístico. Boca adelantó líneas para ir en busca del partido, pero lo cierto es que ninguno de los dos equipos dispuso de oportunidades claras de gol, a excepción de la de Gonzalo Escalante a la salida de un córner en la que Barovero evitó el 2-1 para los ‘Xeneizes’. Lo más destacado de esta segunda mitad fue el hecho de que Boca acabara el partido con cinco debutantes en los Súper, quizás pensando más en el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores frente al Corinthians (los de Carlos Bianchi ganaron por 1-0 en Buenos Aires) y la expulsión de Ramón Díaz, que fue despedido de La Bombonera con gritos de “¡Vos sos de la B…!”, a lo que el entrenador riojano de River contestó haciendo gestos que no con su dedo índice. Esta imagen de Ramón Díaz saliendo de la cancha de Boca propicio inmediatamente el cántico de “¡Oy oy oy oy, es el equipo de Ramón!” en L’Ovella Negra por parte de los hinchas de River, que no pararon de alentar hasta que acabó el encuentro. Al final, empate a uno en La Bombonera, un resultado que ningún equipo celebró en exceso. Sin embargo, en la Filial River Plate Barcelona, la fiesta continuaba.

Entrevista Rafa Pons (I Parte):

“Reivindico el derecho a sentir la pasión por el fútbol”


“No soy ninguna autoridad para hablar del amor, pero he hecho una canción sobre el amor a la autoridad”, afirma siempre en referencia a su tema “La mosso”. El cantautor catalán Rafa Pons (a punto de cumplir los 35) nos habla sobre su amor al fútbol en una entrevista (en dos partes) que compagina el cuero del balón con la franqueza del rock. El autor de tres discos, con el cuarto en camino, reflexiona sobre su Barça, su Boca Juniors, su jugador favorito -Pedro Rodríguez- y sobre aspectos como el egocentrismo, tan presentes en el fútbol como en la música. “Soy hijo único y siempre me han hecho reflexionar sobre ello”. Para el artista -quien, por cierto, fue socio del Palamós-, “el proceso de grabación de un disco es casi neurótico, como un Gran Hermano”, así que le hemos pillado relajado, antes de que llegue esa época y se meta en un estudio con su banda, que ya hace muchas temporadas que juega como un bloque.


Por Marcos Moreno Teruel
Fotos: Cristina Perea

 

–Hace poco has conseguido llevar a muchísima gente al Palau de la Música. Eso para ti y para tu banda debe de ser como jugar en el Camp Nou... 

–Claro, piensa que para nosotros eso era el Madison Square Garden. Para otra gente, acostumbrada a estadios, tocar en el Palau es tocar en distancias cortas, pero para nosotros, por aforo y prestigio, es el sitio más grande. Había quien se confundía y me decía: “¡Hostia, de puta madre! ¡Tocas en el Palau Sant Jordi!”. Y yo tenía que decir: “¡No, no! En el Palau de la Música”... Era un enorme reto tanto por aforo como por el tipo de producción, que es muy cara y muy complicada de hacer. La mayor dificultad estaba en comunicar,  ya que si no hubiese venido la gente suficiente, hubiésemos tenido un problema.

–Arriesgasteis y habríais perdido de no haber llenado...

–Sí, era una producción que hacíamos nosotros solos y, por prestigio, el lugar tiene mucho más coste que cualquier otra sala. Estamos muy contentos.

–Un niño se monta su película de pequeño, escuchando a Bruce Springsteen, y dice: “Un día quiero tocar, delante de mucha gente y en un marco incomparable, Born in the USA”. Y con un par...

–Siempre ha habido un grupo de gente, fan de Springsteen, que también se ha acercado a mi música y me ha preguntado si iba a hacer alguna versión. A mí me daba mucho pudor, pero pensando en hacer algo diferente para el Palau me dije: “Coño, la de veces que en mi vida había escuchado Born in the USA imaginando que la tocaría en algún lugar brutal”. Y bueno... en principio esto sigue para adelante (ríe) pero, hasta el momento, puede ser que no haya nunca más un lugar así. Pensé que era la ocasión para hacerlo. Yo creo que la gente, cuando empezó a sonar, se quedó parada (ríe). Y encima, fue en los bises.

–Y con una presentación emotiva.

–Sí, se la dediqué a mi yo de 13 años.

–Quedó bien, ¿no crees?

–Sí, aunque creo que había quedado algo mejor en los ensayos. Pero es normal, con la tensión del momento... Si la hiciésemos alguna vez más, calculo que quedaría mejor. Además, es muy complicada y la voz de Springsteen en esa canción es muy particular y claro, no es lo mismo ¡por mucha intención que uno le ponga!

–Todo el mundo debería llevar a cabo este tipo de sueños, los que ha tenido su yo de 13 años...

–Hombre. Me quedaba eso y marcar un gol en una final, pero eso va a ser más complicado. Debe de ser una sensación incomparable. Que la gente cante tus canciones ya lo es, pero meter en una final tiene que ser impresionante, aunque eso ya no creo que me pase (bromea resignado).


–Podría decirse que ahora has celebrado el éxito del Palau en Buenos Aires, ciudad a la que le has dedicado una canción. ¿Cómo surge la posibilidad de ir?

–Fui hace tres años con Marwan, un cantautor y amigo de Madrid. Me ofreció la oportunidad de acompañarle en esa gira. A partir de ahí, conocí a muchísima gente e ir volviendo ha sido una constante. Pero es más complicado desarrollarse en Argentina como lo estamos haciendo en España, es decir de boca en boca e insistiendo y tocando en sitios poquito a poquito.



 


–Puedes estar un mes, como recientemente...

–Exacto, porque más no sería rentable... Cada vez se conoce a más gente allí y quiero intentar desarrollar el tema, pero hay que ver cómo se puede hacer. Allí parece algo muy difícil, pero aquí parecía imposible, así que hay que ver si existe la posibilidad. Lo ideal sería poder ir cuatro veces al año y hacer alguna gira. Igualmente, está pasando y cuando toco en Buenos Aires siempre viene gente, canta las canciones y mola mucho, pero vas una vez al año, o una vez cada año y medio, a causa de la distancia. Es más complicado.
 


–Entonces, este mayo también has tenido buena respuesta.

–Muy buena. Veo que en Argentina hay un gusto por la palabra que quizás es mayor que aquí. Aquí también hay gente aficionada y que valora los textos pero allí, en la primera escucha ya valoran mucho lo que explica el tema. Un argentino, para convencer a un amigo de que vaya a un primer concierto, le pondría su canción favorita. Creo que en general, nosotros pillamos a los amigos con una más graciosa o más fácil y luego, si se fanatizan, ya les van gustando las demás.

–Explica, a los lectores que no han tenido el gusto de ir a Argentina, cómo se vive allí el fútbol.

–Es acojonante. A ver, hay un tema serio con el que no se puede bromear, que es todo el tema de la violencia en el fútbol y la violencia casi organizada de las barras, etc. Dicho esto, como aficionado al fútbol, es acojonante ver como todo el estadio se pone a cantar y animar. Las aficiones rivales van a los campos y hay un intercambio entre cánticos de aficiones brutal. A nivel musical, lo que es impresionante es que aquí, en Europa, hay tres o cuatro canciones y la gente canta eso y ya está. Allí, cada equipo tiene sus propias canciones y sus propias adaptaciones de letras. Cantan temas de minuto y medio, de gente como por ejemplo Andrés Calamaro. El campo es una fiesta. Muchas veces me comentan, algunos que han venido al Camp Nou, que aquí la gente estaba como en la ópera. Tienen una pasión brutal que se nota incluso en que haya más niños jugando al fútbol en la calle, diría yo.

–Algunos de esos niños son después los grandes jugadores que conocemos.

–Sí. Otra cosa es la calidad de la liga argentina en este momento, que deja mucho que desear. El nivel futbolístico es muy bajo. El nivel competitivo no, y el nivel del futbolista argentino tampoco, porque sigue siendo buenísimo y Argentina sigue teniendo una de las mejores selecciones del mundo, pero el de la liga argentina, hoy, está muy justo.

–¿Tienes algún equipo predilecto en dicha liga?

–Sí. Soy bostero. De Boca Juniors. También tengo que decir que estuve en la cancha de River Plate disimulando y aplaudiendo a River, ¡no soy tan valiente (risas)! Tengo amigos de River, pero por una cuestión de mi familia política de allá, soy absolutamente bostero.

–¿Qué músicos españoles gustan allí, además de indiscutibles como Sabina?

–Lo primero es saber que Sabina, Serrat e Ismael Serrano son dioses. Más que en España, incluso. Sabina y Serrat se hacen la cancha de Boca. O tocan veinte días en Luna Park, donde entran unas 8.000 personas. Es devoción. Pero en general, gusta mucho lo español. Evidentemente no ha llegado todo, pero gustan muchos artistas además de ellos.

–¿Y tú a quién has descubierto que no conocieras antes de ir?

–Creo que lo español llega más a Argentina que a la inversa. Si aquí hemos conocido algo de su rock en los últimos años, es porque todos hemos hecho amigos argentinos que nos lo han enseñado y no tanto por lo que ha sonado. Pero hay un mundo de bandas, 'Divididos', Charly García, mil cosas que se conocen como referente pero que quizá en España no han sonado. Que yo haya descubierto allá... hay una banda que se llama 'Las pastillas del abuelo' y está pegándola mucho, y por ejemplo aquí no he oído que suene. Están muy bien. También el cantautor Lisandro Aristimuño, aunque este sí que ha saltado a España. Y me gusta mucho Kevin Johansen, que por cierto tocará en Barcelona (por el 20 de abril), pero a él sí que le conocí aquí.

–Volvamos a la pelota de cuero. ¿Qué te empuja a meter en una canción a un futolista brasileño que dice ser del Barça desde que era muy pequeño?

–¡Que rimaba, ja, ja! No... Esto es un estándar del fútbol. Todos los fichajes son del Barça o del Madrid desde que eran pequeños, o ficha un jugador el Atlético y lo mismo...

–O incluso con equipos más pequeños.

–¡Sí! Dicen: “Siempre he tenido simpatía por el Getafe”. Yo soy muy futbolero y eso es lo que me empuja a escribirlo. Me gustó una frase de Arrigo Sacchi que me dijo mi amigo Julián, de la sala 'Libertad 8': “El fútbol es la cosa más importante de las cosas no importantes de la vida”. Es una pasión. Tengo amigos en el mundo de la música y del arte en general que se quejan del daño o la competencia que nos hace el fútbol y es verdad. Al final, siempre intentas cuadrar bien tu calendario, pero es muy difícil porque la Liga no hace público con suficiente antelación el horario de las jornadas.

–¿Por eso, hace unos años, cuando tocabas los miércoles en el 'Bar Pastís' y el Barça jugaba la 'Champions', retrasabas la hora del concierto.

En los principios, cuando se tocaba mucho entre semana, te pasaba esto. Y hace muchos años nos coincidió un Barça-Madrid en la sala 'Zacarias'. Retrasamos el concierto hasta las 23:30h. y vino muchísima gente. Así encontramos que era mucho mejor hacer los conciertos sobre esa hora. Da tiempo a trabajar, cenar, ver el fútboly vas al concierto en el rato en que te tomarías una copa... Pero no es esa franja la que te suelen dejar. También es cierto que ganó el Barça. Si no, quizás no habría venido tanto público...

–Así que sientes debilidad por la competencia.

–Sé que la pasión en sí misma es algo muy absurdo, pero reivindico el derecho a sentirla. Para mí ha sido un gran elemento para sociabilizar. En todos los taxis de Argentina o de donde sea he hablado de fútbol, también en Chile. En cualquier lugar de España, en todos los bares, se habla de Barça, de Madrid... Me encanta. De una manera no racional, pero me ha venido muy bien.

–Hay quien lo considera frivolizar en una época dura. Aunque todo el mundo tiene sus aficiones...

–Claro. La verdad es que si no te gusta el fútbol es una putada. Los amigos a quienes no les gusta me dicen que una cosa es el fútbol en sí mismo, el partido, y otra cosa es todo lo que le rodea. Es verdad que cada día ves el telediario y hay media hora para hablar de lo que opinan Messi y Cristiano Ronaldo sobre lo que sea. Yo he de reconocer que me encanta el fútbol y me encanta el entorno. Me quedo distraído viendo jugar a diez o veinte chavalines en una plaza pero también me lo paso de puta madre leyendo el Sport o el Marca. Paro el cerebro, no pienso en nada más y me encanta.



////////// Si quieres saber lo que piensa Rafa Pons sobre la Champions League de este año o los detalles sobre los proyectos que tiene en mente, no te pierdas la segunda parte. //////////