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Yo me lo guiso y yo me lo como. Tenemos camisetas de ElevenFoot.


Hace un tiempo presentamos cuatro propuestas de diseño de camisetas de ElevenFoot para jugar un poco con la marca y cómo no, lucir tipo de cara el próximo veranito.

Marketeando un poco venía a cuento de nuestro amor por el diseño y por las camisetas sobre todo. Debo confesar y me sigue sucediendo como era un pendex que cuando veo a un jugador famoso, se me ponen los ojos blancos y enseguida como un fan enloquecido le pido que me firme su camiseta. Me pongo boludo con el rotulador como perro que quiere salir a la calle. Es que de chico y en los ’70 no había camisetas como se venden ahora igualitas a las que usan en la cancha. Y me ha quedado ese trauma doctor.

Tengo como más de 30 camisetas de mi colección de distintos equipos y tantas firmadas o por firmar. Y no paro... Es una enfermedad

Pero las que presento ahora tienen un sabor particular.
De la elección de los 4 modelos que habíamos propuestos mucha gente eligió entre el modelo 1 y 2 



Una vez que tuvimos la elección nos pusimos a pedir presupuesto a ver cuánto nos salía. Acá en España nos cobraban cualquier cosa, nos fuimos a preguntar por Pakistan, por China: Mínimo 25.000 señol!
Así que pasamos página de la banda oriental y como no podemos tirar manteca al techo, nos propusimos hacerlas nosotros.

Nos apuntamos a un curso de serigrafía y compramos unas buenas camisetas negras para ir calentando la muñeca. Dos días a full en el taller 57 serigrafía en el barrio del Clot de Barcelona con el estimado Sebastián que nos abrió sus puertas y su conocimiento enseñándonos los secretos del shablón y cómo poner la tinta para imprimir nuestras preciadas prendas.

No estuvo mal. Nos gustó tanto, que seguimos imprimiendo ya que la primera tirada la agotamos, nos la están pidiendo nuestros hijos y toda la parantela, amigos y nuestros fans! Sí. ¡Tenemos fans! Ahhh!!!

Quizás tal vez sería una buena idea recaudar un poco vendiendo las camisetas para poder darle un empujón al proyecto, contratar a más gente y ver si lo podemos sacar en tablets. Ahora estamos en móviles en la App de Via Tarraco como canal deportivo pero queremos salir como soñamos. Así:



Así que en plan yo me lo guiso y yo me lo como, las hacemos nosotros. Nos pueden solicitar el modelo con la medida y color y marche una camiseta ElevenFoot de autor que se la enviamos. Recibirán una original ElevenFoot hecha con nuestras propias manos. Así de artesanal y con diseño y algodón del bueno. El precio con gastos de correo incluido calculamos será de 15 euros.

¿Les gusta? Si la desean y quieren apoyar nuestro proyecto, pueden escribirnos y encargarla a esta dirección de email: info@elevenfoot.com les contamos y concretamos el detalle del envío y cómo realizar el pago que se puede realizar haciendo un ingreso, o transferencia a través de Paypal. 

Mientras tanto, les dejamos las fotos del taller y el paso a paso de cómo producimos nuestras casacas ElevenFoot. 
A mano. Made in House. Eleven11House.


Aquí ya se ve el logo en la emulsión


 
Secado de la emulsión



Centrado de la marca

Montaje de los shablones en el pulpo de impresión

Cargamos blanco en donde imprimimos blanco

Rojo en el 11...

Y le damos a la primera...

Uaaaaaaa!
¡Mira cómo me queda! dice Sebastián
secado de las camisetas




Entrevista a Jacinto Elá (II Parte)

Quise llegar a lo más alto para luchar contra el racismo.



Por Marcos Moreno Teruel


–Eres muy activo en las redes sociales. ¿Qué uso haces y qué provecho sacas de ellas?

Es sencillo. No es para influir a nadie, no es para nada en especial. Quizá hay una parte que es para dar a conocer la ropa que diseñamos mi novia y yo. Pero lo que escribo yo como Jacinto es para que otras personas vean que no están solas. Para que los que piensan como yo, los que no piensan igual que el mundo, vean que no están locos, que somos muchos. Todo lo que me pasa por la cabeza lo reflejo ahí y creo que eso es más interesante que fotos mías haciendo cosas.

–Ahora que hablas de vuestra ropa. Leído el manifiesto Malabona se extrae que las camisetas que diseñáis las hacéis por placer.

–Sí, por placer y por negocio. Es una de esas profesiones que sientes que podrías hacer incluso gratis. En Malabona hemos conseguido esa sensación aunque no sea una profesión a tiempo completo. Esa es la gracia de Malabona, que además es una terapia. Las cosas las tienes que hacer en primer lugar para ti mismo. Después, si la gente te empieza a pedir diseños dices: “Bueno, no está mal cobrar por algo que te gusta”. Se tendría que vivir de lo que te apasiona, eso no tiene precio.

–¿Y eso está cerca o lejos?

–Es difícil porque ropa puede hacerla cualquiera. No sé si está lejos o cerca pero vamos haciendo y vamos dando una parte de nosotros. A la larga, si te apasiona y te va yendo bien, puedes llegar a encontrarte viviendo de eso. Pero tienes que dar el salto, tomártelo más en serio, reducir tu trabajo de día y meterte de lleno en lo otro, y por tanto asumir riesgos. Ahora estamos en una postura muy cómoda: no arriesgamos mucho, ganamos algo y no le cogemos asco. Porque a veces, cuando algo se convierte en tu sustento, puede pasar de pasión a obligación. Pero creo que no se daría el caso.


–¿Cómo describirías las prendas?

–Empezamos haciendo lo que la gente nos pedía, dándole nuestro toque, y ahora estamos empezando a tirar por el estilo de los estampados africanos. Malabona viene de Malabo (capital de Guinea Ecuatorial) y Barcelona. Este estilo étnico se lleva mucho en otras partes de Europa, incluso en grandes firmas, pero en España todavía no está muy popularizado. Creo que pega mucho con nuestras señas de identidad, aunque seguiremos haciendo otras cosas que nos pide la gente. Pero aunque a lo demás le damos nuestro toque, lo que apetece cada vez más es hacer cosas que salen de uno mismo. Por eso los mejores son quienes hacen lo que quieren y encima lo venden.

–Hablemos de libros. Eres un devorador de ellos. ¿Por cuáles optas?

–Va por épocas. Ensayos. Filosofía. Novelas cada vez menos, porque te meten pájaros en la cabeza y para la ficción, veo películas. Los libros que se leen tan rápido son entretenidos para algunas épocas del año. Murakami me gusta mucho, porque por la forma que tiene de escribir, relata algo más que historias. Ahora estoy con filósofos africanos... Y tirando de clásicos también. Me gustan esos libros en los que lees tres o cuatro páginas y tienes que parar para digerir un montón de cosas.




–Se conoce que estudias y combates el racismo con dilección.

La única cosa que quería hacer en el fútbol era llegar a los más alto para utilizarlo como plataforma. No quería ni la Copa del Mundo ni nada. Yo quería tener una voz, que me escuchara más gente. Siempre he tenido como ejemplo a George Weah, un ejemplo en su país durante toda su carrera. La mitad de su sueldo o más lo destinaba a causas benéficas en Liberia. Eso, para mí, no tiene precio.

–Arda Turan paga la luz, el agua y el gas de su barrio.

–¿Sí? Esas cosas hay que publicitarlas más... Eso pasa en el fútbol. Muchos jugadores hacen cosas de estas pero no se publicita, no se dice. Son capaces de anunciar sus botas Nike y no son capaces de decir que colaboran con esto. Dicen: “Es que si participas en beneficiencia no tienes por qué decirlo”. Hay que decirlo porque tú puedes ayudar a que tu causa la siga más gente. A lo mejor otro jugador piensa en hacer lo mismo en su barrio. Las cosas buenas no hay que esconderlas.

–¿Como negro de clase trabajadora has notado con los años una evolución positiva respecto al racismo?

–Sí, ha cambiado mucho. En lo que concierne a España, yo recuerdo, siendo niño, entrar en el metro y que me mirara todo el mundo. Y tener problemas para entrar en las discotecas. Ahora los problemas los tienen todos, blancos o negros. Antes no había tanta gente negra en la educación. Ahora sí, mi hermana es profesora, tengo amigos profesores, yo estoy en un colegio. Mi hermano es policía... Eso ha cambiado mucho. Yo he trabajado en una tienda y he trabajado de tripulante de trenes. Eso era impensable hace quince años. Recuerdo que en mi primer año en Inglaterra entré en una tienda y una señora me dijo: “Perdone, ¿cuánto vale esto?”. Digo: “¿Qué? Me ha confundido con un vendedor? ¡No me lo creo!” Eso en España no pasaba. Yo dejé de ir a El Corte Inglés por experiencias que he tenido de niño, porque entraba y me perseguían. No sé si eso ha cambiado porque yo no entraría ahora ni harto de vino. Ahí, por ejemplo, no trabajará un negro nunca.

–Pero si entras vestido como un negro de alto estatus social...

–Entonces te persiguen para ver si compras.

–Te gusta escribir en tu blog, en diversos medios... ¿Estas cosas dan para un libro? ¿Te lo planteas?

–Estoy escribiendo uno. Se llama “Cómo ser negro en España”. Me centro básicamente en los guineanos. Somos gente que está integrada y tenemos la misma cultura porque España fue la metrópolis. Compartimos idioma, muchas costumbres... Sin embargo, no tenemos el estatus que pueden tener otras comunidades como la pakistaní, la marroquí, la china... Tienen sus negocios, sus asociaciones. Quizás no lo necesitamos porque estamos integrados, pero el negro nunca es el dueño de la empresa de chapuzas, sino que es el que acompaña al dueño, aunque sabe hacer lo mismo. El negro no tiene carnicería, panadería o pescadería, y como mucho hay cuatro restaurantes senegaleses en Barcelona, con todos los países que hay en África. No pregunto el porqué a los blancos, se lo pregunto a los propios negros. Deberíamos estar más presentes. Somos muy respetados, pero porque no somos una amenaza en el tema económico.

–La palabra 'emprendedor' está de moda. ¿Qué es ser ambicioso y hasta qué nivel es sano?

–Leí en un libro que probablemente el negro africano bantú, el mayoritario, sólo busque un empleo digno, una educación y una familia. En cambio, no el reconocimiento económico como prioridad. Esa es una parte buena de nosotros, pero son trabas para crecer en un contexto capitalista. En cuanto a ser ambicioso, es exigirse a uno mismo ser la mejor persona posible. Ganar dinero está muy, muy bien, pero no debe ser a toda costa. Hay formas éticas de hacerlo, aunque ganes diez en lugar de once. Es un tópico, pero el dinero te hace prisionero. Cuando he tenido más dinero no he sido tan feliz. En Southampton me compraba ropa cada sábado, pero creo que intentaba tapar otras carencias.

–He leído en tu blog: “Al no conseguir deshacerse de la mayoría de sus zapatos, optó por echar a su hijo de casa para así tener un cuarto donde guardarlos”.

–Exacto. No es cuestión de convertirse en un ermitaño, pero las cosas que tengas, que sea porque te facilitan la vida. Te lo dice alguien que se dedica a hacer ropa.

–Obama es con frecuencia objetivo de tu ironía.

–Es una persona muy buena, pero por mucho que quiera, está dentro de una gran maquinaría que funcionaba mucho antes de su entrada, y no tiene todo el poder. Y él debe mucho a personas que le han permitido llegar ahí, a las que no puede traicionar. Me alegro de que esté allí un negro, pero tampoco es el negro que podía ser Malcolm X.

–Un referente...

–Es un referente, a pesar de que parezca más violento de lo que es. Él habló en su etapa final de la unidad de las razas, pero en EEUU cada vez que alguien habla de la unidad se le mete un tiro. Unos dicen que le mataron por violento, pero Luther King no lo era y le mataron también. Me gusta más el estilo de Malcolm X. Luther King está bien pero antes está Marcus Garvey, otro gran hombre negro, jamaicano, que luchó mucho por los negros. También se acabó con él. Fundó periódicos, compañías de transportes... Hay muchos hombres que han luchado mucho, pero la cultura negra no se conoce. Yo la estoy empezando a conocer ahora gracias al libro de Liliam Thuram “Mis estrellas negras”. Es algo que tendría que conocer todo el mundo y el negro necesita leerlo para sentir que no es simplemente un segundón. Es uno más.

–No has dejado de ir 'al cole'. Eres velador en un colegio del Raval. ¿Sigues aprendiendo?

–Repaso cosas de primaria y a la vez aprendo a entender diferentes culturas y a ser paciente. A comprender por qué algunos niños son como son, según las circunstancias que le rodean, que son de lo más diversas. Aprendo a dejar de prejuzgar.

–¿Qué te preocupa de la educación?

–Nosotros mismos. Los padres que quieren al niño perfecto pero no le dan ejemplo en casa. Si no hablas con los hijos o delante de ellos, si no te fijas en qué cosas ves en televisión, si no lees un poquito más, etc., el niño no puede ser un hacha. Es trabajo no sólo de profesores y padres, sino también de los tíos y de cada uno que pasa por la calle, porque los niños somos nosotros.


Fotos: Marcos Moreno Teruel y Jacinto Elá

Entrevista Jacinto Elá (I Parte)

“¿Si los jugadores cambian de equipo,
  cómo no vas a cambiar tú?”




Jacinto Elá (30 años) es conocido mediáticamente como un chico cuya carrera se frustró cuando mejor aspecto tenía.

En Elevenfoot, además de su particular visión de un fútbol que considera sobredimensionado, hemos conocido las inquietudes de un exfutbolista que habla sin tapujos ni restricciones.

Desde la relajación moral que le da ser velador en un colegio del barrio del Raval y ayudar a chavales de toda condición, Jacinto se permite llevar a cabo una pasión: diseñar ropa en Malabona (faceta en la cual ha sido autodidacta).

Además, en esta entrevista en dos partes, hemos charlado sobre el fair play, las malas artes en el fútbol, sus gustos literarios y sus estrellas negras. Se considera un utópico que apuesta por una sociedad menos separada, que no sólo se una ante las cosas grandes, sino también para prestarse la sal. En la vida como en el fútbol, opina que “tan importante es ayudar como no molestar” e intenta que todo aquel que se encuentre con él “no se vaya peor de lo que vino”.

Una entrevista con el mensaje del hip-hop que tanto le gusta. Como él mismo dice: “Prueba no pensar. A ver si puedes. Si lo consigues, eres un fenómeno”.



 
Por Marcos Moreno Teruel 
@MorenoTeruel


–Persona, monitor, diseñador y futbolista. ¿En este orden?

–Bueno, yo ya no soy futbolista. Yo creo que dejé de ser futbolista cuando me empecé a aburrir con 24 años más o menos. Me refiero a cuando veía que no iba a conseguir ser profesional o llegar al nivel que esperaba. Se convirtió en un trabajo normal y yo tengo mucha pasión por el fútbol como para tenerlo como un trabajo normal.

–¿Sigues jugando o practicando deporte?

–Sí, los sábados sigo jugando en ligas de empresa porque al que le gusta jugar, tiene que hacerlo.

–Si son de un nivel medio bajo deben quedarse asombrados contigo.

–No, nos equiparamos. Esto funciona así. Cuando mejor juegas es cuando juegas en equipos buenos. Si estás en equipo de un nivel más bajo cuesta mucho más ser mejor jugador.

–¿Y no te luces de vez en cuándo?

–No. Siempre he jugado para divertirme y no me gusta humillar al contrario, juego con respeto y mi idea ha sido siempre ganar con elegancia. No siempre tengo la ocasión, pero a veces noto que hay cierta diferencia a mi favor y no lo hago.

–¿Es posible que te vea más risueño ahora que cuando te dedicabas al fútbol?

–He sido risueño siempre, pero dentro del campo he tenido esa especie de mala leche que realmente no iba con mi carácter. Era como jugar con una bipolaridad que a mí no me llenaba.

–Por eso escribiste en un artículo que los valores que tienes fuera del campo te resultan “imposibles de mantener” dentro de él.

–Claro. Hemos aprendido a jugar creando un personaje dentro del campo y otro fuera. Yo siempre he sido una persona tranquila y dentro del campo me transformo, aunque no del rollo 'mala fe', pero llega un punto en que te sientes agredido y tienes que ponerte fuerte ante insultos y patadas fuera de la relación con el balón, y de alguna manera lo sacas. Cuando me cansé de ese personaje dije que no quería jugar más. Me retiré antes de acabar dándole un puñetazo a alguno, porque no quería, por ejemplo, que mi hermana pequeña me viera haciendo eso y me daría vergüenza que mi novia pensase que yo soy así.

–También te recuerdo llegando al campo con los cascos puestos y cara de pocos amigos.

–Siempre me ha gustado escuchar música antes del partido para concentrarme. Es básica. Y en los desplazamientos me pasaba todo el camino leyendo en el autocar hasta la media hora antes de llegar, cuando me ponía música. Es fundamental para entrar y cuando hacía un buen calentamiento sabía que acabaría satisfecho con mi partido, aunque lo empezase mal. Cuando en la previa no me enchufaba decía: “Vaya calentamiento... Hoy me va a costar”.

–En categorias inferiores jugabas con la selección española. ¿La ecuatoguineana absoluta fue una cuestión de pragmatismo o sentimiento?

–Estaba claro que yo ya no iba a volver a la española y quería aportar algo al fútbol guineano. No aporté ni mucho menos tanto como yo quería, pero las condiciones de la selección me parecieron raras cuando vi a tantos jugadores brasileños, nigerianos, etc., nacionalizados para obtener una selección competitiva. A mí eso me parecía un club y me desencanté. Me encontré muy bien pero no era el romanticismo que esperaba.

–Has tenido una carrera atípica: Inglaterra, Escocia, una lesión grave, una retirada pronta..

–La gente me dice que he tenido mala suerte pero yo creo que pocos futbolistas han tenido tanta suerte. He conocido países, he aprendido idiomas, en algunas fases he ganado dinero (sin llegar a ser millonario) y lo normal en el fútbol es no llegar. Lo practican miles para 500 que jueguen en Primera. No todos los buenos llegan arriba, ni los vemos en la tele. Cuando empiezas, el 'no llegar' ya lo tienes, sólo queda cambiar a mejor, aunque cuando has estado tan cerca, duele. Pero te vas mentalizando y a mí en casa me han mantenido con los pies en el suelo.
 

–Así cuesta menos adaptarse...
 

–…a la vida normal. En casa no me han tratado nunca como una estrella. Me han preguntado qué tal pero nunca me han dicho “Qué buen partido has hecho” ni “Tienes que mejorar esto”. En mi casa no se me exigía nada y todos son trabajadores, igual que mis amigos, por eso yo sabía lo difícil que es ganar dinero, sea cuanto sea.
Elá con 19 años. Presentación Southampton.

–¿Qué tipo de jugador eras?

–Rápido, habilidoso y agresivo. En banda derecha, pero mis características físicas me permitían recorrer todo el campo. Bastante buen centro y sobre todo muy incisivo, como omnipresente. Siempre he tenido mucho empuje y he querido contagiar a los compañeros. No sé jugar en silencio sin animar a los demás. Nunca he sido el mejor en un equipo en el que haya estado, aunque tuviera cosas muy buenas, pero lo parecía porque contagiaba mucho.

–La experiencia de Inglaterra es agridulce para ti.

–¿Sabes cuando tiras una bola de papel a la papelera desde seis metros y nadie te está mirando? Así me sentía yo en aquellos entrenos. Llegó un entrenador, Gordon Strachan (seleccionador actual de Escocia), que me ninguneó porque en su día me quiso para el Coventry y yo renové con el Espanyol. Yo estaba a un nivel increíble, de verdad, increíble, pero nadie lo veía. Había aprendido a tirar desde fuera del área, había mejorado una barbaridad el centro, también el regate, la potencía física, la técnica y el control... Él, que incluso me había regalado la camiseta del Coventry, hizo como si no me conociera.

–Y quisiste irte.

En el mercado de invierno del primer año escribí una carta al presidente diciéndole que me quería ir cedido sí o sí, que me daba igual el dinero. No se la llegué a entregar porque todavía no tenía un buen inglés. En el segundo año me fui cedido al Hércules porque no quería estar un año con ese hombre. También fui impaciente, porque me veía desperdiciado jugando cada martes o miércoles con el 'reserve team', donde me enfrentaba con buenos equipos reserva pero no figuraba en ninguna parte y fuera de Inglaterra era como si no existiera. Creo que fue una decisión malísima por la situación del Hércules y que tenía que haberme quedado el segundo año en Southampton para demostrarle que podía. Que podía aguantar ese menosprecio y que a la fuerza me tendría que poner porque la gente me pedía. Pero necesitaba demostrar mi nivel en alguna parte.



Foto del último día en el Southapmton

–Esta me gusta... Dijiste en una entrevista que Piterman, con quien coincidiste en el Alavés, es un genio. ¿Por qué?

–Porque hace lo que le da la gana y consigue que sientas una especie de síndrome de Estocolmo con él. Tiene un talento especial. Te tiene ahí, como secuestrado, y hace que le cojas cierto cariño. Hay cosas que no me gustan de él, como que en el Alavés nos tuvo cuatro meses sin cobrar, pero ya estaba acostumbrado a que en España se cobra mal y tarde. Lo que pasa es que cuando se ensañan tanto con alguien, aunque haya motivos, tiendo a pensar... ¿Por qué? ¿Por qué tantísimo? Y la prensa de Vitoria lo hacía por cualquier cosa. Me alineo con el que está avasallado. El linchamiento general era muy sospechoso. Además subió el equipo a Primera.

–Eres muy crítico con todo y el fútbol, como hemos visto, no se escapa de eso. ¿Reniegas de la maquinaria?

–Más que renegar, me parece una pantomima. Cuando se le da tal importancia a algo que no tiene tanta y el aficionado, lo siento por todos, se siente tan importante... Aunque dentro del fútbol lo es, pero no se le tiene en cuenta para nada y en España menos. Como se ha establecido esto de que un aficionado tenga que servir a un equipo a vida o muerte, sí o sí, el fútbol se sostiene sobre eso.

–Por eso, de broma, te llaman chaquetero.

–Eso es. Y soy, entre comillas y modestia aparte, el más inteligente de los aficionados. Aplaudo al que me gusta. ¿Por qué aplaudir a un equipo que no me gusta? Si Denzel Washington hace una película mala diré: “¡Vaya truño de película!”. Estos es un espectáculo y, a muerte, si tienes que elegir, sólo puedes ir con tu familia, tus amigos... y aún así tampoco. Hay gente más fiel a su equipo que a su novia y no se lo replantean. “Es que hay que estar a las buenas y a las malas”. ¿Pero qué me estás contando? ¿Si los jugadores cambian de equipo, cómo no vas a cambiar tú? Si a ti ni te pagan. Dicen: “No, es que hay que apoyar e ir a los campos, porque están vacíos”. Y los jugadores dicen: “No, no, el que venga a silbar que no venga”. ¿Sólo hay que aplaudirte? Pues vaya fenómeno que estás hecho. ¡Ni que fuera tu abuela, yo! Ja, ja. Y la gente se lo cree.

–Pero en general eres 'perico'...

–No. Soy simpatizante del Espanyol pero no te podría decir ni su once titular. Y cada vez veo menos partidos de fútbol. Veo el Barça porque juega increíble. Además, no tengo tele. Pero con el Barça... a veces les exijo tanto a esos jugadorazos que me quedo insatisfecho. Pero otras veces (dice entre risas) piensas... “Estos juegan a otro deporte, mejor no jugar a fútbol porque para acercarte a lo que hacen estos...” Pero baso mi opinión en lo poquito que veo, porque de repente veo al Rayo Vallecano y pienso: “Madre mía, cómo juegan”. Que les salga o no es una cosa, pero todo lo que son movimientos, circulación del balón y conceptos, son buenísimos. Se ve un equipo trabajado, porque tampoco tienen jugadores increíbles.

–Y si los tienen, se los llevarán.

–Exacto. Y también veo el Madrid para ver si pierde. Como no soy del Madrid y veo que juegan a machacar y no me... Ellos ganan, pero ¿qué gana el que está mirando?

–Hay un tópico: “Todas las opciones son igual de válidas”.

–Sí, totalmente. Porque todos no pueden jugar como el Barça. Pero a mí lo que no me gusta es que intenten estafar. Explicaré qué quiero decir con estafar: limitarse a empezar a jugar en la línea de tres cuartos, tirar un balonazo y a partir de ahí, el rechace. Para eso, ves la Segunda B. Son formas de entender el fútbol, pero lo que a mí me molesta es que se justifiquen diciendo que han ganado. Al menos que intenten mostrar algo más, para que la gente vaya al campo. Hace tiempo fui a ver un partido del Mallorca contra otro equipo de media tabla y pensé: “¡Vaya ruina! ¡Y esto es Primera División!”. Normal que la gente no vaya cada sábado, porque el fútbol es un espectáculo.





–¿Por qué están mal vistos los deportistas que tienen ideales para mejorar el país o la sociedad, y tan bien vistos los que se llevan el dinero fuera de España?

–Porque a la gente no le gusta pensar o preguntarse cosas. Entonces simpatizan más con el que no opina que con el que opina. Pensamos que cuando alguien tiene una opinión diferente a la nuestra es diferente a nosotros, o un enemigo. Y no. A mí me encanta que me lleven la contraria y hablar con quien piensa de otra manera, si me respeta. Luego se quejarán de que los futbolistas siempre dicen lo mismo. Caparrós decía en Panenka que los futbolistas se tienen que preparar la rueda de prensa. Y en cierto modo, sí. Si no vas a decir nada, no hables.

–Puyol comentó que dice cosas típicas para que no se hable de sus ruedas de prensa.

–Para no crear polémica está bien, pero hablar por uno mismo no significa crear polémica. Es una paradoja hablar para que nadie comente lo que has dicho.
Hay algunos futbolistas como Kanouté o George Weah que son diferentes. Los africanos suelen hablar de otra manera, quizás porque han crecido en un entorno donde las cosas no son tan fáciles y sienten la necesidad de hablar en nombre de la gente que les sigue. Pau Casals, de quien habría que hablar más, aparte de ponerle calles, decía que se debía al mundo como artista y un artista no puede pasar por el mundo sólo haciendo su arte. Uno tiene que expresar su opinión en nombre de lo que él considere el bien, en favor de la gente que no tiene voz. Porque si las personas no tuvieran detrás a sus seguidores, no serían ricas ni tendrían tantos privilegios. Así funciona la publicidad y todo en general. Si no, mira el Pistorius este... 'el Pistolas'. Este para mí era una leyenda y ahora...

–¿Cómo está el precio del humo, “en alza”?

–Gusta mucho esa maldita frase de “Enciendo la tele y veo esto para no pensar”. ¿Qué problema hay con pensar? ¿Quién te ha dicho que pensar sea malo? Las portadas de la prensa deportiva te permiten pensar en tonterías. Y Deportes Cuatro también, con sus vídeos editados con Windows Movie Maker.  Prefieres alterarte con cosas intranscendentes. Y los que hemos estado en el fútbol o lo vemos de otra manera sabemos que todo eso son minucias. Que si las botas nuevas, que si se reúnen los capitanes para comer...

–Sólo faltaba que ayunaran.

–¡Claro! “Comida de hermandad”... ¡Tío, si en tu empresa también hay de eso! En España se llena un diario entero. En Inglaterra no puedes meter tanto sólo de fútbol. No hay tantas noticias. Yo espero que el futuro sean estas revistas semanales o mensuales. Lo que me dice un periódico ya lo sé por la radio, la tele o internet.


Acerca de Jacinto Elá
Jacinto Elá (30 años) es un ex futbolista nacido en Añisok, Guinea Ecuatorial. De muy pequeño, sus padres se trasladaron a Fuerteventura (Canarias) y antes de los 10 años llegó a Sants (Barcelona), donde ha vivido siempre, exceptuando el tiempo de su periplo por el Reino Unido. Su gran proyección cuando estaba en las categorías inferiores del Espanyol (1996-2001) le permitió fichar por un equipo de la Premier League inglesa (Southampton, 2001-2002 y 2003-2004), donde cayó en manos de un entrenador un tanto rencoroso, de ahí que quisiera marchar cedido a toda costa, renunciando a la mitad de su sueldo. Su andadura por los clubes españoles tampoco fue satisfactoria ni como cedido, ni después de abandonar su último club en las islas británicas, el Dundee United (2005-2006). Llegó una grave lesión (rotura de ligamentos cruzados) y los problemas económicos casi inherentes al fútbol español le impedían cobrar con normalidad en casi cualquier club. Elá siguió jugando en algunos clubs modestos hasta que se cansó de “la bipolaridad del fútbol”.


Fotos: Marcos Moreno Teruel y Archivo de Jacinto Elá 

El dilema Valdés


La noticia cayó como una bomba en Can Barça. Ahora no lo parece, pero hasta hace pocas semanas el entorno del FC Barcelona vivía en una balsa de aceite: a pesar de la ausencia de ‘Tito’ Vilanova por enfermedad, el equipo había batido todos los récords en la primera vuelta de la Liga, el juego era inmejorable, Messi brillaba, el conjunto funcionaba en todas las líneas, tanto en defensa como en ataque, tanto con los titulares como con los suplentes… Todo iba a las mil maravillas, hasta que en el mes de enero los representantes de Víctor Valdés dejaron caer la bomba, dinamitando el oasis culé: el portero titular del considerado mejor equipo del mundo había decidido romper las negociaciones para su renovación y le ponía fecha de caducidad a su presencia bajo la meta azulgrana: junio de 2014. La vida progresa a base de ciclos, a veces perfectamente circulares: Andoni Zubizarreta, director deportivo del FCB Barcelona y antigua leyenda bajo los palos del Camp Nou, se quedaba de piedra al ver la reacción del entorno del Valdés y ser consciente de la ardua tarea que le esperaba por delante al tener que buscarle un sustituto de garantías.

19 años atrás, el FC Barcelona tampoco lo tuvo fácil para encontrar un recambio del mítico ‘Zubi’. La contundente derrota en la final de la Champions de 1994 ante el Milan (4-0) supuso el entierro del Dream Team de Johan Cruyff, y su primera víctima fue el guardameta vasco, que tuvo que salir por la puerta de atrás. Durante años, varios porteros probaron en sus propias carnes la enorme presión que supone defender la meta de un equipo que ataca y ataca y que debe protegerse bien en las pocas ocasiones que llegan a su área. Busquets padre, Angoy, Lopetegui, Vitor Baia, Hesp, Arnau, Dutruel, Reina, Bonano, Enke, Rustu, Jorquera… Todos ellos lo intentaron pero, por mala suerte, falta de confianza o escaso de rendimiento, ninguno fue capaz de consolidarse, quizás con la excepción del holandés Hesp, en ese complicado puesto. Ninguno hasta que en 2002 subió al primer equipo un hombre de la casa: Víctor Valdés. Su fuerte carácter, una de sus grandes virtudes, estuvo a punto de convertirse en un defecto que podría haber finiquitado su carrera cuando no acató y se rebeló contra la decisión de Louis Van Gaal, el primer técnico que confió en él y que le quiso dar un toque de atención devolviéndole durante unos partidos al filial. Superado aquel roce gracias a la mediación del presidente Joan Gaspart, todos los entrenadores que han ido pasando por el Camp Nou (Radomir Antic, Frank Rijkaard y Josep Guardiola) no han dudado en confiar en el de L’Hospitalet. Sus números en estas 11 temporadas hablan por sí solos: ya es el portero que más partidos oficiales ha jugado con el Barça –en agosto de 2011, superó los 410 de Zubizarreta en otro guiño del destino–, ha ganado cinco Trofeos Zamora (cuatro de ellos de forma consecutiva) y de forma colectiva ha conquistado 4 Ligas, 2 Champions, 1 Mundial de Clubes, 2 Copas del Rey, 1 Supercopa de Eurocopa y 4 Supercopas de España. 


Desde hace tiempo, ya nadie en Can Barça pone en duda que Víctor Valdés es el portero ideal. Es de los pocos en su puesto que es tan hábil usando las manos como los pies, algo vital en el juego del Barça y que ha ido perfeccionado año tras año desde que ingresó en La Masia cuando tenía 10. Su fortaleza en el uno contra uno, gestionada con una gran paciencia que le permite irse al suelo en el momento adecuado, y sus grandes reflejos han acortado la distancia que en algunos momentos parecía insalvable con Iker Casillas. Esas cualidades le han consolidado, a sus 31 años recién cumplidos, como un portero de primer nivel mundial, aunque quizás su personalidad no le convierta en el jugador más querido para la exigente afición culé. Posiblemente, haya sido este aspecto, el no sentirse tan valorado y apreciado como otros compañeros de vestuario, lo que hizo inclinar la balanza de Valdés hacia el no cuando recibió la propuesta de renovación del club. A nivel deportivo, su salida es difícilmente justificable ya que hay pocos equipos como el Barça que puedan aspirar siempre a ganarlo todo. A nivel económico, sí es más entendible que pueda tener ofertas suculentas de otros clubes más poderosos extendiendo cheques que ganando títulos. A nivel emocional, sólo él y su entorno más cercano pueden conocer la verdad. 


Con el no sobre la mesa, la pelota está ahora en el tejado del FC Barcelona, que se enfrenta a un triple dilema: convencerle para que siga; buscarle ya un sustituto para la próxima temporada y así poder cobrar un traspaso, o exprimir sus cualidades hasta el final de su contrato. El Barça no es un club vendedor, nunca lo ha sido, y abordar el problema de Valdés desde un punto de vista meramente económico sería un gran error. En cambio, mantenerlo hasta el final de su contrato, tiene más ventajas que el mero inconveniente de dejar de ingresar una suculenta cifra con muchos ceros. 


Tras conocerse su decisión, se llegó a pensar que su actitud podría desestabilizar al vestuario, ponerle a la afición en contra y hacer que bajara su rendimiento. Nada de eso ha pasado. VV ha mantenido su mismo nivel, sus compañeros siguen confiando en él y los aficionados le premiaron con el aplauso en el primer partido que jugó en Camp Nou tras saberse que no seguiría… quizás esa fue su forma de compensar esa cariño que, en ocasiones, el guardameta ha podido añorar.

Ante este panorama no podían faltar los rumores y no tardaron en hacerse las primeras listas con candidatos a sustituir a Valdés. David De Gea (Manchester United), Vicente Guaita (Valencia), Pepe Reina (Liverpool), Andrés Fernández (Osasuna), Marc André ter Stegen (Borussia M’Gladbach), Manuel Neuer (Bayer de Múnich), Hugo Lloris (Tottenham…)… Todos ellos han sonado en alguna ocasión y parece que dentro de esta lista podría estar el futuro dueño de la portería del Camp Nou. 


Nadie puede poner en duda que todos ellos son metas de extraordinaria calidad, pero no es menos cierto que ninguno es tan completo como VV, que, además, tiene en su haber una cualidad de la que los demás aún no pueden presumir: ya ha demostrado que es capaz de soportar la presión que genera el Camp Nou sobre su portero. Es por ello que si el Barça quiere seguir disfrutando de esta tranquilidad bajo sus palos haría bien en hacer todo lo posible para convencer a Valdés para que dé un paso atrás en su decisión. El no ya lo tienen, ganarse el sí sería el mejor de los regalos para el tan temido ‘entorno’ culé.

Por Rafa Jiménez
Ilustración: Luis Gaspardo

Cuentos de fútbol modesto (I)

La palmadita
de Marcos Moreno Teruel

Hoy han hospitalizado a un directivo de mi club. Su estado es grave. No es quien se fijó en mí cuando era un chaval, pero sí una pieza importante en la maquinaria de la entidad.
Me presentaré. Soy ese tipo de defensa que empieza desde el banquillo todas las temporadas, que se gana su puesto con sudor en los entrenamientos y con buenos resultados en los cuatro ratos que disputa. ¿Sin alzar la voz? No me confundáis con los que no alzan la voz, nunca entendí que lo de no alzar la voz fuese una virtud. Pero tampoco he faltado el respeto a nadie. Más bien soy de esos que, cuando están más en forma y le han quitado el puesto a los favoritos del míster, tienen una sanción o una lesión que les obliga a desescalar.
 

Algunos viejos compañeros dicen que tengo fama de lento, aunque nunca me lo han explicado a mí directamente. Mi club se ha aprovechado de mi poco cartel y las pocas ofertas que he recibido; cobro tan poco que a veces me pregunto si no habré estado cerca de pagar por estar en el equipo.
 

Un domingo de verano jugábamos un partido decisivo. Es sabido que los partidos más inolvidables se disputan cuando ha llegado el calor. Al menos en mi liga. Ese día subí a rematar un saque de esquina y mi gol dio la permanencia al equipo. Fotos épicas, piñas cerradas, jugadores a hombros de aficionados, invasión de campo, lágrimas para destensar... Fue la sensación más intensa que he tenido en mi vida. Y me podéis llamar animal, si queréis, pero siento que desde entonces logré más respeto de mi novia y de mi afición. Mi novia ya me respetaba, pero desde entonces me admiró. Tampoco nos engañemos porque, aunque quede mal decirlo, todos jugábamos mejor en el parque cuando venían a vernos las chicas. La exhibición con una pelota delante de las chicas es una forma moderna de hacer el animal. Son esos instintos que queremos erradicar a base de razón y lógica, de haber aprendido corrección política.
 

Estuve un año jugando a gran nivel, mi autoestima me catapultaba cada vez que debía llegar a un corte, saltar a despejar, meter el hombro para hacer una carga o aguantar la pelota hasta ver a mi ayuda por el rabillo del ojo. La dirección que tomaba la pelota era la que yo quería darle, el efecto me salía preciso y el míster había dejado de darme palmadas en la espalda como si fuera un crío.
El mes pasado fichamos a un jugador de ese equipo al que vencimos con mi gol. Es un tipo prudente cuando habla de fútbol pero le encanta alardear de su estilo y su manera de vestir.

−    Joder Carlos, vaya reloj, yo no lo dejaría en el vestuario durante el entreno. Esto no es el Chelsea.
−    ¿Te gusta? Te lo debo a ti, crack.
−    ¿A mí?
−    Sí, bueno, a vosotros. Hombre, no es que nos fuéramos de vacaciones después de vuestra salvación, pero algún detalle sí que tuvieron. Iba detrás de este desde la primera vez que pasé por el escaparate.

Mi silencio le obligó a continuar hablando:

−    Ya podríais haber metido antes ¿eh? Vaya sufrimiento.Yo pensaba: “estos tíos al final nos empatan”.

Ahora mis piernas están agarrotadas. Llego tarde a todos los balones divididos. El mismo cuerpo que me impulsaba al aire con ligereza es el que ahora me pesa sobre las rodillas. Rompo todos los fueras de juego y el míster ya me ha mandado al banquillo tres veces, dándome una palmada en la espalda cada vez que paso por su lado. Creo que el próximo partido lo veré desde el banco. Si decido presentarme a la convocatoria. De repente siento que he timado a Alba. Sé que me quiere y que me querría igual si ella supiera todo sobre aquel día, pero también creo que no me hubiera ganado su admiración del mismo modo. No he cumplido los 24 y siento que estoy acabado. No sé si me gusta lo que hago. Siento que mi carrera habría terminado aquí aunque siguiera jugando durante años. Ha tenido que ocurrir esto para que me dé cuenta de que la gente ni siquiera ha mencionado alguna vez lo bien que defiendo cuando hago un gran partido atrás. Me querían por una labor que le corresponde a los delanteros, no a mí. Nadie valoró los días que salvé el culo a mis compañeros. Ayer se lo conté a Alba. Me dio una palmada en la espalda.

Zurdo penal por Daniel Roncoli

El año pasado nos propusimos recaudar dinero para sacar el proyecto ElevenFoot a través de la plataforma crowfunding de Lánzanos y como resultó que no recaudamos nada, como balance final podríamos decir: fue un fracaso total. O bien: Bueno macho, a remar que al final no todo fue tan mal.

Siempre a cada cosa que hacemos, más allá de cualquier resultado, tratamos de sacarle la parte positiva y lo bueno fue que entre el tiempo que uno le da a la tecla para que primero te voten, y luego que te pongan 5 euracos como mínimo, se acerca gente. Gente que hacía una bocha de años que no veíamos, gente nueva que se ofrece a laburar sin condiciones porque cree en el proyecto y también de esos inversores flash de esos que aparecen y se van (de la mañana a la noche y viceversa). Pero también gente que nos ha regalado cosas que valoramos muchísimo.


Daniel Roncoli nos regaló un cuento inédito para que lo pusiéramos como una de las recompensa de Lánzanos. El combo de recompensa era grosso, pero creo que consistía en que si aportabas tantos euros, de recompensa les regalábamos el cuento y una ilustración de Luis Gaspardo.

Para nosotros era un regalo espectacular, ya que siempre nos gustaron los cuentos y más ilustrados.
Particularmente a mí me gusta regalar libros. Eso queda para siempre. Tengo mi colección de Mafalda original firmado uno de ellos por Quino en una de las tantas Ferias del Libro de Buenos Aires que íbamos a disfrutar con mi mujer.

Mi queridísimo amigo Jorge Sanzol (que lo extraño horrores) me comentaba que disfrutaba mucho ilustrando libros. Hablaba poco Jorge. Pero cada tanto me decía: Con las revistas envolvés huevos. Pero con los libros es otra cosa. Los libros quedan y si luego ves las ilustraciones en los libros con el paso del tiempo se ven cada vez mejor ¿no? (ese ¿no? tan característico con que remataba Jorge sus mínimas frases)

Así que, como nos gustan las letras y los cuentos, vamos a regalarles como comienzo de este año este cuento inédito que nos escribió Daniel para nosotros. A disfrutarlo mucho.

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Los méritos de Pablo Estigarribia Alcorta como zaguero centro excluían su foja de servicios específica.
Suplente del suplente, tosco y proclive a subvertir la armonía visual con sus aventurados cruces, era requerido por los cronistas que cubrían los entrenamientos de su equipo puesto que se expresaba con corrección, haciendo gala de un lenguaje florido, y siempre regalaba una nota de color.

Avezado chef con galardones internacionales, impuso tras culminar la carrera de diseño de indumentaria una línea de ropa masculina con sobrias y elegantes prendas amén de distinguirse como miembro voluntario de la Cruz Roja, actividad un tanto reñida, al menos en lo fáctico, con su labor de último hombre donde se hizo de alguna tibia adversaria como espontáneo souvenir.

La carrera de Derecho pareció en lo semántico otra contradicción puesto a que es un zurdo nato, de esos zurdos que por precámbricos y poco ortodoxos justifican la excelencia estética de la raza. Pero  esa manifestación vocacional no era un sin sentido. Su abuelo, su padre, su tío y su hermano mayor son distinguidos abogados. A Pablo cumplir el mandato le llevó más de la cuenta porque se distrajo con otras ocupaciones pero los medios de comunicación celebraron que próximo a los treinta le tocara dar la única materia que debía el lunes posterior al final del campeonato. En los títulos los periódicos jugaron con los otros dos títulos, el que podía ganar el Sportivo Fulgor y el que era capaz de obtener Estigarribia Alcorta aunque su incidencia en el funcionamiento del equipo verdiblanco fuera relativa.

El viernes previo al cotejo definición el Moncho Bianco, el experimentado defensor del Sportivo, en un trabajo de pelota parada sintió que la familia de sus tendones hizo jumping. Tras saltar para un cabezazo, el talón de Aquiles decidió soltar amarras provocándole un dolor de muerte. El entrenador Ernesto Quiróz no sin angustia, lo reemplazó con Agustín Ponce, un joven esbelto y expeditivo. Su reacción física y su capacidad de anticipo fue más valorada que la trayectoria del Melón Sánchez, quien iba a disputar el partido de reserva en la búsqueda de su mejor forma. Nadie pensó, menos que menos Quiróz -pese a que solía dormir la siesta con el pesimismo- que Ponce iba a pisar un jabón en la ducha y tras darse un estruendoso golpe en la cintura iba a levantarse furioso y patear uno de los largos bancos del vestuario quebrándose doce huesos de su pie diestro. Contuso por la noticia, Quiróz marcó el número celular de Estigarribia Alcorta proponiéndole que estudiara en la concentración. No pensaba necesitarlo puesto que el Melón sería titular y dado un nuevo imponderable retrasaría a Norberto Rolón, volante de recambio, a la zaga.

Quiróz que repetía sin pensar aquello de no hay dos sin tres trató de amigarse con la desgracia y ponerla de su lado pero a la mala fortuna no le gusta que le conviden atún: el revoltijo llamado mayonesa que le sirvieron al plantel como entrada en el almuerzo del sábado cobró tres víctimas: Melón Sánchez, Rolón y el veloz delantero Mantovano se intoxicaron y si no se fueron por el desaguadero fue pura y exclusivamente porque la cañería era simpatizante del Atlético Barrancas y no los tragaba.

Por razones de fuerza mayor, Pablo Estigarribia Alcorta fue titular y perdido por perdido Quiróz razonó que si su principal preocupación era el examen de Derecho Penal, tal vez liberado de tensiones, conseguiría un rendimiento más cauto. Planteó una estrategia orientada a resguardarlo, disminuir los espacios en derredor, aunque se viera forzado a resignar audacia ofensiva. Logró el propósito y pese a que el zurdo casi decoró el trámite ordinario con una pifiada que descolocó a su arquero, El Loco Lozano, el cero a cero se veía venir desde el minuto uno.

La definición por penales fue tensa y dilatada. La lluvia intensa en la previa del encuentro transformó en un progresivo chiquero las áreas. Ejecutaron nueve por lado y tan solo se convirtieron cuatro. El décimo disparo de los futbolistas del Atlético, a cargo de su guardavallas, Rodolfi, se estrelló contra un palo. Estigarribia Alcorta podría convertirse imprevistamente en héroe. Limpió la pelota en una airada mata de pasto próxima al lunar de la zona caliente hasta sacarle lustre. La apoyó con sigilo. Tomó corta carrera pero su nerviosismo lo llevó a darle la espalda a Héctor Rodolfi, se peinó cuatro o cinco veces con furia estirándose los rulos, giró torpemente y corrió al esférico sin poder afirmarse correctamente. Impactó el esférico con su pie izquierdo mientras se caía de culo en medio del barro, la maniobra expulsó lodo como un barrenador Land Rover, esquirlas empetroladas que engañaron los reflejos de Rodolfi que fue a un palo mientras el gol del campeonato se consumaba mansamente, como un rezongo lejano, en el centro del arco.

Tras los festejos esperables, Pablo Estigarribia Alcorta llegó a la Facultad el lunes a la mañana con sus saberes traspapelados. Durante el partido no advirtió las veces que había despejado centros con su cabeza. Encima, los pies le pesaban mil kilos.

Caminó hacia la mesa con tantas incertidumbres como las que sintió antes de la definición. La partida de atún en mal estado también hizo estragos entre los docentes y frente al pelotón de fusilamiento aparecieron dos profesores que desconocía, los noveles Ismael Arismendi y Claudia Ferrantes. El impertérrito doctor Galiñanes era con su cara de morsa constreñida el ariete del aniquilamiento.

Le pidió la libreta sin palabras, moviendo tres dedos de su mano derecha enérgicamente varias veces hacia su plexo. La abrió, lo miró, sacó un papel del bolsillo superior del saco, se tomó su tiempo prolongando el suspenso y escribió en él un párrafo. Lo volvió a mirar, levantó la libreta e hizo una marca y una firma sin que sus colegas pudieran ver qué había puesto. Luego la apoyó en la mesa y se la devolvió haciéndola patinar sobre la madera del escritorio.

Pablo Estigarribia Alcorta la abrió por instinto, antes de que le llovieran las preguntas, sosteniendo el misterioso papel con uno de sus pulgares. Leyó para sí, tras observar con un leve movimiento de cintura a Galiñanes, para retornar al parapeto de su documentación universitaria.

–Ayer estaba en la tribuna, la verdad, usted debe ser el peor jugador que vistió nuestra camiseta. Siempre estuve tentado de decirle cuando me lo cruzaba que usted es horrible... Está aprobado, Estigarribia. En Derecho se la rebusca pero Zurdo Penal jamás pensé que diera el título. Y no le regalo nada, increíblemente ayer jugó para siete. No hace falta que lo consulte con la mesa, hasta los diarios lo dicen.



Por Daniel Roncoli
Actor y escritor argentino.
Vive en Palermo.
Oriundo e hincha de Cañuelas 
(el Cañuelas Fútbol Club)
Actualmente presenta el espectáculo teatral 
de prosodia futbolera Mil Palabras 
a la Redonda, show premiado como obra teatral, 
por la interpretación y el libreto.
Autor de su décimo libro: El Gran Martín 
(Vida y obra de Karadagián y sus titanes)
Como periodista escribió en la revista El Gráfico.

Zurdo Penal es un cuento inédito.
twitter @DanielRoncoli
email roncoli@hotmail.com

Berni Álvarez, Alfa y Omega en Tarragona

La Liga ACB ha gozado de grandísimos tiradores a lo largo de sus casi 30 años de historia. Lanzadores letales que han masacrado defensas al hombre y en zona desde más allá de 6’25 o 6’75. Muñecas calientes que han hecho saltar por los aires sistemas y esperanzas. Seguros de vida capaces de levantar gradas enteras con triples ganadores sobre la bocina. Berni Álvarez fue uno de ellos. Entre finales de los noventa y principios de este siglo, el escolta de Reus se erigió en uno de los triplistas más temibles del baloncesto español. Su aspecto físico, poco atlético, engañaba. Pero cuando recibía en el perímetro, Berni no perdonaba. Armaba el brazo en décimas de segundo y anotaba con una facilidad pasmosa, con rachas increíbles capaces de cambiar un partido.

Tarragona, Valencia y Lleida disfrutaron de su muñeca de oro. Todavía recuerdo la rueda de prensa, hace un par de años, en la que anunció su retirada como jugador profesional. Tantos buenos recuerdos agolpados ante un micrófono trabaron más de una vez las palabras de un Berni que vivió emociones fuertes allí por donde pasó: el ascenso a Primera B con el CBT, el fichaje por el Pamesa del mítico Miki Vukovic, el ascenso a la ACB, la Copa de Valladolid, la final de la Copa Saporta ante la Benetton de Bodiroga, el play-off con el Lleida, la recta final en Tarragona convirtiéndose en el jugador que más veces ha vestido la camiseta del club…

Una trayectoria impecable para un jugador que empezó tarde en esto del baloncesto, a los 14 años, pero cuyo romance con el parqué sigue siendo tan intenso como el primer día. Ahora, desde el banquillo, trata de devolverle al CBT todo lo que éste le dio ofreciéndole una vida ligada a un balón naranja.
Es el alfa y omega de Berni en Tarragona.
    


Por Jordi Domínguez 
@dominguezjordi
Periodista de 31 años, actualmente presentador en Gol Televisión.
Trabaja para la Euroleague Basketball y ha estado muy ligado 
al baloncesto durante toda su carrera profesional. 
En su día, presentador de ‘Planeta Basket’ en Ràdio Gràcia,
colaborador de ‘Basketconfidencial’ y narrador de partidos
del Eurobasket 2009 de Polonia. También ha trabajado
en la revista Don Balón, en la Televisió de les Illes Balears
y en Televisió de Catalunya, además de colaborar 
actualmente con la revista ‘Panenka’.

Puyol, el pundonor y la sabiduría


Ayer lo vimos todos por televisión y como yo y muchos, nos quedamos impresionados con la estrepitosa caída y la lesión que ha tenido el 5 del Barça Carles Puyol frente al Benfica por la Champions que le dejará fuera de competición por 4 semanas. Ayyy que dolor!

Luego de leer toda la prensa deportiva por la mañana, me encuentro con este artículo publicado en La Voz del Rioba, el blog que escribe y edita mi querido amigo Rodolfo Chisleanschi y que recomendamos seguirlo. Tanto nos gustó este artículo que enseguida lo retwitteamos y pensamos -la puta, que buen artículo para Eleven...
Ring ring... Nos llama Rodolfo a la redacción y me dice Che... ¿no te gustaría publicarlo?  Y claro! estamos conectados!
Allá vamos y también irá en Catalán en nuestro canal tarraconense.



Cuenta la anécdota, o la leyenda, que en los tiempos en los que compartían plantilla bajo las órdenes de Louis Van Gaal, un día  Juan Román Riquelme se dirigió con toda su seriedad y respeto a Carles Puyol, ya por entonces ídolo de buena parte de la hinchada del Barça, y le preguntó: “¿Me podés explicar por qué jugás así?”.

El “así”, en el particular idioma riquelmiano, significaba con semejante fragor, trabando cada balón con el hígado si fuese necesario, entrando en cada jugada como si fuera la última o la más importante de su vida, incluso en los entrenamientos, aunque incluía también una velada crítica al peculiar estilo del Tarzán de Puebla del Segur, totalmente en las antípodas del practicado y defendido por Román.
Lo cierto es que su manera de vivir y entender el fútbol, ese pundonor a prueba de balas, ha llevado a Puyol a la cúspide del fútbol. Ganador de cuanto título se pueda obtener, su carrera resulta tan intachable como evidiable. Pero Riquelme, que habla poco pero posee un criterio futbolístico tan indiscutible como la energía del capitán del Barça, apuntaba hacia otro lado con su maliciosa pregunta.

Según él, y según la opinión de los futboleros más puristas, los grandes defensas, los que entienden el juego y conocen el puesto hasta sus últimos detalles, son aquellos que logran controlar el tiempo y el espacio. Ese dominio de elementos tan insustanciales les permite anticipar cada acción, cada pelotazo cruzado, cada cruce, sin necesidad de esfuerzos extraordinarios, choques impetuosos o arriesgadas barridas por el suelo. Son, en definitiva, los pocos que pueden completar una gran actuación sin embarrarse los pantalones; los que de verdad saben…

Carles Puyol, sin dudas, ha progresado mucho. A lo largo de la docena de años en la élite fue mejorando a medida que iba conociendo los secretos de su oficio. De ahí su perdurabilidad, tanto en su club como en la Selección. Sin embargo, y como la perfección es difícil de alcanzar, sigue privilegiando el pundonor por encima de cualquier otra cualidad, y en cualquier circunstancia del partido o sector del campo en que se encuentre. Dicho de otra manera, no ha logrado que su sabiduría le lleve a ahorrar los esfuerzos, controlar los choques y moderar los riesgos. Y a determinada edad, cuando el cuerpo empieza a acumular el desgaste de tantas batallas, el precio por ese déficit se paga con lesiones, cada vez más frecuentes, cada vez más insólitas.
Porque cuando camina hacia los 35 años, el gran Carles Puyol todavía debe una materia en la universidad del fútbol: la del manejo de los tiempos y los espacios. Seguro que todavía le quedan energías para aprobarla.

Por Rodolfo Chisleanschi
La Voz del Rioba

Y sí, papá... Ya sé que está todo inventado. Pero no importa.




En el botón de arriba donde dice El Proyecto, contamos nuestros sueños y la ilusión que le ponemos de hacer de ElevenFoot.com la revista de fútbol digital para tablets y cómo nos gustaría que fuera y que funcionara todo.
Está muy bien. Esto es el principio de la idea. Lo primigenio. Lo que hacemos cuando cerramos los ojos y decimos… cómo nos gustaría que esto sea así. A todos nos pasa todo el tiempo. Siempre soñamos, muchas veces dormidos y muchas veces despiertos. Eso nos permite seguir adelante. Es nuestro instinto de supervivencia.

No sé si a esto que me refiero se llama exactamente, emprender. La verdad es que del sueño a hacerlo realidad hacen falta muchísimas cosas y que nos peguemos la cabeza muchas veces. Y que nos equivoquemos mucho. El principio ya está hecho porque para empezar hay que mezclar dos elementos básicos: frustración previa con locura futura. Frustración porque muchas veces cuando queremos hacer algo que soñamos a veces algo o alguien nos tira abajo la idea. Y locura futura... aquí vamos.

Para no terminar ‘cascaos’ antes de pegarnos el palo,  de hecho estamos leyendo mucho y tomando cursos para saber como se arma un plan de negocio.

Mi papá al que le decían ‘Coco’ y no porque era cabezón, tenía con un socio una linda confitería o pastelería de masas finas y sanguchitos de miga, en el barrio de Olivos en la Provincia de Buenos Aires, cuando yo era pequeño.
Y me contó un domingo de raviolada en familia, que un día con el socio comentaron que estaban cansados de que cuando tenían que limpiar la vereda con la escoba y la manguera tenían que sostener los dos objetos por separado. La manguera se les escapaba y se caía o lo mismo pasaba con la escoba. Imaginen sostener la escoba y la manguera que sale agua.

¡Eureka! Se les encendió la lamparita y un día se pusieron a dibujar un invento por el cual combinarían manguera y escoba en un nuevo avance del diseño industrial de los ’70. Era la bomba para todos aquellos que podían escobear manguereando a la vez…
¡¡Buenísimo!!! Agarron lápiz y papel, hicieron un plano berreta y una vez acabada la idea, dijeron: vamos a registrarlo!!
La risa de mi papá quando me contó que cuando fueron a la oficina de patentes y marcas, se encontraron con un montón de patentes registradas iguales al invento de la Escomanga o Manguescoba en el caso de que tuviera nombre.
Cuando le pregunté si se habían animado a fabricarlo, me contestó:
-¡¡Para qué Gabo, si está todo inventado!!! me dijo mi viejo.
Yo tenía 10 años más o menos cuando me contó esta historia. Y para mí esa idea era una genialidad.
La cuestión es que al día de hoy nunca ví ese invento hecho realidad. Quizás porque a nadie le interesaba un huevo hacerlo. O porque no iba a ser rentable. Pero por las dudas pícaros estaba la patente.

En el curso de Constitució d’una empresa i el pla d’empresa que hice hace un tiempo en el Viver d'Empreses de Tarragona,  un día, uno de nuestros profesores del curso, Ramón Ollé nos propuso un juego muy interesante que era un simulador de negocios que se realiza en varias universidades de aquí.

El reto era fabricar avioncitos de papel y que el negocio fuera rentable a lo largo de 3 años.
Teníamos un dinero previo, unas ciertas condiciones obligatorias de fabricación del avioncito, algunos requisitos obligatorios administrativos y de personal y de mercado, y divididos en grupos de 5 cada uno nos pusimos en plan empresa armar nuestros avioncitos.
La cuestión era que volaran y que llegaran desde un punto a otro de la sala. Si los avioncitos cruzaban la línea, el profesor que asumió el rol de El Mercado, lo compraba al precio que nosotros le habíamos puesto en base a nuestros estudios y cálculos.

Nuestro equipo llamado Plan Air (de planear... PLAN EAR ¿lo captan?), decidió que podíamos fabricar avioncitos de papel con un precio inicial muy agresivo y muy bajo. La estrategia se basaba en que descubrimos de que en una hoja A4 podían salir dos aviones y con eso, aprovechar de invertir más dinero en márketing, ya que en los primeros años consideramos que se necesita promocionar y comunicar la acción de una empresa basada en: Seguridad + Precios bajos.
Confiábamos que podíamos vender mucho más.

El primer año fracasamos. Nos pasó de todo. El segundo año logramos un 50 % de que nuestra flota pasara la línea (por cierto hemos matado a mucha gente haciendo pruebas) y el tercer año pasaron más avioncitos. Al final digamos que no nos fue tan bien. Tampoco fue un desastre total. El tercer y último año nos quedó debiendo 30.000 euros de los 400.000 que inicialmente nos habían prestado.
Imagino que cualquier empresa de capital riesgo en la vida real, si ocurriera esto, nos mandaría a Los muchachos a cobrar o a darnos la paliza. O bien nos renovaría por 3 años más con la oportunidad de devolverles los 30.000 perdidos.

Lo positivo fue que creímos en el proyecto y la idea y a pesar de estos errores si hubiéramos tenido  más suerte acompañada de mejores decisiones, quizás hubiésemos salido hechos.
Pero morimos con la nuestra.

En la vida real creemos que es difícil encontrar un Ramón Ollé que nos preste esos hermosos billetes de 400.000 euros de mentira tipo el juego Monopoly pero en este caso con el logotipo Cerveza Rosita.
Ramón Ollé es un emprendedor que fabrica cerveza artesanal. Y está muy bien que nos enseñe un tipo que se ha pegado mil veces contra la pared.

Con mi socio, estamos metidos en cuanto concurso aparece de ayuda a emprendedores, aceleradores de negocios, Business Angels (o demonios) de acuerdo a como te vaya.
No sé si nos van a dar pelota a nuestra propuesta o llegaremos a ganar tipo reality show.
Pero nada es imposible.
Lo que sí sabemos, es que necesitamos bastante dinero para que nuestro proyecto funcione como así lo soñamos.
No se imaginan. Esto cuesta una pasta increíble. Y no la tenemos. Por ahora.
Pero podemos empezar de a poco. Como lo estamos haciendo con el blog ahora. Y sumar gente.
Quizá por ahí Bill Gates o mil fanáticos de ElevenFoot se enganchen con el proyecto. No sé.

Aún así, pienso en mi viejo y su invento- ya inventado de La Manguescoba que no prosperó.

Sabemos que con nuestra revista no pretendemos reinventar la manera de contar el fútbol. Hay muchas. Más malas que buenas. Otras murieron. Otras nacen y crecen de a poquito.
Nosotros tenemos una imagen muy definida del proyecto. Les diría que casi lo tocamos con los dedos.

Pero le olemos la tinta digital.
Imaginen que están leyendo un artículo. Tocan y tienen vídeos y planos de donde está emplazado el lugar. Pueden colocar sus fotos si estuvieron allí. Y si no estuvieron... pueden conectarse y comprar un vuelo a ese lugar. Eso... es una parte. Pero lo mejor de esto es que los artículos estarán hechos por periodistas que dan gusto leerlos. De periodistas que en sus medios no pueden publicar este tipo de notas. Eso es lo bueno de la cuestión.
De hecho sabemos y no nos gusta ese periodismo marchoso donde un día Mourinho es Dios y otro Satanás que hay que sacarlo a patadas.
Estamos convencidos que las tablets serán dentro de unos años un medio donde la gente hará de todo con ellas. No sabemos si serán tablets o será una pared o una mesa de vidrio...
Desde pedir turno para el médico, buscar direcciones, hablar por teléfono… enviar datos, trabajar… leer revistas, periódicos y libros… Pero me dirán: eso ya lo hace mucha gente ahora.
¿Todos lo hacen? No todos. No todos como si fuera algo normal de todos los días.


¿Y  fútbol internacional? También aparecerán revista de todo tipo y en tablets. Incluso nos ganarán de mano aquellas empresas editoriales con más recursos que pueden hacerlo.

Y mi viejo Coco desde arriba, me sigue diciendo: Gabo... está todo inventado.

Pero yo le diría. Sí papá. Aunque esté todo inventado. Esta es la mía y lo voy a intentar.

Elevenfoot.com

Síganme los buenos.
También estamos en Twitter: @Eleven_Foot



Clemente el relativizador


Por Marcos Moreno T.
Periodista español. 
Vive en Barcelona. 
Corresponsal del Diario Sport en Sta. Coloma de Grnet.
Encargado de sección ‘Tercera’ en www.lajornada.cat. 
Colaborador en Saque de Honor de Radio Alternativa Barcelona. 
Ex Don Balón
Ex Radio Marca Barcelona.


La cultura que ingerimos desde que nacemos, desde que papá y mamá nos explican el primer cuento entre los barrotes de una cuna, la absorbemos mejor cuando el narrador contrapone a sus protagonistas y los divide en buenos y malos. Cuanto menos, en enemigos. Una dulce e inocente niña es más dulce cuanto mayor es la boca del lobo. Ya más creciditos, nuestro superhéroe preferido es mucho más fuerte y admirable si su antagonista es malévolo y despiadado. En muchos trabajos, la unión entre compañeros se consolida con el enemigo común de un jefe déspota, sea su mezquindad hipérbole legendaria o “fruto de la falta de sexo”, como tienen a bien decir los más asqueados del trabajo. Definitivamente, nos gusta pensar que hay malos y punto. Los hay que tiran incluso hacia la idea hobbesiana de que la naturaleza nos hace malos a todos; Plauto ya lo explicaba en La comedia de los asnos.

Resulta curioso entonces que el entrenador al que toda España ha escogido en las últimas décadas para personificar al Diablo sea conocido como Clemente, pues la clemencia se le debe de suponer con su familia y nada más. Como todo el mundo conoce, Clemente empezó a pisar fuerte en esto de la cultura popular cuando surgió el primer antagonista que fue capaz de aguantarle dos rounds: Manolo Sarabia. Ya había pisado con fuerza el césped, donde se hizo un habilidoso héroe hasta que Marañón le hiciera mártir con una durísima entrada. Si el baracaldés hubiese sido un músico, habría empezado a vender discos a partir de aquella acción pero, como era futbolista, debió meterse a míster para no caer en el olvido.

Así las cosas, Clemente apenas superaba la treintena cuando se hizo cargo del primer equipo del Athletic y expuso una afirmación que hoy a muchos les sorprenderá leer: “El equipo saldrá a morir, a ganar todos los partidos: yo no entiendo eso de salir a empatar o a perder por la mínima”. La frase la recogía el periodista Patxo Unzueta el día 1 de julio de 1981. Si bien es cierto que los años cambiaron sensiblemente su forma de ver el fútbol, lo que podría parecer una contradicción entre palabras y hechos no es sino la demostración de su ecléctica personalidad. Ese ser tan 'oscuro' fue joven un día y pensó como la mayoría de los aficionados. 



“El equipo saldrá a morir, a ganar todos los partidos: 
  yo no entiendo eso de salir a empatar o a perder por la mínima” 
  
Javier Clemente Dixit (01/07/1981)


Tal vez tener más experiencia que la mayoría de nosotros le haya hecho aprender cómo se debe jugar cuando se tienen según qué herramientas. Hace poco, tras fichar por el Sporting de Gijón, ha manifestado: “No tengo tiempo para pensar en cómo jugar bonito”. Eso es todo, algo se lo impedirá, pero no renuncia a ello de por vida, a pesar de que está viciado y sería complicado verle cambiar.

El principal problema del de Baracaldo con la opinión pública es que rompe tópicos. Obvia el contexto y se centra en el hecho. No dudó en afirmar que los mejores no tienen por qué jugar de inicio, que a veces es más provechoso sacarlos al final, cuando el resto de los compañeros ya han realizado un trabajo menos vistoso pero necesario y el rival se ha desgastado. Esos fueron sus primeros conflictos con un Sarabia que desde el banquillo no entendía nada, aunque luego se acrecentarían y tirarían por otros derroteros. Hace unos días, antes de conocerse su fichaje por el Sporting, afirmó en la revista Quality Sport que Bielsa no ha ganado nada aún, que Guardiola no sería considerado el mejor del mundo en el Zaragoza, que le gustaba más su selección española que la actual y, ojo al dato, que por echar a Preciado no iba a cambiar nada en el Sporting. Todas esas afirmaciones excepto la última tienen dos cosas en común: 1- Las utilizó para tener razón, como todo aquel que argumenta, por lo que las interpreta como más le conviene. 2- Son verdad desde ya, y eso es innegable por muy absurdas que puedan parecer. Ahora ha de luchar para que la última no sea verdad a final de temporada.Y así, darse el gusto de volverse a contradecir, por una buena causa.

Eso es Clemente, una persona que dice lo que piensa y además dice verdades. Por eso asusta y por eso es el malo de la fábula para casi toda España y gran parte de la prensa.