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¿El Barça con doble pivote? Sí, ¿porqué no?


 

La variante Song

Por Rodolfo Chisleanschi (La voz del Rioba)

“Dejar la portería a cero es una de las cosas que tenemos que mejorar”, dejó caer ayer Jordi Roura en la sala de prensa de Granada tras la enésima victoria del Barcelona y el gol número 27 recibido por Víctor Valdés en Liga, los mismos que lleva en su contra el Osasuna, por poner un ejemplo.

El dato pasa un poco desapercibido gracias a los números estratosféricos de la delantera blaugrana en general, y de Lionel Messi en particular, pero es lógico que preocupe al cuerpo técnico del cómodo líder del torneo español. Sobre todo porque en las próximas tres semanas esperan al Barça compromisos que se miden por la delicada vara de un gol, y no por el recorrido de una larga temporada.

El doble enfrentamiento en Champions ante el Milan y la revancha de la semifinal de Copa del Rey contra el Real Madrid obligarán a corregir los indudables problemas defensivos que tiene la versión 12-13 del equipo que dejó Pep Guardiola y dirige el tándem Vilanova/Roura.

Y en este sentido cabe preguntarse si se habrán planteado alguna alternativa en un intento por disimular desde lo táctico las falencias que puntualmente pueden ocurrir desde lo individual. Porque está claro que ni Dani Alves, aunque su rendimiento está en alza, ni Javier Mascherano, ni Carles Puyol, a quien las lesiones impiden alcanzar un ritmo sostenido de competición, pasan por sus mejores días.

¿Qué hacer entonces para ir al Giusseppe Meazza o defender el 1-1 de Copa obtenido en el Bernabéu sin exponerse más de la cuenta a goles que pueden dejar fuera de combate al máximo favorito en ambas competiciones? La respuesta al interrogante podría tener dos fases. La primera pasa por una decisión filosófica que deben tomar sus regidores: hasta dónde este Barcelona representante de la estética y el purismo es capaz de sacrificar un mínimo porcentaje de su estilo para proteger algo más sus espaldas. Solo si la respuesta concede una posibilidad en ese sentido será posible pasar a la segunda parte.

Y esta se resume en un nombre: Alexandre Song. Hasta hoy, y desde su llegada, el camerunés ha contado relativamente poco, más aun si se mira el coste de su fichaje (19 millones de euros). Puede entenderse como normal, dado el período de adaptación que se necesita para rendir con garantías en un equipo con un juego tan peculiar como el del Barça, y en un puesto vital y de máxima exigencia como el de medio centro. Le pasó a Mascherano, que contaba con el idioma a su favor, hasta que Guardiola le encontró acomodo en el fondo de la defensa.

Pero con más de media temporada transcurrida, y sobre todo después de ver su actuación de la semana pasada frente al Getafe, quizás haya llegado el momento de mirar a Song y contemplar la posibilidad de incorporarlo al centro del campo junto a Sergi Busquets. ¡¿El Barça con un doble pivote?! Sí, ¿por qué no? Cualquier equipo, incluso el catalogado como el mejor de la Historia, tiene la obligación de cambiar, de evolucionar y adaptarse de la manera que crea conveniente a los momentos y circunstancias que vive durante la competición.

En definitiva, un centro del campo con Iniesta, Song, Busquets y Cesc (o Xavi, si se recupera a tiempo) no difiere demasiado al que forman estos mismos hombres con Xabi Alonso en lugar del camerunés en la Selección de España, y tras la última Eurocopa ya nadie se rasga las vestiduras al respecto. Más aun, una alineación con los cinco nombrados y Messi imitaría fielmente a lo que hace Vicente Del Bosque cuando decide jugar sin un delantero centro nato. No lo hará el Barça, que siempre apostará por mantener a Pedro o Alexis para abrir el campo, pero vale la aclaración.



Con el aporte de Song, el Barça ganaría un efectivo a la hora de cortar las contras rivales, un hombre corpulento para la lucha de balones aéreos y con sentido táctico para cubrir las espaldas de Alves o Jordi Alba, o incrustarse en el ábusquets-scoring-1-0-barcelona-against-chelsea-2012-el-pais-pierre-marcourea de Valdés cuando los centrales deban acudir a tapar vías de agua en las bandas. ¿Y qué perdería? Muy poco en el control del juego, porque el adelantamiento de Busquets sería suficiente para mantenerlo, y tampoco mucho en la llegada, ya que en lugar de Cesc o Xavi sería el espigado Sergi quien pisaría la zona de riesgo rival con más frecuencia.

La diferencia más notable de la presencia de un doble pivote sería, tal vez, la pérdida de un juador más adelantado para el inicio de la presión defensiva en campo rival, algo que la actual versión del Barça en realidad solo realiza como respuesta inmediata a una pérdida de balón en ataque. Cabe preguntarse, en todo caso, si esa presión adelantada es lo que más conviene en un partido de ida en Milan, o en una revancha con resultado a favor frente al Real Madrid.

Si no es así, quizás la variante Song debería ser tenida en cuenta. Vilanova/Roures tienen la palabra.

Entrevista a Julio Maldonado, Maldini

“EL HINCHA, LA GENTE EN GENERAL, NO SABE DE FÚTBOL”

• Una charla con Rodolfo Chisleanschi para La Voz del Rioba sobre la pasión y el amor por el juego más popular del planeta
 

• Estilos, jugadores, entrenadores; el negocio, la cultura y el papel del periodismo

Julio Maldonado, Maldini

Esta no será una entrevista al uso, sino más bien una charla, reposada y franca. Porque además de compañero de profesión, Julio Maldonado, Maldini, es amigo, y con él compartimos –o disentimos- sobre puntos de vista y análisis de un juego que a ambos nos atrapa. Desde ese conocimiento mutuo surgió esta conversación bien futbolera, que toca varios palos: el juego, la pasión, el negocio, el periodismo…
 

–Te conozco desde hace años, y hay algo que siempre me ha llamado la atención: tu capacidad para mantenerte al margen de la pasión del fútbol, alejado de las cuestiones partidistas, de clubes y camisetas, ¿es realmente así? 
–Sí, y mucha gente no me cree. Yo juro que me apasiona el fútbol, pero ningún equipo en particular, y aunque lo pretenda, no soy capaz de emocionarme durante un partido con la victoria de uno u otro. Me puede emocionar porque me gusta como juega o porque lo merece, pero no por sus colores.

–Pero todos fuimos hinchas de un club alguna vez… 

–De pequeñito iba a ver más al Madrid, pero tal vez me pase como a los ginecólogos, que de tanto ver mujeres las miran con otra óptica. En mi caso, de tanto ver partidos, disfruto muchísimo del fútbol, pero fuera de la locura por un club; cosa que por otra parte ocurre cada vez con más frecuencia en el periodismo español y que considero un error. Profesionalmente me interesa que ganen los equipos y la Selección española, pero desde el punto de vista futbolístico si hay un equipo que juega mejor o que me apetece ver y elimina a un equipo español, no me supone ningún problema.

–No negarás que es raro, porque el acercamiento al fútbol es prácticamente siempre muy pasional y siempre a través del amor a los colores de una camiseta, ¿el tuyo desde dónde llega? 

–Desde la obsesión por conocer el juego en profundidad. Tiene mucho que ver con que a mí siempre me gustó centrarme en el fútbol de fuera, no en el de aquí. Estamos hablando de hace muchos años, cuando ver un partido de la Liga inglesa era prácticamente imposible. Ya entonces me interesaba un aspecto del fútbol que no le interesaba casi a nadie. Eso ha hecho que no me metiera en la pasión popular del común de la gente. Y por otro lado, yo tengo una mirada digamos que más ‘científica’ que un hincha normal, me gusta analizar los partidos por dentro, y eso me hace ser más un cirujano que un hincha.

–Digamos que es una pasión por el juego en sí mismo. 

–Exacto. Si para que en una final de Copa de Europa se enfrenten dos estilos muy diferentes es necesario que eliminen en semifinales a un equipo español, no me importa para nada, porque eso me va a permitir ver el partido que me apetece.

–¿El fútbol da para hacer una disección tan minuciosa?
 

–Yo creo que sí. Tiene tantas formas distintas de jugarlo, hay futbolistas tan diferentes… Muchas veces disfruto de un partido solo por ver el marcaje individual de un jugador a otro; o me encanta descubrir la aparición de un futbolista.
 

Radamel Falcao, en la selección sub-20 de Colombia
El otro día estuve viendo un partido del Sudamericano Sub-17 del 2001 porque ahí jugaba Falcao, pero lo hacía bastante retrasado por izquierda. A mí esas cosas me fascinan, porque me permite saber cómo han ido evolucionando los jugadores, cambiando su posición, aprovechando sus características; cómo algunos se han hecho vagos y se han acomodado a posiciones en las que trabajan menos…

–¿Y cuántas imágenes, cuántas horas de dedicación al día son necesarias para ser un cirujano? 

–No tantas como parece. Hay que saber elegir los partidos. Ten en cuenta que el 90%  lo veo grabado; en directo, solo los que hago en la tele o en la radio. Entonces, no dedico dos horas a un partido, sino como mucho una, porque voy pasando rápido tramos que no me interesan, voy viendo un rato del primer tiempo y otro del segundo… Si sabes lo que ha sucedido vas buscando lo que quieres.

–Cuando te conocí, allá por los 90, te veía como un experto en jugadores, ahora ya no. ¿Notas que has evolucionado en este aspecto? 

–Sí, es lógico, por el trabajo y por la edad. Puede ser que cuando era más pequeño conociera más jugadores que ahora; porque ahora me dedico a analizar el partido en sí. Creo que me he reciclado en ese sentido y me ha venido muy bien.

–¿En qué medida te ha ayudado o influenciado la evolución que ha tenido el fútbol español en los últimos 20 años? 

–Más que nada, me ha ayudado la evolución de la Selección, sobre todo a entender el fútbol que a mí me gusta. Porque si bien no soy de ningún equipo, sí soy de un tipo de juego. Admiro todos, acepto todos, creo que todos son útiles, pero me gusta mucho más el fútbol de toque, el fútbol del Barcelona. Me dirán, ¿y a quién no le gusta este Barcelona, que ha sido la máxima expresión de fútbol de la Historia, con y sin balón? Bueno, yo disfruto con ese estilo, que es el que le ha hecho ganar todo a la Selección, incluso aunque no sea tan bien jugado.

–Siempre hay gente que lo discute… 

–Sí, y que dice que el toque es aburrido. No sé, como todo en la vida, el fútbol hay que medirlo a largo plazo. Y un equipo que domina un partido puede perderlo, o perder dos, porque es un juego muy caprichoso: Suiza le ganó a España en Sudáfrica 2010. Pero a la larga, los equipos que tienen más el balón, que dominan, ganan más. Y el que no hace eso es porque no puede, no porque no quiere. El que afirma que prefiere dejarle el balón al contrario y salir a la contra es porque sabe que su equipo no puede tenerlo, y lo adapta a lo mejor que pueda hacer, a las virtudes que posea, pero no es una filosofía en sí misma. El ideal del fútbol es tener la pelota.

–Hagamos “futurismo futbolístico”, ¿tiene todavía capacidad de evolución el juego? 

–En cuanto al reglamento, no. Y tampoco le veo un gran margen de mejora en el juego. Hay algunas clases de futbolistas que se están perdiendo: medios centros creativos tipo Redondo, por ejemplo. También los extremos y los mediapuntas, los “enganches”. Son tres figuras fundamentales para jugar bien al fútbol y se están perdiendo. Los tres centrales se están cargando a los extremos y ese es un problema muy serio para el fútbol.

–Y tácticamente hablando, ¿habrá vida después del Barça de estos años? 

–Mmm… Inmejorable es una palabra muy dura y la perfección no existe, pero creo que si alguien ha alcanzado esa perfección es este Barça, y para mí es inmejorable. Yo no he visto nada igual, con el balón y a la hora de recuperarlo, porque sus altísimos porcentajes de posesión se deben fundamentalmente  a que es capaz de recuperar el balón cerca del área rival. Para mí es insuperable, porque además ha tenido una serie de jugadores, auténticos cracks, que han llegado en el momento justo.

–Y tiene a Messi…  

–Aunque no lo creas, he hablado con algunos entrenadores que aseguran que Messi perjudica al Barcelona. No estoy de acuerdo, pero entiendo lo que dicen. Ellos sostienen que para que Messi meta 40 goles, el equipo deja de meter 50, porque le da todo el mando a Messi y juega sin delantero centro. Para mí, cuando tienes un jugador así debes adaptarte a él. Porque la mejor versión del Barça es esta de Messi y no hay discusión.

–¿Y le has preguntado a esos entrenadores qué hubieran hecho si hubiesen tenido a Messi en sus equipos? ¿Lo hubieran echado para quedarse con Ibrahimovic? 

–No, aunque estoy seguro que al final estarían de acuerdo con nosotros.

–Pero al menos en Madrid hay una parte importante de la prensa deportiva a la que le cuesta mucho aceptar ese predominio del Barça. 

–Es un tema puramente comercial. Aquí interesa el Madrid, y si el Madrid no puede ganar, lo peor que puede ocurrir es que además gane el Barça. Todos los problemas institucionales del Madrid surgieron porque dominaba el Barcelona. Si hubiese sido el Valencia, no pasaba nada. Y lo mismo sucedería en Barcelona. Es así, una manera de ver el fútbol que hay que aceptar. Pero más allá de todo, incluso de la última Liga que ganó el Madrid, la sensación mundial de que el gran equipo es el Barcelona es una realidad que nadie puede evitar.


Con el correr de los años, Maldini se ha convertido en una referencia de la prensa deportiva española. Casi 350.000 seguidores en Twitter lo convierten en uno de los líderes de opinión. Su programa semanal en Canal +, Fiebre Maldini, mantiene su estándar de calidad pese a estar alejado de las estridencias y las polémicas que nutren a muchos otros espacios sobre fútbol, en televisión y radio. Por eso es interesarte escuchar sus palabras, también acerca de todo aquello que envuelve el universo del más popular de los juegos.

–¿Crees que el hincha común sabe de fútbol? 

–No. Estoy convencido que, si hablamos en términos muy generales, la gente no sabe de fútbol. Puede saber de su equipo, le gusta que gane, pero francamente hay muy pocos hinchas comunes con los que podrías tener una charla de fútbol en profundidad. Twitter me ha dado la mejor pauta en ese sentido. Cualquier cosa que pongas sobre el Madrid o el Barça, te contestan los fanáticos y es imposible razonar con ellos.

–¿Los medios de comunicación ejercen alguna influencia en ese sentido? 

–Porque podrían tener una función más “docente” a la hora de explicar un partido sin fanatismos, o sin pasarse una semana hablando sobre si una jugada fue penalti o no. Eso influye, pero al final si sabes elegir el medio que quieres también encuentras buenos análisis en profundidad. La gente elige lo que más le gusta. El aficionado medio es en general vago, ni siquiera quiere conocer más. Exagerando un poco, la que predomina es la imagen típica de los que manejan las hinchadas en los fondos, esos que se ponen de espaldas al partido, porque en realidad el partido en sí les importa muy poco.

–Pero da la sensación de que hay muchos periodistas que también les importa muy poco. 

–Sí, probablemente. Ni les interesa ni dedican su tiempo a ver un partido de la Liga argentina o del Milán o de lo que sea. Porque les gusta una parte del fútbol que tiene muy poco que ver con el juego, como el hecho de polemizar toda la semana. La polémica me parece importante, se debe hablar de si una acción fue o no penalti, pero como mucho hasta el lunes, y ya… En ese sentido, hay un sector del periodismo que no lo hace demasiado bien. Y da más carnaza a los aficionados a los que en realidad no les importa el fútbol.

–La verdad, no te veo participando en uno de esos programas tipo “periodismo rosa”, aunque centrados en el fútbol… 

–A ver, nunca se puede decir “de esta agua no he de beber”. Pero salvo que tuviera una necesidad económica realmente acuciante, no me veo en una de esas tertulias. Me resulta impensable.

–¿Y qué te parecen? 

–No me gustan. Las respeto mientras no se metan con nadie. Pero no creo que el fútbol sea eso ni creo que aporten nada al fútbol. Y además es hacer televisión muy fácil: poner a cinco personas hablando, hablando y hablando. Pero volviendo a cómo es el aficionado común entiendo que la gente los vea y hable de ellos.

–En definitiva, son parte del negocio, del show, que por otra parte es una de las críticas que recibe el fútbol, su carácter de negocio alejado del juego que fue adquiriendo con el tiempo. 

–Yo estoy dentro del negocio, porque vivo de él. Las televisiones invierten mucho dinero y nosotros también contribuimos. Pero me parece que se debe establecer un límite. No se puede hablar bien de un equipo porque el negocio lo exige.

–Y cuando el negocio se hace oligopólico, como en España, donde dos equipos se llevan el porcentaje mayoritario de la tarta, ¿no amenaza con acabar con la gallina de los huevos de oro? 

–Amenaza con cargarse la competitividad, y eso a la larga va contra el negocio. Se está produciendo un hecho que veremos este año y ya es el colmo, aunque en cierto modo también lógico. Hay tanta diferencia entre el Madrid y el Barça con los equipos de la parte media-baja de la tabla, que cuando juegan contra ellos ponen suplentes porque dan el partido por perdido. La famosa frase, “esa no es nuestra Liga” puede hacer que el fútbol pierda bastante interés, porque por mucho que te guste el Barça, cuando se pone 4-0 ya desconectas del partido.

–¿Cabría poner límites de algún tipo para evitar este dominio de dos clubes sobre el resto?

–Se podría pero es difícil. Habría que estudiar todo el tema de la libertad de mercado y esas cosas. Si tú abres un restaurante y tienes dinero para montar además un show musical por qué van a impedírtelo. Creo que es prácticamente imposible.


Luca Modric
Otro fenómeno que se está produciendo es que los clubes más poderosos fichan jugadores solo para que no los tengan los rivales, aunque después no jueguen demasiado, y eso te impide ver futbolistas de primer nivel. Es el caso de Modric. En el Madrid jugará bastante, pero sería indiscutible en el 100% de los partidos en el 90% de los equipos del mundo, y nos lo estamos perdiendo. Pasa lo mismo en el Manchester City.

–¿El aficionado tiene algún tipo de peso en todo esto, tiene voz a la hora de decir lo que quiere? 

–Debería, pero volvemos a que tampoco posee el criterio como para tenerlo. Al aficionado medio le da igual cómo juega su equipo. Si yo fuera dentista y socio de un club X y pagara todos los meses por un espectáculo que es horroroso, porque juegan muy mal y me aburren, haría algo, como mínimo dejaría de ir. Y si se hiciese un frente común para ver un buen espectáculo intentaría protestar. En tal caso, el aficionado podría tener bastante peso. Si en un club X la gente dejase de ir al campo en masa porque los partidos son un coñazo, a lo mejor el equipo cambiaría su manera de jugar.

–Pero ahí, como en tantos otros aspectos de la sociedad, la gente se queja cuando el hecho le afecta de manera individual. Si le tocan el bolsillo o el trabajo. Y en el fútbol, solo cuando el equipo pierde.  

–Exacto. Si gana, da igual y ahí está el error. Yo puedo entender a los fanáticos, y para nada utilizo la palabra ‘fanático’ de manera peyorativa. El tío que quiere que su equipo gane a toda costa, aunque sea con un penalti regalado, pues sí. Pero el aficionado medio debería pedir que su equipo le divierta, porque si no, no tiene ningún sentido. ¿Qué le da a un dentista del Independiente de Avellaneda que gane su equipo? Una alegría momentánea, un rato, pero lo suyo sería disfrutar con algo, ¿no?

–¿El fútbol es parte del business o un hecho cultural? 

–Un poco de todo. Para mí también es un hecho cultural.

–Sin embargo, la idea de que el fútbol es parte de la cultura del último siglo y medio no acaba de cuajar. 

–Creo que tiene que ver en cómo ve el fútbol cierta parte de la cultura, porque siempre existió la etiqueta de que es algo para el vulgo, para la gente inculta, para los que no leen. Y eso es mentira. Hay de todo. Pero eso está empezando a cambiar, creo. El hecho de que la cultura se vaya acercando al fútbol ayuda mucho. Hay escritores como Mario Benedetti y varios más que se han declarado hinchas de fútbol.

–En la literatura tal vez sí, pero en general no se acepta esta idea de que el fútbol sea parte de la cultura de un pueblo. 

–Tal vez sí en Brasil, en Inglaterra o en Argentina, pero nada más. Nadie incluye un museo de fútbol dentro de un paseo cultural por una ciudad. Y es un error. Una de las máximas expresiones culturales en la España de los últimos tiempos han sido los triunfos de la Selección. No tengo ninguna duda que si tuviéramos la camiseta con la que Iniesta metió el gol de la final en Sudáfrica, formaría parte de un museo de la Historia de España tanto como el uniforme que llevaba el Rey Juan Carlos el día que salió por televisión para echar abajo el golpe de Estado del 23F.

–Claro, por eso es llamativo que le cueste tanto al fútbol traspasar esa frontera, y se quede solo en ocio, en divertimento o en negocio. 

–Sin dudas. Yo siempre digo que hay solo dos cosas que pueden vaciar una ciudad: un bombardeo y un partido de fútbol. De la misma manera que un triunfo futbolístico puede sacar uno o dos millones de personas a la calle. Quien diga que eso es no un movimiento cultural está equivocado.

Por Rodolfo Chisleanschi

¿Qué tal un Balón de Platino y Diamantes?


Leo a Mou y veo a Lio.

Parece un trabalenguas, pero no lo es. Dice José Mourinho que sería un crimen no darle el Balón de Oro a Cristiano Ronaldo, y no le faltan razones.
Pero entonces aparece Messi, los domingos, los miércoles, los viernes, el día que juegue y, mal que les pese a quienes enseñan esa carta como talón de Aquiles, también vista la camiseta que vista. Porque si vale el dato, en este 2012 lleva marcado 11 goles en 7 partidos con Argentina -los dos últimos anoche, contra Uruguay, por las Eliminatorias para el Mundial 2014- y todos sirvieron para ganar esos encuentros. Si también contáramos las asistencias o la participación en las jugadas ofensivas de su Selección, hayan terminado en gol o no, la estadística sería aún más apabullante.

Surgen los que piden el Balón de Oro para Casillas, Iniesta o Xavi, y tampoco están escasos de argumentos, por trayectoria y sapiencia en los casos de Iker y el “cerebro” del Barça; por genialidad y oportunidad para aparecer en instantes decisivos si se habla del “mago” de Fuentealbilla.

Pero entonces aparece Leo, con su regularidad insultante, los sábados, los martes, los jueves… refrendando partido tras partido aquella sentencia de Pep Guardiola, cuando dijo que “siempre juega bien”.

Es por eso que desde el título planteo una sugerencia: que se cree un Balón de Platino, o de Diamantes, o de ambas cosas. Y que por supuesto se le entreguen a Messi. Uno por año o uno definitivo, ya para siempre, y así nos olvidamos de las discusiones.

Entonces, y solo entonces, habrá espacio para repartir Balones de Oro entre los demás. Porque sin duda los merecen Cristiano, Iniesta, Casillas, Xavi y tal vez algún otro. Porque son fenómenos indiscutibles, cracks superlativos. Pero han tenido la desdicha de coincidir en el tiempo con el mejor deportista en la Historia de este juego. Con un chico que aprende y mejora temporada tras temporada, que no deja de progresar nunca, que agranda su repertorio al mismo tiempo que su radio de acción y su presencia como líder en los equipos donde juega, que protesta y se enfada cuando sus compañeros no le comprenden y festeja los goles como se festejan en el potrero, con el grito espontáneo y expulsando la rabia, sin perder el tiempo en poses artificiales ni escenografías preparadas de cara al negocio de la TV. Porque vive el fútbol con la misma pasión y alegría que cuando tenía 10 años, pero que lo entiende a la perfección y lo ejecuta como nadie.

Inventen otra cosa señores de la FIFA y France Football, porque mientras no lo hagan seguiremos asistiendo a debates estériles y reclamos inútiles. Llegará enero, habrá una gala y el Balón de Oro, año tras año y siempre con absoluta justicia, se irá para Rosario.
Porque en realidad, con la cabeza fría y el fútbol en la mano, hay muy poco que discutir.

Artículo Publicado el

Por Rodolfo Chisleanschi


Puyol, el pundonor y la sabiduría


Ayer lo vimos todos por televisión y como yo y muchos, nos quedamos impresionados con la estrepitosa caída y la lesión que ha tenido el 5 del Barça Carles Puyol frente al Benfica por la Champions que le dejará fuera de competición por 4 semanas. Ayyy que dolor!

Luego de leer toda la prensa deportiva por la mañana, me encuentro con este artículo publicado en La Voz del Rioba, el blog que escribe y edita mi querido amigo Rodolfo Chisleanschi y que recomendamos seguirlo. Tanto nos gustó este artículo que enseguida lo retwitteamos y pensamos -la puta, que buen artículo para Eleven...
Ring ring... Nos llama Rodolfo a la redacción y me dice Che... ¿no te gustaría publicarlo?  Y claro! estamos conectados!
Allá vamos y también irá en Catalán en nuestro canal tarraconense.



Cuenta la anécdota, o la leyenda, que en los tiempos en los que compartían plantilla bajo las órdenes de Louis Van Gaal, un día  Juan Román Riquelme se dirigió con toda su seriedad y respeto a Carles Puyol, ya por entonces ídolo de buena parte de la hinchada del Barça, y le preguntó: “¿Me podés explicar por qué jugás así?”.

El “así”, en el particular idioma riquelmiano, significaba con semejante fragor, trabando cada balón con el hígado si fuese necesario, entrando en cada jugada como si fuera la última o la más importante de su vida, incluso en los entrenamientos, aunque incluía también una velada crítica al peculiar estilo del Tarzán de Puebla del Segur, totalmente en las antípodas del practicado y defendido por Román.
Lo cierto es que su manera de vivir y entender el fútbol, ese pundonor a prueba de balas, ha llevado a Puyol a la cúspide del fútbol. Ganador de cuanto título se pueda obtener, su carrera resulta tan intachable como evidiable. Pero Riquelme, que habla poco pero posee un criterio futbolístico tan indiscutible como la energía del capitán del Barça, apuntaba hacia otro lado con su maliciosa pregunta.

Según él, y según la opinión de los futboleros más puristas, los grandes defensas, los que entienden el juego y conocen el puesto hasta sus últimos detalles, son aquellos que logran controlar el tiempo y el espacio. Ese dominio de elementos tan insustanciales les permite anticipar cada acción, cada pelotazo cruzado, cada cruce, sin necesidad de esfuerzos extraordinarios, choques impetuosos o arriesgadas barridas por el suelo. Son, en definitiva, los pocos que pueden completar una gran actuación sin embarrarse los pantalones; los que de verdad saben…

Carles Puyol, sin dudas, ha progresado mucho. A lo largo de la docena de años en la élite fue mejorando a medida que iba conociendo los secretos de su oficio. De ahí su perdurabilidad, tanto en su club como en la Selección. Sin embargo, y como la perfección es difícil de alcanzar, sigue privilegiando el pundonor por encima de cualquier otra cualidad, y en cualquier circunstancia del partido o sector del campo en que se encuentre. Dicho de otra manera, no ha logrado que su sabiduría le lleve a ahorrar los esfuerzos, controlar los choques y moderar los riesgos. Y a determinada edad, cuando el cuerpo empieza a acumular el desgaste de tantas batallas, el precio por ese déficit se paga con lesiones, cada vez más frecuentes, cada vez más insólitas.
Porque cuando camina hacia los 35 años, el gran Carles Puyol todavía debe una materia en la universidad del fútbol: la del manejo de los tiempos y los espacios. Seguro que todavía le quedan energías para aprobarla.

Por Rodolfo Chisleanschi
La Voz del Rioba