Por Marcos Moreno Teruel
–Eres muy activo en las redes sociales. ¿Qué uso haces y qué provecho sacas de ellas?
Es sencillo. No es para influir a nadie, no es para nada en especial. Quizá hay una parte que es para dar a conocer la ropa que diseñamos mi novia y yo. Pero lo que escribo yo como Jacinto es para que otras personas vean que no están solas. Para que los que piensan como yo, los que no piensan igual que el mundo, vean que no están locos, que somos muchos. Todo lo que me pasa por la cabeza lo reflejo ahí y creo que eso es más interesante que fotos mías haciendo cosas.
–Ahora que hablas de vuestra ropa. Leído el manifiesto Malabona se extrae que las camisetas que diseñáis las hacéis por placer.
–Sí, por placer y por negocio. Es una de esas profesiones que sientes que podrías hacer incluso gratis. En Malabona hemos conseguido esa sensación aunque no sea una profesión a tiempo completo. Esa es la gracia de Malabona, que además es una terapia. Las cosas las tienes que hacer en primer lugar para ti mismo. Después, si la gente te empieza a pedir diseños dices: “Bueno, no está mal cobrar por algo que te gusta”. Se tendría que vivir de lo que te apasiona, eso no tiene precio.
–¿Y eso está cerca o lejos?
–Es difícil porque ropa puede hacerla cualquiera. No sé si está lejos o cerca pero vamos haciendo y vamos dando una parte de nosotros. A la larga, si te apasiona y te va yendo bien, puedes llegar a encontrarte viviendo de eso. Pero tienes que dar el salto, tomártelo más en serio, reducir tu trabajo de día y meterte de lleno en lo otro, y por tanto asumir riesgos. Ahora estamos en una postura muy cómoda: no arriesgamos mucho, ganamos algo y no le cogemos asco. Porque a veces, cuando algo se convierte en tu sustento, puede pasar de pasión a obligación. Pero creo que no se daría el caso.
–¿Cómo describirías las prendas?–Empezamos haciendo lo que la gente nos pedía, dándole nuestro toque, y ahora estamos empezando a tirar por el estilo de los estampados africanos. Malabona viene de Malabo (capital de Guinea Ecuatorial) y Barcelona. Este estilo étnico se lleva mucho en otras partes de Europa, incluso en grandes firmas, pero en España todavía no está muy popularizado. Creo que pega mucho con nuestras señas de identidad, aunque seguiremos haciendo otras cosas que nos pide la gente. Pero aunque a lo demás le damos nuestro toque, lo que apetece cada vez más es hacer cosas que salen de uno mismo. Por eso los mejores son quienes hacen lo que quieren y encima lo venden.
–Hablemos de libros. Eres un devorador de ellos. ¿Por cuáles optas?
–Va por épocas. Ensayos. Filosofía. Novelas cada vez menos, porque te meten pájaros en la cabeza y para la ficción, veo películas. Los libros que se leen tan rápido son entretenidos para algunas épocas del año. Murakami me gusta mucho, porque por la forma que tiene de escribir, relata algo más que historias. Ahora estoy con filósofos africanos... Y tirando de clásicos también. Me gustan esos libros en los que lees tres o cuatro páginas y tienes que parar para digerir un montón de cosas.
–Se conoce que estudias y combates el racismo con dilección.
–La única cosa que quería hacer en el fútbol era llegar a los más alto para utilizarlo como plataforma. No quería ni la Copa del Mundo ni nada. Yo quería tener una voz, que me escuchara más gente. Siempre he tenido como ejemplo a George Weah, un ejemplo en su país durante toda su carrera. La mitad de su sueldo o más lo destinaba a causas benéficas en Liberia. Eso, para mí, no tiene precio.
–Arda Turan paga la luz, el agua y el gas de su barrio.
–¿Sí? Esas cosas hay que publicitarlas más... Eso pasa en el fútbol. Muchos jugadores hacen cosas de estas pero no se publicita, no se dice. Son capaces de anunciar sus botas Nike y no son capaces de decir que colaboran con esto. Dicen: “Es que si participas en beneficiencia no tienes por qué decirlo”. Hay que decirlo porque tú puedes ayudar a que tu causa la siga más gente. A lo mejor otro jugador piensa en hacer lo mismo en su barrio. Las cosas buenas no hay que esconderlas.
–¿Como negro de clase trabajadora has notado con los años una evolución positiva respecto al racismo?
–Sí, ha cambiado mucho. En lo que concierne a España, yo recuerdo, siendo niño, entrar en el metro y que me mirara todo el mundo. Y tener problemas para entrar en las discotecas. Ahora los problemas los tienen todos, blancos o negros. Antes no había tanta gente negra en la educación. Ahora sí, mi hermana es profesora, tengo amigos profesores, yo estoy en un colegio. Mi hermano es policía... Eso ha cambiado mucho. Yo he trabajado en una tienda y he trabajado de tripulante de trenes. Eso era impensable hace quince años. Recuerdo que en mi primer año en Inglaterra entré en una tienda y una señora me dijo: “Perdone, ¿cuánto vale esto?”. Digo: “¿Qué? Me ha confundido con un vendedor? ¡No me lo creo!” Eso en España no pasaba. Yo dejé de ir a El Corte Inglés por experiencias que he tenido de niño, porque entraba y me perseguían. No sé si eso ha cambiado porque yo no entraría ahora ni harto de vino. Ahí, por ejemplo, no trabajará un negro nunca.
–Pero si entras vestido como un negro de alto estatus social...
–Entonces te persiguen para ver si compras.
–Te gusta escribir en tu blog, en diversos medios... ¿Estas cosas dan para un libro? ¿Te lo planteas?
–Estoy escribiendo uno. Se llama “Cómo ser negro en España”. Me centro básicamente en los guineanos. Somos gente que está integrada y tenemos la misma cultura porque España fue la metrópolis. Compartimos idioma, muchas costumbres... Sin embargo, no tenemos el estatus que pueden tener otras comunidades como la pakistaní, la marroquí, la china... Tienen sus negocios, sus asociaciones. Quizás no lo necesitamos porque estamos integrados, pero el negro nunca es el dueño de la empresa de chapuzas, sino que es el que acompaña al dueño, aunque sabe hacer lo mismo. El negro no tiene carnicería, panadería o pescadería, y como mucho hay cuatro restaurantes senegaleses en Barcelona, con todos los países que hay en África. No pregunto el porqué a los blancos, se lo pregunto a los propios negros. Deberíamos estar más presentes. Somos muy respetados, pero porque no somos una amenaza en el tema económico.
–La palabra 'emprendedor' está de moda. ¿Qué es ser ambicioso y hasta qué nivel es sano?
–Leí en un libro que probablemente el negro africano bantú, el mayoritario, sólo busque un empleo digno, una educación y una familia. En cambio, no el reconocimiento económico como prioridad. Esa es una parte buena de nosotros, pero son trabas para crecer en un contexto capitalista. En cuanto a ser ambicioso, es exigirse a uno mismo ser la mejor persona posible. Ganar dinero está muy, muy bien, pero no debe ser a toda costa. Hay formas éticas de hacerlo, aunque ganes diez en lugar de once. Es un tópico, pero el dinero te hace prisionero. Cuando he tenido más dinero no he sido tan feliz. En Southampton me compraba ropa cada sábado, pero creo que intentaba tapar otras carencias.
–He leído en tu blog: “Al no conseguir deshacerse de la mayoría de sus zapatos, optó por echar a su hijo de casa para así tener un cuarto donde guardarlos”.
–Exacto. No es cuestión de convertirse en un ermitaño, pero las cosas que tengas, que sea porque te facilitan la vida. Te lo dice alguien que se dedica a hacer ropa.
–Obama es con frecuencia objetivo de tu ironía.
–Es una persona muy buena, pero por mucho que quiera, está dentro de una gran maquinaría que funcionaba mucho antes de su entrada, y no tiene todo el poder. Y él debe mucho a personas que le han permitido llegar ahí, a las que no puede traicionar. Me alegro de que esté allí un negro, pero tampoco es el negro que podía ser Malcolm X.
–Un referente...
–Es un referente, a pesar de que parezca más violento de lo que es. Él habló en su etapa final de la unidad de las razas, pero en EEUU cada vez que alguien habla de la unidad se le mete un tiro. Unos dicen que le mataron por violento, pero Luther King no lo era y le mataron también. Me gusta más el estilo de Malcolm X. Luther King está bien pero antes está Marcus Garvey, otro gran hombre negro, jamaicano, que luchó mucho por los negros. También se acabó con él. Fundó periódicos, compañías de transportes... Hay muchos hombres que han luchado mucho, pero la cultura negra no se conoce. Yo la estoy empezando a conocer ahora gracias al libro de Liliam Thuram “Mis estrellas negras”. Es algo que tendría que conocer todo el mundo y el negro necesita leerlo para sentir que no es simplemente un segundón. Es uno más.
–No has dejado de ir 'al cole'. Eres velador en un colegio del Raval. ¿Sigues aprendiendo?
–Repaso cosas de primaria y a la vez aprendo a entender diferentes culturas y a ser paciente. A comprender por qué algunos niños son como son, según las circunstancias que le rodean, que son de lo más diversas. Aprendo a dejar de prejuzgar.
–¿Qué te preocupa de la educación?
–Nosotros mismos. Los padres que quieren al niño perfecto pero no le dan ejemplo en casa. Si no hablas con los hijos o delante de ellos, si no te fijas en qué cosas ves en televisión, si no lees un poquito más, etc., el niño no puede ser un hacha. Es trabajo no sólo de profesores y padres, sino también de los tíos y de cada uno que pasa por la calle, porque los niños somos nosotros.
Fotos: Marcos Moreno Teruel y Jacinto Elá



Brutal. Avisadme por favor cuando saque el libro
ResponderEliminar