Entrevista a Julio Maldonado, Maldini

“EL HINCHA, LA GENTE EN GENERAL, NO SABE DE FÚTBOL”

• Una charla con Rodolfo Chisleanschi para La Voz del Rioba sobre la pasión y el amor por el juego más popular del planeta
 

• Estilos, jugadores, entrenadores; el negocio, la cultura y el papel del periodismo

Julio Maldonado, Maldini

Esta no será una entrevista al uso, sino más bien una charla, reposada y franca. Porque además de compañero de profesión, Julio Maldonado, Maldini, es amigo, y con él compartimos –o disentimos- sobre puntos de vista y análisis de un juego que a ambos nos atrapa. Desde ese conocimiento mutuo surgió esta conversación bien futbolera, que toca varios palos: el juego, la pasión, el negocio, el periodismo…
 

–Te conozco desde hace años, y hay algo que siempre me ha llamado la atención: tu capacidad para mantenerte al margen de la pasión del fútbol, alejado de las cuestiones partidistas, de clubes y camisetas, ¿es realmente así? 
–Sí, y mucha gente no me cree. Yo juro que me apasiona el fútbol, pero ningún equipo en particular, y aunque lo pretenda, no soy capaz de emocionarme durante un partido con la victoria de uno u otro. Me puede emocionar porque me gusta como juega o porque lo merece, pero no por sus colores.

–Pero todos fuimos hinchas de un club alguna vez… 

–De pequeñito iba a ver más al Madrid, pero tal vez me pase como a los ginecólogos, que de tanto ver mujeres las miran con otra óptica. En mi caso, de tanto ver partidos, disfruto muchísimo del fútbol, pero fuera de la locura por un club; cosa que por otra parte ocurre cada vez con más frecuencia en el periodismo español y que considero un error. Profesionalmente me interesa que ganen los equipos y la Selección española, pero desde el punto de vista futbolístico si hay un equipo que juega mejor o que me apetece ver y elimina a un equipo español, no me supone ningún problema.

–No negarás que es raro, porque el acercamiento al fútbol es prácticamente siempre muy pasional y siempre a través del amor a los colores de una camiseta, ¿el tuyo desde dónde llega? 

–Desde la obsesión por conocer el juego en profundidad. Tiene mucho que ver con que a mí siempre me gustó centrarme en el fútbol de fuera, no en el de aquí. Estamos hablando de hace muchos años, cuando ver un partido de la Liga inglesa era prácticamente imposible. Ya entonces me interesaba un aspecto del fútbol que no le interesaba casi a nadie. Eso ha hecho que no me metiera en la pasión popular del común de la gente. Y por otro lado, yo tengo una mirada digamos que más ‘científica’ que un hincha normal, me gusta analizar los partidos por dentro, y eso me hace ser más un cirujano que un hincha.

–Digamos que es una pasión por el juego en sí mismo. 

–Exacto. Si para que en una final de Copa de Europa se enfrenten dos estilos muy diferentes es necesario que eliminen en semifinales a un equipo español, no me importa para nada, porque eso me va a permitir ver el partido que me apetece.

–¿El fútbol da para hacer una disección tan minuciosa?
 

–Yo creo que sí. Tiene tantas formas distintas de jugarlo, hay futbolistas tan diferentes… Muchas veces disfruto de un partido solo por ver el marcaje individual de un jugador a otro; o me encanta descubrir la aparición de un futbolista.
 

Radamel Falcao, en la selección sub-20 de Colombia
El otro día estuve viendo un partido del Sudamericano Sub-17 del 2001 porque ahí jugaba Falcao, pero lo hacía bastante retrasado por izquierda. A mí esas cosas me fascinan, porque me permite saber cómo han ido evolucionando los jugadores, cambiando su posición, aprovechando sus características; cómo algunos se han hecho vagos y se han acomodado a posiciones en las que trabajan menos…

–¿Y cuántas imágenes, cuántas horas de dedicación al día son necesarias para ser un cirujano? 

–No tantas como parece. Hay que saber elegir los partidos. Ten en cuenta que el 90%  lo veo grabado; en directo, solo los que hago en la tele o en la radio. Entonces, no dedico dos horas a un partido, sino como mucho una, porque voy pasando rápido tramos que no me interesan, voy viendo un rato del primer tiempo y otro del segundo… Si sabes lo que ha sucedido vas buscando lo que quieres.

–Cuando te conocí, allá por los 90, te veía como un experto en jugadores, ahora ya no. ¿Notas que has evolucionado en este aspecto? 

–Sí, es lógico, por el trabajo y por la edad. Puede ser que cuando era más pequeño conociera más jugadores que ahora; porque ahora me dedico a analizar el partido en sí. Creo que me he reciclado en ese sentido y me ha venido muy bien.

–¿En qué medida te ha ayudado o influenciado la evolución que ha tenido el fútbol español en los últimos 20 años? 

–Más que nada, me ha ayudado la evolución de la Selección, sobre todo a entender el fútbol que a mí me gusta. Porque si bien no soy de ningún equipo, sí soy de un tipo de juego. Admiro todos, acepto todos, creo que todos son útiles, pero me gusta mucho más el fútbol de toque, el fútbol del Barcelona. Me dirán, ¿y a quién no le gusta este Barcelona, que ha sido la máxima expresión de fútbol de la Historia, con y sin balón? Bueno, yo disfruto con ese estilo, que es el que le ha hecho ganar todo a la Selección, incluso aunque no sea tan bien jugado.

–Siempre hay gente que lo discute… 

–Sí, y que dice que el toque es aburrido. No sé, como todo en la vida, el fútbol hay que medirlo a largo plazo. Y un equipo que domina un partido puede perderlo, o perder dos, porque es un juego muy caprichoso: Suiza le ganó a España en Sudáfrica 2010. Pero a la larga, los equipos que tienen más el balón, que dominan, ganan más. Y el que no hace eso es porque no puede, no porque no quiere. El que afirma que prefiere dejarle el balón al contrario y salir a la contra es porque sabe que su equipo no puede tenerlo, y lo adapta a lo mejor que pueda hacer, a las virtudes que posea, pero no es una filosofía en sí misma. El ideal del fútbol es tener la pelota.

–Hagamos “futurismo futbolístico”, ¿tiene todavía capacidad de evolución el juego? 

–En cuanto al reglamento, no. Y tampoco le veo un gran margen de mejora en el juego. Hay algunas clases de futbolistas que se están perdiendo: medios centros creativos tipo Redondo, por ejemplo. También los extremos y los mediapuntas, los “enganches”. Son tres figuras fundamentales para jugar bien al fútbol y se están perdiendo. Los tres centrales se están cargando a los extremos y ese es un problema muy serio para el fútbol.

–Y tácticamente hablando, ¿habrá vida después del Barça de estos años? 

–Mmm… Inmejorable es una palabra muy dura y la perfección no existe, pero creo que si alguien ha alcanzado esa perfección es este Barça, y para mí es inmejorable. Yo no he visto nada igual, con el balón y a la hora de recuperarlo, porque sus altísimos porcentajes de posesión se deben fundamentalmente  a que es capaz de recuperar el balón cerca del área rival. Para mí es insuperable, porque además ha tenido una serie de jugadores, auténticos cracks, que han llegado en el momento justo.

–Y tiene a Messi…  

–Aunque no lo creas, he hablado con algunos entrenadores que aseguran que Messi perjudica al Barcelona. No estoy de acuerdo, pero entiendo lo que dicen. Ellos sostienen que para que Messi meta 40 goles, el equipo deja de meter 50, porque le da todo el mando a Messi y juega sin delantero centro. Para mí, cuando tienes un jugador así debes adaptarte a él. Porque la mejor versión del Barça es esta de Messi y no hay discusión.

–¿Y le has preguntado a esos entrenadores qué hubieran hecho si hubiesen tenido a Messi en sus equipos? ¿Lo hubieran echado para quedarse con Ibrahimovic? 

–No, aunque estoy seguro que al final estarían de acuerdo con nosotros.

–Pero al menos en Madrid hay una parte importante de la prensa deportiva a la que le cuesta mucho aceptar ese predominio del Barça. 

–Es un tema puramente comercial. Aquí interesa el Madrid, y si el Madrid no puede ganar, lo peor que puede ocurrir es que además gane el Barça. Todos los problemas institucionales del Madrid surgieron porque dominaba el Barcelona. Si hubiese sido el Valencia, no pasaba nada. Y lo mismo sucedería en Barcelona. Es así, una manera de ver el fútbol que hay que aceptar. Pero más allá de todo, incluso de la última Liga que ganó el Madrid, la sensación mundial de que el gran equipo es el Barcelona es una realidad que nadie puede evitar.


Con el correr de los años, Maldini se ha convertido en una referencia de la prensa deportiva española. Casi 350.000 seguidores en Twitter lo convierten en uno de los líderes de opinión. Su programa semanal en Canal +, Fiebre Maldini, mantiene su estándar de calidad pese a estar alejado de las estridencias y las polémicas que nutren a muchos otros espacios sobre fútbol, en televisión y radio. Por eso es interesarte escuchar sus palabras, también acerca de todo aquello que envuelve el universo del más popular de los juegos.

–¿Crees que el hincha común sabe de fútbol? 

–No. Estoy convencido que, si hablamos en términos muy generales, la gente no sabe de fútbol. Puede saber de su equipo, le gusta que gane, pero francamente hay muy pocos hinchas comunes con los que podrías tener una charla de fútbol en profundidad. Twitter me ha dado la mejor pauta en ese sentido. Cualquier cosa que pongas sobre el Madrid o el Barça, te contestan los fanáticos y es imposible razonar con ellos.

–¿Los medios de comunicación ejercen alguna influencia en ese sentido? 

–Porque podrían tener una función más “docente” a la hora de explicar un partido sin fanatismos, o sin pasarse una semana hablando sobre si una jugada fue penalti o no. Eso influye, pero al final si sabes elegir el medio que quieres también encuentras buenos análisis en profundidad. La gente elige lo que más le gusta. El aficionado medio es en general vago, ni siquiera quiere conocer más. Exagerando un poco, la que predomina es la imagen típica de los que manejan las hinchadas en los fondos, esos que se ponen de espaldas al partido, porque en realidad el partido en sí les importa muy poco.

–Pero da la sensación de que hay muchos periodistas que también les importa muy poco. 

–Sí, probablemente. Ni les interesa ni dedican su tiempo a ver un partido de la Liga argentina o del Milán o de lo que sea. Porque les gusta una parte del fútbol que tiene muy poco que ver con el juego, como el hecho de polemizar toda la semana. La polémica me parece importante, se debe hablar de si una acción fue o no penalti, pero como mucho hasta el lunes, y ya… En ese sentido, hay un sector del periodismo que no lo hace demasiado bien. Y da más carnaza a los aficionados a los que en realidad no les importa el fútbol.

–La verdad, no te veo participando en uno de esos programas tipo “periodismo rosa”, aunque centrados en el fútbol… 

–A ver, nunca se puede decir “de esta agua no he de beber”. Pero salvo que tuviera una necesidad económica realmente acuciante, no me veo en una de esas tertulias. Me resulta impensable.

–¿Y qué te parecen? 

–No me gustan. Las respeto mientras no se metan con nadie. Pero no creo que el fútbol sea eso ni creo que aporten nada al fútbol. Y además es hacer televisión muy fácil: poner a cinco personas hablando, hablando y hablando. Pero volviendo a cómo es el aficionado común entiendo que la gente los vea y hable de ellos.

–En definitiva, son parte del negocio, del show, que por otra parte es una de las críticas que recibe el fútbol, su carácter de negocio alejado del juego que fue adquiriendo con el tiempo. 

–Yo estoy dentro del negocio, porque vivo de él. Las televisiones invierten mucho dinero y nosotros también contribuimos. Pero me parece que se debe establecer un límite. No se puede hablar bien de un equipo porque el negocio lo exige.

–Y cuando el negocio se hace oligopólico, como en España, donde dos equipos se llevan el porcentaje mayoritario de la tarta, ¿no amenaza con acabar con la gallina de los huevos de oro? 

–Amenaza con cargarse la competitividad, y eso a la larga va contra el negocio. Se está produciendo un hecho que veremos este año y ya es el colmo, aunque en cierto modo también lógico. Hay tanta diferencia entre el Madrid y el Barça con los equipos de la parte media-baja de la tabla, que cuando juegan contra ellos ponen suplentes porque dan el partido por perdido. La famosa frase, “esa no es nuestra Liga” puede hacer que el fútbol pierda bastante interés, porque por mucho que te guste el Barça, cuando se pone 4-0 ya desconectas del partido.

–¿Cabría poner límites de algún tipo para evitar este dominio de dos clubes sobre el resto?

–Se podría pero es difícil. Habría que estudiar todo el tema de la libertad de mercado y esas cosas. Si tú abres un restaurante y tienes dinero para montar además un show musical por qué van a impedírtelo. Creo que es prácticamente imposible.


Luca Modric
Otro fenómeno que se está produciendo es que los clubes más poderosos fichan jugadores solo para que no los tengan los rivales, aunque después no jueguen demasiado, y eso te impide ver futbolistas de primer nivel. Es el caso de Modric. En el Madrid jugará bastante, pero sería indiscutible en el 100% de los partidos en el 90% de los equipos del mundo, y nos lo estamos perdiendo. Pasa lo mismo en el Manchester City.

–¿El aficionado tiene algún tipo de peso en todo esto, tiene voz a la hora de decir lo que quiere? 

–Debería, pero volvemos a que tampoco posee el criterio como para tenerlo. Al aficionado medio le da igual cómo juega su equipo. Si yo fuera dentista y socio de un club X y pagara todos los meses por un espectáculo que es horroroso, porque juegan muy mal y me aburren, haría algo, como mínimo dejaría de ir. Y si se hiciese un frente común para ver un buen espectáculo intentaría protestar. En tal caso, el aficionado podría tener bastante peso. Si en un club X la gente dejase de ir al campo en masa porque los partidos son un coñazo, a lo mejor el equipo cambiaría su manera de jugar.

–Pero ahí, como en tantos otros aspectos de la sociedad, la gente se queja cuando el hecho le afecta de manera individual. Si le tocan el bolsillo o el trabajo. Y en el fútbol, solo cuando el equipo pierde.  

–Exacto. Si gana, da igual y ahí está el error. Yo puedo entender a los fanáticos, y para nada utilizo la palabra ‘fanático’ de manera peyorativa. El tío que quiere que su equipo gane a toda costa, aunque sea con un penalti regalado, pues sí. Pero el aficionado medio debería pedir que su equipo le divierta, porque si no, no tiene ningún sentido. ¿Qué le da a un dentista del Independiente de Avellaneda que gane su equipo? Una alegría momentánea, un rato, pero lo suyo sería disfrutar con algo, ¿no?

–¿El fútbol es parte del business o un hecho cultural? 

–Un poco de todo. Para mí también es un hecho cultural.

–Sin embargo, la idea de que el fútbol es parte de la cultura del último siglo y medio no acaba de cuajar. 

–Creo que tiene que ver en cómo ve el fútbol cierta parte de la cultura, porque siempre existió la etiqueta de que es algo para el vulgo, para la gente inculta, para los que no leen. Y eso es mentira. Hay de todo. Pero eso está empezando a cambiar, creo. El hecho de que la cultura se vaya acercando al fútbol ayuda mucho. Hay escritores como Mario Benedetti y varios más que se han declarado hinchas de fútbol.

–En la literatura tal vez sí, pero en general no se acepta esta idea de que el fútbol sea parte de la cultura de un pueblo. 

–Tal vez sí en Brasil, en Inglaterra o en Argentina, pero nada más. Nadie incluye un museo de fútbol dentro de un paseo cultural por una ciudad. Y es un error. Una de las máximas expresiones culturales en la España de los últimos tiempos han sido los triunfos de la Selección. No tengo ninguna duda que si tuviéramos la camiseta con la que Iniesta metió el gol de la final en Sudáfrica, formaría parte de un museo de la Historia de España tanto como el uniforme que llevaba el Rey Juan Carlos el día que salió por televisión para echar abajo el golpe de Estado del 23F.

–Claro, por eso es llamativo que le cueste tanto al fútbol traspasar esa frontera, y se quede solo en ocio, en divertimento o en negocio. 

–Sin dudas. Yo siempre digo que hay solo dos cosas que pueden vaciar una ciudad: un bombardeo y un partido de fútbol. De la misma manera que un triunfo futbolístico puede sacar uno o dos millones de personas a la calle. Quien diga que eso es no un movimiento cultural está equivocado.

Por Rodolfo Chisleanschi

El desamor de Llorente


Es lo que tienen los amores verdaderos, los amores con raíces. Cuando un amor verdadero fracasa, la ruptura es traumática y el conflicto se convierte en un 'conmigo o contra mí'. Los partidarios de una y otra versión tienen argumentos de sobra para excusar y para culpar, no precisamente en ese orden. Y los aficionados del Athletic son sabios pero muy cabezones. Nada importa si el muchacho ha estado mamando del Athletic desde los 11 años o si Fernando e Isabel tuvieron que renunciar pronto a ver a su niño corretear por los rincones del pueblo. Tampoco es momento de deshacerse en alabanzas hacia sus 'padres' bilbaínos, Maite (quien falleció a causa de un cáncer) y Benito. No, porque ahora él es el adulto y sus decisiones conllevan una responsabilidad de la que se impregna todo lo que podamos imaginar, lo que está bajo control y lo que no.

Los que ven crecer una estrella en Lezama saben que con muchas dificultades volverán a ver algo parecido. Las particularidades de la filosofía de los leones limitan el figureo y el estrellato. Los jugadores, los domingos (si no les colocan el partido un lunes) no salen de San Mamés en gafas de sol, ni en un deportivo tintado, ni con la ayuda de los cuerpos de seguridad. Salen por la puerta a pecho descubierto, a pie y con una sonrisa de agradecimiento a todos los respetuosos hinchas. Sí, bueno, es posible que alguno, alguna vez, se ponga un poco pesado porque le ha caído mal el txacolí. Y de acuerdo, a otro puede que le sobrara un pacharán. Pero, entre decenas y decenas, ¿con alguno habrá que tener paciencia, no? ¡Podría ser un primo lejano! O el hijo de una vecina de toda la vida. Al fin y al cabo, son admiradores y paisanos. Pues bien, esa cercanía, esa humanidad de la villa, es la que ven peligrar ahora los más críticos con el chico. A aquellos que le han puesto la mano sobre el hombro antes de que la altura del rubiales lo hiciese imposible, a aquellos que le han pagado la gasolina para que vuelva el fin de semana a Rincón de Soto, es a quienes más les cuesta asumir que la proximidad se va a convertir en frialdad, en distanciamiento y en un cambio de estatus.



Una de las cosas que no ha podido gestionar bien Fernando Llorente es su relación con la prensa. Quizás todo habría sido distinto si... Pero ¿dónde ha estado el error? ¿Por qué los periodistas que más le defendían, los que más creían en él, dicen estar decepcionados? ¿Por qué dicen que no ha sabido dar el paso de muchacho a adulto? Y que está mal aconsejado... De repente oímos como Santi Segurola, con aparente dolor, prologa sus frases con un “Me sabe mal decirlo porque es buen chico y me duele, pero...” Y, cuando menos lo esperamos, Rafa Beato, otro periodista especializado en leones, hace lo propio con una Captatio benevolentiae tal que así: “Sí, es cierto que he tenido buena relación con él, pero...”

Mientras que Segurola se suele limitar a defender su suplencia en pro de quien sí permanecerá en el futuro (Aduriz), Beato va más allá y, sin decir nada, lo dice todo: “No es momento de decir lo que hace en los entrenamientos. Ni es momento de pedirle explicaciones por el hecho de que haya ido pidiendo dinero y dinero y, una vez concedido, haya preguntado por la comisión de su hermano”.

Tal vez si Llorente no hubiese acusado a la prensa de polemizar, si no le hubiese dado plantón sin que el club justificase ese hecho y si no hubiese señalado a los medios como artífices del rencor de algunos aficionados, aún hoy algunos periodistas le defenderían, con o sin motivos. Pero hacerse adulto también es estrategia, cálculo y frialdad. No es así como Llorente se abrió paso en la cantera, sino que lo hizo destrozando defensas con pasión. Si no hubiese sido así, no habría llegado tan alto. Y si no hubiese estado en el Athletic, quizás tampoco.

Visto que ya no puede salir peor parado, lo mejor que puede hacer Llorente es disfrutar lejos de Bilbao y, una vez retirado, esperar a ese olvido que rápido le llega a todo ex futbolista, ese punto en el que los viejos te recuerdan en las tertulias de bar, los maduros ya no te echan en cara que buscaras una vida mejor y los chicos no te reconocen. Es entonces cuando podrá comerse unos pintxos a pecho descubierto y sentirse lo que es: ante todo, una persona, con sus errores. Ahora también puede hacerlo, si no le importa escuchar, casi siempre de buen rollo, la cruda sinceridad -pero campechana e inofensiva- de los aficionados rojiblancos.


Por Marcos Moreno Teruel
Fotos: Archivo



Por estas cosas también nos gusta el básquet



Les dejamos esta increíble asistencia de Kobe Bryant desde la mitad de la cancha. Increíble Alley-Oop para disfrutar y verlo varias veces.

Por estas cosas nos gusta el fútbol



Empezamos, un lindo cañito a Zlatan. Epa!



Y un amague de Messi en el primer gol frente a Osasuna. No la tocó. Impresionante.
Me hace acordar a uno de Pelé (que no hizo) y que por magia de la publicidad varios años atrás la metió. El que sí lo hizo fue el Beto Alonso -que sigo buscando el vídeo desde este post- pero voy encontrando algunas joyitas de la época que documentan ese glorioso partido. Por cierto de chico quería tener las patillas del Beto pero no hubo caso.





Zurdo penal por Daniel Roncoli

El año pasado nos propusimos recaudar dinero para sacar el proyecto ElevenFoot a través de la plataforma crowfunding de Lánzanos y como resultó que no recaudamos nada, como balance final podríamos decir: fue un fracaso total. O bien: Bueno macho, a remar que al final no todo fue tan mal.

Siempre a cada cosa que hacemos, más allá de cualquier resultado, tratamos de sacarle la parte positiva y lo bueno fue que entre el tiempo que uno le da a la tecla para que primero te voten, y luego que te pongan 5 euracos como mínimo, se acerca gente. Gente que hacía una bocha de años que no veíamos, gente nueva que se ofrece a laburar sin condiciones porque cree en el proyecto y también de esos inversores flash de esos que aparecen y se van (de la mañana a la noche y viceversa). Pero también gente que nos ha regalado cosas que valoramos muchísimo.


Daniel Roncoli nos regaló un cuento inédito para que lo pusiéramos como una de las recompensa de Lánzanos. El combo de recompensa era grosso, pero creo que consistía en que si aportabas tantos euros, de recompensa les regalábamos el cuento y una ilustración de Luis Gaspardo.

Para nosotros era un regalo espectacular, ya que siempre nos gustaron los cuentos y más ilustrados.
Particularmente a mí me gusta regalar libros. Eso queda para siempre. Tengo mi colección de Mafalda original firmado uno de ellos por Quino en una de las tantas Ferias del Libro de Buenos Aires que íbamos a disfrutar con mi mujer.

Mi queridísimo amigo Jorge Sanzol (que lo extraño horrores) me comentaba que disfrutaba mucho ilustrando libros. Hablaba poco Jorge. Pero cada tanto me decía: Con las revistas envolvés huevos. Pero con los libros es otra cosa. Los libros quedan y si luego ves las ilustraciones en los libros con el paso del tiempo se ven cada vez mejor ¿no? (ese ¿no? tan característico con que remataba Jorge sus mínimas frases)

Así que, como nos gustan las letras y los cuentos, vamos a regalarles como comienzo de este año este cuento inédito que nos escribió Daniel para nosotros. A disfrutarlo mucho.

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Los méritos de Pablo Estigarribia Alcorta como zaguero centro excluían su foja de servicios específica.
Suplente del suplente, tosco y proclive a subvertir la armonía visual con sus aventurados cruces, era requerido por los cronistas que cubrían los entrenamientos de su equipo puesto que se expresaba con corrección, haciendo gala de un lenguaje florido, y siempre regalaba una nota de color.

Avezado chef con galardones internacionales, impuso tras culminar la carrera de diseño de indumentaria una línea de ropa masculina con sobrias y elegantes prendas amén de distinguirse como miembro voluntario de la Cruz Roja, actividad un tanto reñida, al menos en lo fáctico, con su labor de último hombre donde se hizo de alguna tibia adversaria como espontáneo souvenir.

La carrera de Derecho pareció en lo semántico otra contradicción puesto a que es un zurdo nato, de esos zurdos que por precámbricos y poco ortodoxos justifican la excelencia estética de la raza. Pero  esa manifestación vocacional no era un sin sentido. Su abuelo, su padre, su tío y su hermano mayor son distinguidos abogados. A Pablo cumplir el mandato le llevó más de la cuenta porque se distrajo con otras ocupaciones pero los medios de comunicación celebraron que próximo a los treinta le tocara dar la única materia que debía el lunes posterior al final del campeonato. En los títulos los periódicos jugaron con los otros dos títulos, el que podía ganar el Sportivo Fulgor y el que era capaz de obtener Estigarribia Alcorta aunque su incidencia en el funcionamiento del equipo verdiblanco fuera relativa.

El viernes previo al cotejo definición el Moncho Bianco, el experimentado defensor del Sportivo, en un trabajo de pelota parada sintió que la familia de sus tendones hizo jumping. Tras saltar para un cabezazo, el talón de Aquiles decidió soltar amarras provocándole un dolor de muerte. El entrenador Ernesto Quiróz no sin angustia, lo reemplazó con Agustín Ponce, un joven esbelto y expeditivo. Su reacción física y su capacidad de anticipo fue más valorada que la trayectoria del Melón Sánchez, quien iba a disputar el partido de reserva en la búsqueda de su mejor forma. Nadie pensó, menos que menos Quiróz -pese a que solía dormir la siesta con el pesimismo- que Ponce iba a pisar un jabón en la ducha y tras darse un estruendoso golpe en la cintura iba a levantarse furioso y patear uno de los largos bancos del vestuario quebrándose doce huesos de su pie diestro. Contuso por la noticia, Quiróz marcó el número celular de Estigarribia Alcorta proponiéndole que estudiara en la concentración. No pensaba necesitarlo puesto que el Melón sería titular y dado un nuevo imponderable retrasaría a Norberto Rolón, volante de recambio, a la zaga.

Quiróz que repetía sin pensar aquello de no hay dos sin tres trató de amigarse con la desgracia y ponerla de su lado pero a la mala fortuna no le gusta que le conviden atún: el revoltijo llamado mayonesa que le sirvieron al plantel como entrada en el almuerzo del sábado cobró tres víctimas: Melón Sánchez, Rolón y el veloz delantero Mantovano se intoxicaron y si no se fueron por el desaguadero fue pura y exclusivamente porque la cañería era simpatizante del Atlético Barrancas y no los tragaba.

Por razones de fuerza mayor, Pablo Estigarribia Alcorta fue titular y perdido por perdido Quiróz razonó que si su principal preocupación era el examen de Derecho Penal, tal vez liberado de tensiones, conseguiría un rendimiento más cauto. Planteó una estrategia orientada a resguardarlo, disminuir los espacios en derredor, aunque se viera forzado a resignar audacia ofensiva. Logró el propósito y pese a que el zurdo casi decoró el trámite ordinario con una pifiada que descolocó a su arquero, El Loco Lozano, el cero a cero se veía venir desde el minuto uno.

La definición por penales fue tensa y dilatada. La lluvia intensa en la previa del encuentro transformó en un progresivo chiquero las áreas. Ejecutaron nueve por lado y tan solo se convirtieron cuatro. El décimo disparo de los futbolistas del Atlético, a cargo de su guardavallas, Rodolfi, se estrelló contra un palo. Estigarribia Alcorta podría convertirse imprevistamente en héroe. Limpió la pelota en una airada mata de pasto próxima al lunar de la zona caliente hasta sacarle lustre. La apoyó con sigilo. Tomó corta carrera pero su nerviosismo lo llevó a darle la espalda a Héctor Rodolfi, se peinó cuatro o cinco veces con furia estirándose los rulos, giró torpemente y corrió al esférico sin poder afirmarse correctamente. Impactó el esférico con su pie izquierdo mientras se caía de culo en medio del barro, la maniobra expulsó lodo como un barrenador Land Rover, esquirlas empetroladas que engañaron los reflejos de Rodolfi que fue a un palo mientras el gol del campeonato se consumaba mansamente, como un rezongo lejano, en el centro del arco.

Tras los festejos esperables, Pablo Estigarribia Alcorta llegó a la Facultad el lunes a la mañana con sus saberes traspapelados. Durante el partido no advirtió las veces que había despejado centros con su cabeza. Encima, los pies le pesaban mil kilos.

Caminó hacia la mesa con tantas incertidumbres como las que sintió antes de la definición. La partida de atún en mal estado también hizo estragos entre los docentes y frente al pelotón de fusilamiento aparecieron dos profesores que desconocía, los noveles Ismael Arismendi y Claudia Ferrantes. El impertérrito doctor Galiñanes era con su cara de morsa constreñida el ariete del aniquilamiento.

Le pidió la libreta sin palabras, moviendo tres dedos de su mano derecha enérgicamente varias veces hacia su plexo. La abrió, lo miró, sacó un papel del bolsillo superior del saco, se tomó su tiempo prolongando el suspenso y escribió en él un párrafo. Lo volvió a mirar, levantó la libreta e hizo una marca y una firma sin que sus colegas pudieran ver qué había puesto. Luego la apoyó en la mesa y se la devolvió haciéndola patinar sobre la madera del escritorio.

Pablo Estigarribia Alcorta la abrió por instinto, antes de que le llovieran las preguntas, sosteniendo el misterioso papel con uno de sus pulgares. Leyó para sí, tras observar con un leve movimiento de cintura a Galiñanes, para retornar al parapeto de su documentación universitaria.

–Ayer estaba en la tribuna, la verdad, usted debe ser el peor jugador que vistió nuestra camiseta. Siempre estuve tentado de decirle cuando me lo cruzaba que usted es horrible... Está aprobado, Estigarribia. En Derecho se la rebusca pero Zurdo Penal jamás pensé que diera el título. Y no le regalo nada, increíblemente ayer jugó para siete. No hace falta que lo consulte con la mesa, hasta los diarios lo dicen.



Por Daniel Roncoli
Actor y escritor argentino.
Vive en Palermo.
Oriundo e hincha de Cañuelas 
(el Cañuelas Fútbol Club)
Actualmente presenta el espectáculo teatral 
de prosodia futbolera Mil Palabras 
a la Redonda, show premiado como obra teatral, 
por la interpretación y el libreto.
Autor de su décimo libro: El Gran Martín 
(Vida y obra de Karadagián y sus titanes)
Como periodista escribió en la revista El Gráfico.

Zurdo Penal es un cuento inédito.
twitter @DanielRoncoli
email roncoli@hotmail.com